Crónicas de un finde

Viernes 16
(Sin comentarios)
Es un día que está envuelto en una sola imagen sórdida, macabra, triste, frustrante, impotente, que no pienso describir porque ya tengo suficiente con que me persiga a todas horas, y que sume mi alma en una noche donde la oscuridad es tan densa que impide respirar.
Dicho suceso me obligó a abandonar el piso en el que estaba viviendo. Allí han quedado mi ordenador y cuatro cosas más, las cuales me obligarán a afrontar la oscuridad otra vez al pasar por allí de nuevo cuando tenga que recogerlo. Estoy, como al principio, en el piso de mi tía. Mi madre subió expresamente a Barcelona a darme apoyo moral, a testificar por mí ante la policía y ayudarme a trasladar todas las maletas que pude. (Tener una madre así es tener un tesoro)

Sábado 17
El resto del día anterior lo pasé en Blanes en familia. La mañana y un cachito de la tarde del sábado también. Por suerte había quedado de nuevo en Barcelona con mis amigos (de los cuales vino solo UNO y al ritual [por cierto: creo que lo acojoné con Kadil, aunque a mí me hizo bastante gracia]). La cena del Molí estuvo muy animada... pero un poco solitaria: sólo vinieron 5 personas, además de mí. En el amigo invisible me tocó un libro de Osho, un incienso de vainilla y un bombón de chocolate (que me apresuré a comer). Seguidamente fuimos al D-Mer, un lugar muy "curioso", en el que no estuve mal y había buena música (eso sí, sólo de vez en cuando; es que la música de discoteca no es lo mío, pero lo romántico sí).

Domingo 18
Básicamente, dormí todo lo que pude. Más bien, todo lo que las pesadillas me permitieron. La imagen del viernes aparecía en mi cabeza cada tres segundos. Prácticamente me drogué a base de esencias florales que me permitían salir de mi estado hipnótico-psicótico, pisar tierra, y sobretodo, calmarme. Hablando de flores: hablé con mi amiga Flora. Me dijo una frase, más o menos así, que ya había dicho antes a otra persona:

- Confía en ti. No hay nada que tú no puedas hacer. Porque... tú eres Magia. Y la Magia es Amor.

También hablé con mi madre de nuevo. Me aseguró que, si hacía falta, podía buscarme ayuda. Pero es que ni siquiera yo sé hasta qué punto me siento perdido o traumatizado. Me asustó la sangre fría con la que actué en su momento y que me obligó a tragarme los miedos y la histeria que ahora pugnan por salir.
Por último, fui a trabajar al WC.

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