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La huida hacia adelante

Hay momentos en la vida de esos en que te abren el pecho, desgarrando con las manos, y llegan al corazón tomándolo y abriéndolo también con las uñas. Al menos así se siente, y asimismo es como si te golpeara un tsunami, arrasándolo todo, y luego un huracán que revuelve poderosamente la vida. En esos instantes, con el corazón abierto, es cuando puede entrar más luz en el interior. Pero también es de mayor vulnerabilidad, y por supuesto duele, porque que te abran el pecho sin anestesia siempre duele. Ahora doy gracias de haber tenido esos momentos, por toda la luz que entró, lo que he aprendido, quien soy ahora... y al mismo tiempo sé que habrán más, que la vida me presentará situaciones mediante las cuales me pedirá que vuelva a morir y renacer para mi mejor evolución, para que pueda dar a los demás lo mejor de mí, proceso en que tendré la única compañía del Espíritu tal como ya ha ocurrido en las últimas ocasiones. No me quejo, no hay mejor compañía que ésa.
Una de las cosas que he o…

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