Empezar de cero

No es la primera vez que me encuentro que durante el fin de semana nunca se arquea en WorkCenter. El fin de semana pasado vine con toda mi mala leche del mundo a trabajar y me encontré de nuevo con este suceso. Cómo no, evidentemente tuve la excusa perfecta para descargarme, así que amonesté a mis compañeros de trabajo de turnos anteriores. Ellos, que son mis iguales, porque yo no soy ningún jefe de producción y, ni siquiera los jefes tienen derecho a tratar mal a sus subordinados... ellos, que no tenían por qué arquear si así se lo mandaba su propia jefa de producción. En un fin de semana que tenía que ser el mejor para todo el mundo. Fabricio no tuvo la Noche Vieja que se hubiera merecido. Tomás no tuvo el Año Nuevo que se merecía. Ni Ferran ni Laura lo tuvieron. Bueno, el Karma actúa rápido, y hoy he recibido lo que merecía yo. Así que Norma vino a contarme acerca de mis “responsabilidades”. Gracias al cielo que tampoco me ha echado la bronca y me ha hablado bien, pero me ha dejado las ideas muy claras. Y ella tiene razón.

¿Por qué cometo tantos errores de repente? Hago incluso los que nunca hubiera hecho. Allí donde ponía el corazón y la mente... Allí donde ahora hay tanto caos, es campo abonado para la generación de nuevos errores y la repetición de todos los ya hechos. Me transporta al principio, en lo más lejano de la espiral. Empezar desde cero. Ésa es la respuesta.

Sumirse en la oscuridad conlleva algo: Temer. Y es que la oscuridad es el lugar donde tiene cabida todo lo virtual, lo que podría llegar a Ser y lo que nunca será jamás... por lo tanto, todo Es en la oscuridad. El Miedo, que en la luz no existe, sí es algo físico y tangible en la oscuridad. El Miedo es el impulsor de cualquier conducta destructiva. Por ser algo muy relativo no puede vencer al Amor, pero es tan relativamente material y presente que sí puede llegar a amenazarlo y hacerle sombra... cuando está en una zona gobernada por la oscuridad. Y allí estoy yo, en un hoyo desde donde veo el cielo gris porque el Sol se ha ocultado, y donde me rodea la oscuridad y, por supuesto, el Miedo.

De todos los miedos ocultos que he despertado, hay uno muy chungo: el miedo a volver a empezar. Aparece en el momento más crítico, cuando la vida te pide a gritos que vacíe la mochila de las cargas de mis viejos hábitos, juicios, prejuicios, construcciones mentales, resentimientos... o mejor, que tire dicha mochila por un precipicio y no lleve ningún tipo de equipaje. Hacer eso representa experimentar la misma sensación que lanzarse al vacío. Por si fuera poco, Yo (Ego) no puedo rebajarme a tener que dejar atrás todo lo que he acumulado hasta ahora (que no es nada); volver a empezar es volver a hacerse pequeño. Lo único que de verdad me favorece es que yo ya soy pequeño y el Ego no me puede engañar en esta ocasión. Pero sí tengo miedo del Vacío, y tengo miedo del Miedo. Y estamos hablando de MUCHO miedo. Fobia. Pánico. Y ahí estoy, revolcándome entre lo pasado, lo viejo, lo pesado y lo destruido.

Todo esto no justifica mis actos, ni muchísimo menos. No soy nadie para comportarme con tanta agresividad, prepotencia, altivez. Y ni siquiera merezco el derecho de pedir perdón. Lo he pedido tantas veces que perdí ese derecho hace tiempo. Ya no espero ser perdonado. Ya no espero ser respetado. Ya no espero nada de esta muerte en vida. Dormiré arrodillado y humillado para siempre.

Pero... ¿por qué mantengo todavía la esperanza?

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