Flashback

Sí, tendría que haberlo hecho antes de finalizar el año. No se puede empezar una vida nueva rememorando cosas del pasado, pero necesitaba hacerlo. He echado una ojeada a todo lo que he posteado en el blog desde que empecé (hace nada, apenas tres meses). Y me encuentro con lo siguiente:
- Octubre: principios del Mago, agujeros de gusano, desapego, Antonio Machado, Shimriti, Matthew Shepard (asesinatos por odio).
- Noviembre: ermitaño, servidor, Báilame el Agua, demonios del pasado, niveles de manifestación, Reiki, "niños", tabúes, REACH, revelaciones, frases filosóficas, Molí Vell, "sentir" (Luz Casal), pesadillas en W.C.
- Diciembre: Ego, tantra, desvelar/callar, numerología, cumple de Salvi, el fatídico finde (un suicidio+el solsticio de invierno+cena de hermandad), esenios, perdón, melquisedek, luz.
- Enero: muerte en vida, día de reyes, Miedo, Adiós.

Parece que hasta mediados de diciembre había algo más o menos contínuo, una especie de debate entre filosofía/espiritualidad, ciencia, emociones. De todo menos pisar tierra. Y bueno, como a algunos os he dejado con la incógnita, creo que ya estoy preparado para contar la "tontería" que ha hecho de catalizador para inundar de negatividad finales de diciembre y principios de enero.

No apto para gente sensible o cardíacos
El viernes 16 de diciembre, me había levantado de la cama por la mañana, me vestí y me largué corriendo hacia el instituto, que llegaba tarde. Recuerdo que antes de marcharme había visto la puerta de la habitación de Sandro (el hijo de la dueña del piso donde yo estaba de huésped) abierta, y él no estaba dentro. De hecho, toda la noche noté su ausencia. Pensé que había estado de juerga (en realidad, bebiendo, pues tenía problemas con el alcohol) toda la noche, y que lo vería más tarde y con resaca. La puerta de la habitación de la señora Carmen (la dueña) estaba cerrada. Con las prisas, me olvidé el calefactor (de barras de cuarzo que emiten radiación infrarroja) encendido. Parecía que todo estaba planeado por la Providencia...

Al mediodía tenía que irme del instituto directamente a la estación de tren de Sants, que había quedado para estar el resto del día y la mañana del sábado con mi familia en Blanes (aprovechando que empezaba los tres días en que libro de currar), pero tuve un puntazo y pensé en el calefactor. Así que intuyendo que estaría encendido, quise regresar al piso para apagarlo, no se diera el caso de que mi calefactor habría sido causa de un incendio accidental. Entré corriendo a mi cuarto (que está pegado entre la habitación de la señora Carmen y la de Sandro), sin fijarme en nada de mi alrededor, sólo pensando en el calefactor. Efectivamente, estaba encendido, pero no pasó nada. Lo apagué. Lo siguiente que me vino fue la llamada de la naturaleza, así que me dirigí al lavabo (que está casi en frente de la habitación de la señora Carmen).

No se bien por qué, pero esta vez sí quise mirar a mi alrededor. Recuerdo que me sentí empujado a hacerlo, de alguna manera supe que la puerta de la habitación de la señora Carmen estaría esa vez abierta. Y miré de reojo. Y vi sombras. Bajo la sombra, había la cama, con un cuerpo entre sentado y estirado en ella, y el brazo izquierdo estirado con la mano haciendo el símbolo de otorgación (el de Jesucristo, en el que se extienden los dedos índice y corazón, y el pulgar apunta hacia arriba). Supe que era Sandro, pero a pesar de la luz matinal lo vi todo oscuro. Esa fue la primera impresión. Recibí un fuerte susto. Pensé "mierda, ha llegado de la juerga y se ha desmayado de sueño en la cama de su madre, y yo aquí haciendo ruido, pudiendo despertarlo...". Pero tenía mucho miedo. En comparación con ese día, nunca antes había sido yo tan sensitivo, sobretodo al Miedo. No sé por qué, pero no seguí hacia el lavabo. Tampoco sé de dónde saqué el valor, pero me giré de nuevo y asomé la cabeza para ver "mejor".

