Feliz Cumpleaños


El pasado día 7 (fecha que traté en Numerología) tenía vistas de ser muy especial. Ahora que ya pasó, me ha asaltado la inseguridad sobre si debía o no escribir sobre aquella noche (por eso he tardado tanto en hacerlo). Al fin y al cabo, cualquier cosa que aquí pueda plasmar estará sutilmente deformado por los filtros mentales (egos). Ahora que ya pasó... realmente nunca quise que se acabara esa noche, pero eso es lo que tiene la percepción del tiempo, que una hora sigue a otra, y el día sucede a la noche. Ahora que ya pasó...

El día empezó cuando decidí ir a clase y descubrí que no había clase (¡claro! había puente...). Pensé por un momento en ir a Arc de Triomf y mirar pisos por ahí para alquilar, pero no sé cómo, acabé caminando, dejándome llevar, hasta el paral·lel (¡Sí! desde Hospital Clínic... Bueno, tampoco está tan lejos ). Una vez allí supe que pasaría por la librería esotérica Karma, pero antes pude deslumbrar mi paladar con un exquisito bocadillo de lomo con queso, y un trozo de tarta de manzana (que más bien parecía una mezcla entre tarda de manzana y de queso, pero riquísima). [Pensamiento aparte: recuerdo que por el camino tuve dos flashes, uno en el que meditaba con Cris, y otro en el que hacía una sesión de Reiki]. En Karma me compré dos barajas de cartas nuevas, que pensaba estrenar ese mismísimo día: "Los mensajes del Universo" y las "Cartas de los Delfines"; Compré unas hierbas que necesitaba (me sirve para limpiar [exorcizar] y purificar ambientes, hogares); por último, compré lo más importante: el regalo de cumpleaños, y una parte del regalo de reyes (sí, esa no diré qué es, para no desvelar el secreto ;P). El regalo de cumpleaños consiste en una especie de estatuilla con dos dragones guardando una espada cada uno, y un pequeño posavelas (de esas redondas y pequeñas "calientaplatos") en el centro, entre ambos dragones. En fin, todo un símbolo del "fuego del espíritu dominado por la voluntad" (a mi parecer, claro).

Regresé a casa y envolví el regalo de cumple. Aproveché el resto de la mañana para fabricar a mano algunos de los regalos de reyes (Nat, el tuyo será muy humilde, como el de Salvi, pero está hecho con muchos colores y, sobretodo, con mucho Amor; duhkha, tu regalo demostrará una vez más que soy un pesado, pero te gustará, creo, porque tiene tres cosas que brillan y que se pueden tirar al aire); también continué un dibujo que estoy haciendo, un representativo del Molí que espero que guste y espero tenerlo acabado para la cena del día 17 (en el fondo es una tontería infantil hecha con Photoshop). Por supuesto, hice una postal de regalo con la frase que sigue: "Nos hacemos viejos, y eso es algo que todos tenemos que aceptar antes o después. Tú antes, yo después. De todos modos, ¡¡¡Felicidades!!!" (en el fondo, ya la estuve haciendo una noche en horas de trabajo... ¡que poco me gusta trabajar!).

Dormí la siesta (para variar), me desperté a las cinco de la tarde, me duché, preparé la mochila con las cartas, el cuenco tibetano, las piedras y las hierbas (y el regalo, claro). A partir de ahí, vino lo mejor: empezó la noche. Por un instante creí que llegaría tarde porque cogí tarde el metro, pero la Providencia sabe, y mi voluntad es que se haga la voluntad del Padre, así que llegué puntual a la parada de Sta. Coloma para encontrarme con Cristina. Me encontré de lleno con una manifestación contra la Seat y contra una antena (¿?). Fuimos a casa de Salvi. Lo saludamos y lo felicitamos (el cumple, claro, era de él). Ahí me reencontré con Nat envuelta en una toalla (¡Que visión más sexy! No empecé a expandirme en la cena, sino en ese momento...), luego con Pat, y luego conocí a una pareja encantadora: Camil e Irene (creo que esos son sus nombres. si no es así, corregidme please). Dejamos los regalos en el cuarto de los juguetes (donde Salvi no podía entrar) y luego visité el pisito. Al cabo de un rato, me encerré con Cris en el cuarto de los juguetes a enseñarle la meditación del flash que tuve por la mañana, con Nat medio mosqueada al otro lado de la puerta porque ya era hora de abrir los regalos y no les dejábamos pasar.

