Feliz Navidad (Destrozando vidas...)

Como siempre, por estas fechas, toca andar hacia atrás. Pero esta vez no hay Camino de Santiago que me redima. Tuve la Osadía que Querer llegar muy alto, pero ya se sabe que quien no mira por donde pisa en la escalera de la evolución tiende a tropezar y caer; y cuanto más alto se ha llegado, más dura es la caída. Pues bueno, no llegué precisamente muy alto, sin embargo he dejado un buen hueco en el suelo, y me he roto un montón de huesos: el hueso de la esperanza, el hueso de la moral, el hueso de la estima, el hueso del honor, el hueso de la justicia, el hueso del razonamiento constructivo, el hueso de la confianza, el hueso de la aceptación, el hueso de la valoración, el hueso de la alegría, el hueso del afecto, el hueso de la amistad... Así que ya no me queda más remedio que pedir perdón, si sirve de algo.

Nat y Salva: pido perdón por las horas (tal vez días) en que os hice pensar acerca de todo lo vuestro, de todo lo mío, de lo terrenal y de lo más místico. No tengo ningún derecho a influir en vuestra vida, ni siquiera involuntariamente (de hecho, por la inconsciencia de un hecho se paga un precio más alto). No tengo derecho a insultaros o humillaros con mis miradas perdidas o mi boca recta falta de sonrisa. No tengo derecho a decir lo que debéis hacer o sentir, porque vuestra vida no es la mía, ni vuestro corazón el mío. No tengo derecho a que me abracéis sin ser correspondidos. No tengo derecho a cambiar vuestra vida. Espero no volver a cometer todos esos errores (y los que no he mencionado). Nat, a ti quiero decirte algo: yo desde pequeño opté por encerrar mis sentimientos y mis pensamientos, mis mayores torturas y mi mayor dolor en un rincón oscuro de mi ser, esperando que nunca fuera descubierto de nuevo; es tal vez el mayor error que he cometido en mi vida, a pesar de que en la realidad de la calle parecía que era la mejor opción (la más bien vista) porque todo el mundo lo hacía; observa el despojo en el que me he convertido y sabrás que relegar las cosas a la oscuridad no trae nada bueno. De hecho, la Oscuridad en sí misma nunca trae nada bueno, tan sólo tristeza, desconsuelo, soledad... y más oscuridad. Salva, tú tenías razón, eres libre, y sólo quería recordártelo... porque yo no tenía ningún derecho a quitarte esa esperanza; disfruta al máximo de tu libertad.

Dukha: hay errores que tiendo a repetir con distintas personas a la vez. Tu modo de ver las cosas, distinto al mío, nunca fue malo en absoluto, tan solo otra opción. Yo recuerdo cuando hube tomado también esa opción en el pasado, y me trajo un montón de buenos regalos a la vida. Te pido perdón por obligarte a admitir, de forma sutil (o no), mi ideología y mi manera de sentir. No tengo derecho a minar tu libre albedrío si alguna vez lo hice. Incluso el regalo de Navidad, que yo creí que era bonito, tengo que reconocer que está de más. Tal vez te habría apetecido algo de Jazz pero, mira qué estúpido soy, nunca me preocupé de conocer verdaderamente tus gustos. Siento haberte hecho pasar unos momentos que no tenían por qué ser precisamente los más felices de tu vida. Siento haberte obligado a asistir a una reunión llena de misticismo en una tarde en la que habrías estado más cómodo si estuvieras relajado leyendo algo o escuchando música en la familiaridad de tu habitación.

Tired-boy: te pido perdón por la frustración que te hago tragar cada noche que trabajas a mi lado. Te pido perdón por las miradas llenas de ira que me obligan a implosionar. Te pido perdón por una noche en la que te hice tener miedo debido a unas respuestas equivocadas a unas preguntas no bien formuladas. No tengo derecho a consumirte. No tengo derecho a incomodarte. No tengo derecho a hacerte sentir solo, porque ¿sabes qué? hay mucha gente que te quiere, te rodean siempre personas magníficas y muy especiales... y ya sabes, con nombres especiales.
Cristina: Te pido perdón por haberte engañado, por venderte algo que no es real. Cuando yo descubrí aquel cadáver, sentí vacuidad; tal vez sea el resultado de sentir vívidamente a un “objeto” inanimado, que ya no posee vida. Eso demuestra que soy débil, y no fuerte como siempre te hice creer. El Titanic también se hundió. Mi iceberg fue el ego. No tengo derecho a hacerte saborear mi impotencia. No tengo derecho a hacerte saborear mi infantilismo. No tengo derecho a apropiarme de tu luz. No tengo derecho a apresurarme, y a realizar cosas que habrían requerido su tiempo. No tengo derecho a minarte con mi autocompasión. Sencillamente, no tengo derecho a hacer nada de todo lo que he hecho contigo desde que te conocí. Te merecías haber conocido un ser mucho más especial, que te pudiera guiar cuando realmente lo necesitabas; un ser que fuera auténtico y original. Contigo cometí prácticamente los mismos errores que con Dukha, sobretodo lo relativo al libre albedrío. No te merecías soportar mis errores.

Flora: te pido perdón por las horas en las que internamente he llorado cuando tú esperabas una sonrisa. Al final, siempre te acabo llevando a lugares sombríos, como aquel piso. Y no tenías por qué cargar con mi peso. Te pido perdón por todas las veces que no te he alumbrado con mi magia. No tengo derecho a obligarte a ver mi oscuridad.

Elena: te pido perdón por aquellas caras largas y tristes que te he mostrado últimamente. Te pido perdón por mis exigencias. Te pido perdón por un posible despotismo. Te pido perdón por aquellos Donetes que tendría que haberte pagado (al fin y al cabo, la energía sólo fluye si se mueve recíprocamente). No tengo derecho a recriminarte que un día vengas de mal humor, porque como persona tienes derecho exteriorizar tus sentimientos (ya dije que es malísimo relegarlo a la oscuridad). No tengo derecho a definirte (y eso incluye las Cartas que hice). No tengo derecho a sumirte en una espiral de confusión.

Luis: te pido perdón por haberme conocido. Te sumí de nuevo en un mundo que sabía podía llevarte al desengaño. Te inicié en una esperanza que con el tiempo se va marchitando, debido a todo tipo de distancias. No tengo derecho a hacerte sufrir. No hay palabras bonitas que puedan compensar eso por teléfono. No soy aquel definitivo que puede darte lo que buscas y requieres... ¿acaso te lo estoy dando ahora? No te merecías esto. No tengo derecho a quitarte la vida.

En fin, tengo que pedir perdón a muchos más, pero espero verlos para hacerlo (y así no alargar más este post).

Aunque pedir perdón es relativamente sencillo, recibir perdón es relativamente muy difícil. A pesar de eso, aunque sea receptivo, ¿podré perdonarme a mí mismo alguna vez?

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