Sobre agujeros de gusano

La evolución que padece continuamente la ciencia ha obligado a plantear nuevos enigmas. Por ejemplo, hace cien años, el surgimiento de la teoría de la Relatividad obligó a considerar el espacio, no como algo plano, sino más bien como algo curvo. Veamos qué representa esto: si un astronauta quisiera llegar del planeta Tierra a la estrella Vega, ¿la distancia más corta sería la línea recta? Al igual que en la propia Tierra una distancia nos parece recta pero no lo es porque su superficie es curva, en el espacio sucede algo parecido. Así pues, la respuesta es negativa. Alguien con una poderosa imaginación podría llegar a la conclusión de que la distancia más corta sería un túnel bajo la superficie curva (eso sí sería una verdadera línea recta). Esta persona demostraría que la imaginación es una virtud, pues habría dado en el clavo. A esta posibilidad se la denominó “Agujero de gusano”.


Carl Sagan, al escribir su libro “Contact”, pensó que según la Relatividad podría cruzarse un agujero negro y salir por otro (llamado agujero blanco). Antes de publicar la novela, la hizo corregir por su amigo Kip S. Thorne, físico. Kip descubrió que ese método era impracticable, pues ese túnel implicaba una gran marea gravitatoria (que tritura todo lo que pasa por ahí), grandes cantidades de radiación, y poca estabilidad. Sin embargo, volvió a las bases de la Relatividad y, a partir de las ecuaciones básicas, llegó a una ecuación. Dicha ecuación define un agujero de gusano y su comportamiento.


El agujero de gusano de Thorne es muy diferente del planteado por Sagan. Para empezar, no interviene en él ningún agujero negro. Desaparece la marea gravitatoria y la radiación es mínima (similar a las ondas de radio). Es más: incluso es estable. Y el tiempo de duración máxima del viaje más largo imaginable no llega a un año. Visto así parece un sistema de transporte cómodo. Tan sólo hay un problema: a simple vista no es practicable, pues requiere algo denominado materia exótica.


La materia exótica fue denominada así porque es rarísima de encontrar (se creía que no existía) pues cumple el requisito de que su diferencia de energía (temperatura) es negativa. Ahora se sabe que en determinadas circunstancias dicha materia (o energía) se produce de forma natural, como por ejemplo en las inmediaciones del horizonte de un agujero negro. Ahí, a nivel subatómico, la energía se disocia continuamente en partículas con masa, que luego se vuelven a fusionar en forma de energía. Si este proceso se mantiene, existe conservación de energía y de masa. Pero si en el momento de la disociación, una de las partículas cruza el horizonte, hay una pérdida de masa y, por lo tanto, un déficit de energía. He aquí como se produce la energía exótica. Dicho fenómeno es posible generarlo en un laboratorio sin tener ningún agujero negro ni nada que se le parezca. Eso significa que estamos más cerca de la generación artificial de un agujero de gusano de lo que parecía.


Las preguntas actuales ya no se enfocan a si se podría crear un agujero de gusano, sino a si se producen de forma natural. Tal vez se creen y se destruyan agujeros de gusano del tamaño de una partícula subatómica a cada instante, pero este nivel es tan microscópico que no se puede observar... todavía.

Comentarios

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