Al abrir los regalos, descubrimos un “pupurrí” de inciensos, velas, chuches y angelitos (no sé si me olvido de algo); unas postales en las que en cada una aparece una foto de cada una de las chicas con Salva (y cosas muy cariñosas y tiernas escritas dentro, que hasta me ruborizaron a mí y todo de la emoción); unas figuras que todavía no sé muy bien qué eran, pero me recuerdan a personajes de algún juego de rol; por supuesto, mi regalo de los dragones. Después de los emocionantes y cálidos abrazos y “gracias” y besos en las mejillas, nos fuimos a la mesa a degustar el pica-pica. Qué poco imaginaba entonces que yo iba a flipar (y nunca mejor dicho) con la cena que vendría después.

Primero de todo conocí a la hermana de Salvi (curioso lo de su teñido... ¿para poder recibir luz por la coronilla, quizá?¿Tiene algo que ver con lo de dormir "a oscuras"?) que llegó justo para comer. La cena consistía en dos tipos de pollo troceado (uno con cosas especiales por medio, y otro más normalito), un plato de arroz, y una especie de ensalada fresquita (que a pesar de ser invierno, me sentaría muy bien) que creo que se llama Kartofee (se me dan muy mal los idiomas). La casualidad (¿?) quiso que de las cuatro cosas probara primero el pollo con cosas especiales. Ahí experimenté mi segunda expansión. Digamos que la situación se volvió “picante”. Supongo que debió ser por las guindillas que tenía el pollo y que yo me tragué sin darme cuenta. Me acabé una botella de agua yo solo, y desde luego arrasé con el arroz y con el Kartofee (aunque quedó mucho). Desde aquí pido disculpas: no pude saborear los platos, no sé que sabor tenían, tan sólo podía notar la diferencia entre el calor generado por el picante y el fresquito del Kartofee, y es una lástima porque seguramente debían estar muy buenos, pero mi lengua no dio para más. Bueno, mi cara enrojecida lo decía todo por mí, sobraban las palabras. Por supuesto, ni siquiera se me ocurrió probar el vino (tampoco lo habría podido degustar). De postre, helado de chocolate (mmm, riquísimo, cuando se trata de chocolate siempre noto los sabores xD). Algunos, para finalizar, tomaron cierto tipo de “Bebida Espirituosa”.

Acabada la cena, se me ocurrió (que raro, ¿verdad?) la idea de sacar las “cartas”, las que tenía recién compradas. Los mensajes del universo de las respectivas cartas auguraron cosas preciosas y resaltaban las presentes preocupaciones de la mayoría. Las de los delfines son mucho más sutiles, porque son una especie de “tazos” en los que hay escritos una sola palabra (a veces hasta tres, pero nunca hay una frase completa). El resultado fue una serie de miradas y sonrisas de complicidad. Todo ello mientras quemaba con carboncillo una serie de hierbas, que dieron ambiente al comedor. Acabado esto, medio obligué a Pat a que hiciera de conejillo de indias para una sesión de Reiki (coincidiendo con el segundo flash que tuve por la mañana), en el cual participamos Nat, Salva (ambos tienen el primer nivel), Cris, Camil (que serán unos futuros buenos reikistas) y yo. Los que ya sabíamos algo de Reiki, pudimos repasar, y los demás tuvieron la oportunidad de aprender. En esa situación aparecieron los padres de Salvi, que son geniales y se portaron muy bien con nosotros (me encantó el silencio cómplice que permitió la actuación Reiki en toda su totalidad), incluso nos invitaron a Café y Bailey’s a las tres de la mañana.

