Ego

A menudo, cuando pensamos en Ego, nos viene a la "mente" una imagen altiva de nosotros mismos, como si el Ego sólo representase el acto de crecerse ante una situación o una persona. Sin embargo, la pura realidad es otra muy distinta. El Ego puede definirse como una especie de gremlin que, si le alimentas con cierto tipo de pensamientos, se reproduce y convierte la mente en un absoluto caos, mordiéndote y arañándote a cada instante. Yo mismo fui víctima de los egos, y el post anterior es un claro ejemplo de lo que digo. El Ego, pues, consiste en una imagen de nosotros mismos que fuimos creando con el paso del tiempo y al que le hemos dado vida con el simple acto de creer que esa imagen somos nosotros. Si algo, por lo general externo, nos ataca, sólo el Ego se resiente; sin embargo, como nos identificamos con él, experimentamos emociones que no van con nosotros, como el caso de la ira.
¿Eso significa que el Ego no tiene nada que ver con nosotros? Bueno, ni sí ni no. Sí es una extensión de nosotros, pues nació en nuestra mente, vive en ella y de ella forma parte. Al identificarlo con nosotros, se convierte en "nosotros". Pero al hacerlo, estamos representando un papel, somo un actor con muchas máscaras y muchos disfraces. Por lo tanto, no es por entero nuestro. El verdadero Yo reside en otra parte, relegado a un segundo plano, observando y esperando su oportunidad.
¿Podemos eliminar el Ego? El Ego, como dije, se reproduce, y acaba siendo algo más que la simple suma de todos los monstruos que lo constituyen. Se puede "decapitar" (como dicen los budistas), sí, pero la limpieza necesariamente debe partir desde más abajo. Además, a veces resulta frustrante, pues al sanear uno aparecen muchos otros de repente (y a veces, lo que creemos saneado sólo estaba dormido). Por otro lado, la decapitación de los egos es un paso importante y realmente necesario, pues es la única manera de mostrarnos tal como somos en realidad, de ser lo que hemos venido a ser, y de cumplir con nuestro propósito.
La cantidad de egos puede llegar a ser imposible de contar con los dedos de las manos en casos muy agudos, pero generalmente aparecen los mismos, pues se perpetúan por contacto (herencia de la familia y de la sociedad). Los más comunes están directamente vinculados con los denominados pecados capitales (aquí hay que señalar que, desde mi concepción del universo, no es pecado manifestar un ego, pero sí es un considerable obstáculo para la evolución):
- El ego de la gula.
- El ego de la envidia.
- El ego de la codicia.
- El ego de la soberbia.
- El ego de la ira.
- El ego de la lujuria.
- El ego de la pereza.
Hay más, igualmente comunes, como los dos siguientes:
- El ego de la sospecha: consecuencia de la inseguridad y el pesimismo, obliga a sospechar mal siempre de todo y de todos.
- El ego místico: denominado así no porque sea espiritual, sino porque se muestra como si fuera un reflejo de la esencia de uno mismo (que NO lo es), hablándote con tus mismas palabras. Es, quizá, el factor dominante a la hora de tomar decisiones.

En el camino de la evolución, uno se puede encontrar con varios obstáculos relacionados con los egos. A veces uno puede pensar que ciertos egos ya no nos inquietan (como me pasó a mí con la ira) y luego te enseñan que no hay que hacer caso de ese pensamiento (¿un pensamiento producido por el ego místico, quizá?). También hay que vigilar con el ego de la víctima, que le echa la culpa de todo a los demás o a todas las circunstancias externas, haciéndote creer que eres una víctima del mundo que te rodea. En los inicios de mis andanzas con los egos, me di cuenta de su existencia al culpar de todo a los mismos egos. Ése es un camino falso. Nosotros los alimentamos, nosotros somos responsables, causas, no víctimas.

Es difícil hacerlos desaparecer, pero no por ello no vale la pena. Es cierto que tan solo un maestro muy sabio e iluminado (en fin, muy evolucionado) se puede considerar vacío de Ego, habiéndolo transmutado por el Yo. Eso, por supuesto, me excluye a mí que todavía soy un simple ser humano, y por descontado, no soy maestro, ni sabio, ni iluminado. No me siento orgulloso de los momentos en que, inconscientemente (y por ello, descontroladamente) me pongo el disfraz y, verdaderamente, cambio (pues no manifiesto mi verdadera esencia), pero tampoco lo repudio, pues aún estoy en el camino del buscador, y eso implica que los egos surgen, y seguirán haciéndolo, con motivo de mi aprendizaje y de que, algún día, pueda cambiar el camino del buscador por el del sabio.
Por cierto, la autocompasión responde a otro ego, consecuencia del ego victimista.

Comentarios

  1. :)

    Sabía que no podía ser de otro modo.

    Ahora sí que te reconozco de nuevo.


    El Observador, de nuevo.

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