Pat y Cris se marcharon después de la sesión de Reiki (con Pat medio borracha debido a la energía que recibió de nosotros). Nat, Irene y yo esperamos el bus que recogió a Pat, y Salvi y Camil se llevaron a Cris. Hubo un detalle que me encendió de pasión, tal vez por empatía: un beso fugaz, cálido, feroz entre Nat y Salvi (que son pareja)... ahí supe que Salvi era verdaderamente feliz y que se sentía completo. Desde mi interior, me alegré por él, aunque no lo dije. En el café (que no tomé) con Salvi, Nat, Camil, Irene y los padres de Salvi, hubieron otro tipo de sensaciones que tampoco se explicaron con palabras. Consistió en una serie de abrazos, pequeños besos tiernos y llenos de cariño, ciertas caricias por debajo de la mesa y en la espalda, miradas que se encontraban (unas que buscaban compañía, otras que jamás se volverán a perder en el vacío), sonrisas afectuosas, latidos de corazón de semáforo (porque resulta que hay un semáforo que suena como si latiera un corazón cuando el hombrecillo verde parpadea), sentimientos que nunca pasan desapercibidos, pensamientos que una mente serena pudo captar, recuerdos de otra noche, “estructuras cristalinas”, “inmersión profunda”... entre dos personas que se aman, y un servidor que está empezando a aprender a sentir. Fue cuando decidí que tenía que irme a coger el autobús, aunque sabe Dios(y Diosa, y el Todo Lo Que Es) que me habría quedado toda la noche en su casa.

Con Nat tuve una última frase, que presagia mi destino (“No hay espacio en el lugar en que yo busco...”). Con Salvi tuve una última conversación acerca del corazón, de lo infinito, de lo eterno, de la percepción de ambas cosas, y de la repartición de ambas cosas según la percepción dada... y también tuve el contacto de una mano suya en mi pecho (oh, Madre del Cielo y la Tierra, no sabes bien qué capacidad tengo para guardarme en mi interior ese tipo de pequeños detalles, tan grandes para mí y que buscan un lugar en mi corazón, tan infinito y eterno para mí) mientras un semáforo providencial parpadeaba a mi ritmo. Con Camil tuve una última mirada y un saludo, que tal vez fue un “hasta pronto”. Con Irene, pobre, tuve una última “sonada de nariz” (que estaba resfriada, y desde aquí en mi interior espero que se cure pronto). Con Cris... una meditación que continuar. Con Pat, el recuerdo de una sonrisa que brilla cuando deja pasar la luz por su interior. Conmigo... creo que en ese momento no me pude llevar a mí mismo, porque mi mente y mi corazón seguía allí, con ellos, con cada uno.

La parte más triste: el florecimiento de un nuevo día. Solo en el autobús. Un bus que llegó al final de su recorrido y se esperó 20 minutos para dar la vuelta en dirección a Barcelona. Llegué a Plaza Cataluña a las 5 de la mañana, y no sé de donde saqué el valor para subir caminando hasta Lesseps (la zona por donde resido actualmente). Tal vez fue mi mente que, atendiendo a una serie de pensamientos confusos, no prestaron atención a los pies. Llegué a casa a las 6. Dejé la mochila, hice la maleta en un momento, y me marché de nuevo a coger el metro. Fui derecho a la estación de tren de Plaza Cataluña, y pillé el primero que iba a Blanes. Llegué a casa de mis padres hacia las ocho y media de la mañana. Ese día no dormí, no pude. Así que pasé más de 24 horas despierto. Tuve el consuelo de la sonrisa de mi madre y de mi hermana, que me vieron preparando el desayuno y que luego me abrazaron.

He necesitado dos días para traerme de vuelta a mí mismo, y de hecho el proceso no habría acabado si no hubiera puesto esto por escrito. Es un cumpleaños especial. Es inolvidable. Y por supuesto, es infinito y eterno, para mí. Porque a pesar de todo, yo no entiendo de distancias físicas, siempre sé que habrá un nuevo “aquí”; y yo no entiendo de tiempo, porque siempre sé que habrá un nuevo “ahora” (¿recuerdas Cris? Hon-Sha-Ze-Sho-Nen x3, Ni pasado, ni presente ni futuro, el eterno ahora. Pero recuerda, shhhhhhh...), los eternos aquí y ahora donde siempre me estoy encontrando de nuevo con la gente que amo. Me queda otro consuelo: si es eterno, implica que siempre me he encontrado con ellos, y que seguiré haciéndolo, vaya a donde vaya, y pasen los años que pasen. Así que por fin puedo respirar, expandir mi pecho, llenar mi corazón, conectar con Tierra y afrontar el presente de nuevo. Pero con un nuevo recuerdo. Claro, infinito y eterno.

[A Salvi: Felicidades, que disfrutes este nuevo año que se te presenta, y así seas bendecido con los regalos que el Cielo te depara.]

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