Ésa fue la segunda impresión. Seguía habiendo un halo de sombra alrededor del cuerpo, pero el cuerpo lo veía con colores vivos (todavía no sentí atisbo de realidad). Recuerdo en esa imagen los círculos rojos que en seguida supe que eran sangre, sobretodo uno muy grande que había al lado de su cabeza y que había algo encima de color carnoso. La boca estaba muy abierta y también sangraba. Me fui directo a mi habitación, literalmente acojonado. Esas sombras... hubiera jurado entonces que tenían vida propia. Pensé mil cosas que saturaban mi mente, incluso tomé en cuenta la posibilidad de que hubiera alguien más en esa casa y esperaba que no me encontrara a mí para hacerme lo mismo que a Sandro. Aunque bien mirado, todavía no sabía lo que le había sucedido. Tal vez se había desmayado y había vomitado sangre, y aquello carnoso fuera el contenido de su estómago. Si así fuera, aún habría esperanza.

Sin poder mirar a la habitación contigua, cogí con velocidad las llaves y el móbil, y salí del piso. Me quedé en el portal unos pocos segundos y cuando pude pensar en algo claro pasó por mi mente la imagen de mi madre. Así que la llamé inmediatamente a ella. Le conté lo que me pareció haber visto y me dijo que no perdiera tiempo en llamar a Emergencias (112). Fue lo que hice. Pasaron unos minutos (tal vez solo 5) que me parecieron eternos, hasta que llegó la policía. Les expliqué a ellos lo que ocurría y subimos al piso. Les mostré el camino a la habitación... y la cara que pusieron lo decía todo. Yo (todavía no sé cómo) me aventuré a echar el tercer y último vistazo a ese cuerpo. Aquello carnoso era cerebro.

A partir de ahí, me pareció que el tiempo volaba. Pasaron horas que me parecieron minutos. Le dio tiempo a mi madre de venir desde Blanes a ese piso para ver cómo estaba. Estuvo la policía judicial y la científica. Encontraron una escopeta a los pies de Sandro. Lo más probable, dijeron, era que fuera un suicidio. Se había volado la cabeza. Aún así, a mí me tuvieron que recoger muestras para asegurar que yo no tenía nada que ver con lo sucedido (al fin y al cabo, había encontrado el cuerpo), y tuve que dar declaración. El forense vino para llevarse el cuerpo. Hacia las cinco o las seis de la tarde, ya podía irme. Uno de la científica me sugirió que no regresara más a ese lugar, o seguiría viendo el cuerpo de Sandro cada vez que pasara por delante de la habitación de la Señora Carmen.

Tal vez lo peor de ese día fue lo de la familia de Sandro. Carmen estaba en la clínica (ingresada voluntariamente por depresión bipolar) y no se enteró de nada (almenos mientras estuve yo allí); Laura, la hermana de Sandro, se enteró de todo cuando llegó de trabajar (bueno, apenas empezaron a explicarle lo sucedido, se echó a llorar, así que no creo que llegara a escuchar el resto) y la tuvieron que abasallar a preguntas para tratar de identificar la conducta de Sandro (depresión, tal vez bipolar también, aunque no sé si lo sabían del cierto). Luego llegó el otro hermano de Sandro, el marido de Laura y la Tía de los tres hermanos y hermana de Carmen (que a mí me trató como si yo fuera un ángel; me dijo que el verme le transmitía mucha paz). En cuanto a mí... bueno, respondí a todas las preguntas y no me daba cuenta (o no quería darme cuenta) de que estaba experimentando un estado de shock. Recuerdo que me había propuesto ser fuerte para no fallarle a esa gente, para que pudieran dar lo mejor de sí mismos (y me refiero a todos, a la familia y a la policía). El resto de la historia lo sabéis vosotros: el bajón me dio más tarde.

Antes de marchar, hicimos un montón de maletas mi madre y yo, llevándonos más de la mitad de lo que tenía. Tuve que dejar el ordenador ahí (que el pobre también entró en shock; resulta que dejó de funcionarme porque se estropeó la tarjeta gráfica; ¿tal vez por no "ver" lo que sucedía en realidad?), algunos libros y los cd de música. Pillamos un taxi, y nos llevamos las maletas al piso de mi tía, donde todavía estoy ahora. Recuerdo haberle echado un último vistazo a la habitación, ahora sin Sandro. Por fin pude ver con la realidad. Ya no habían sombras. Estaban todas las paredes, techo y suelo incluidos, manchados de perdigones de sangre y masa encefálica. Me pareció curioso un acto de la policía científica: habían puesto bien los cojines de la señora Carmen sobre la cama. No entendí aquel detalle.

Datos curiosos/misteriosos
- Hacía unos días, Sandro me había dejado un papel en mi habitación donde decía algo así como "Feliz Navidad OS desea Sandro a Chavi". Escribió mi nombre con Ch, no sé por qué. Él era ornitólogo, había estudiado carrera en la universidad, así que tenía un mínimo de cultura y debía saber que mi nombre va con J o con X. He resaltado el OS porque también me pareció raro que escribiera en plurar. Me dio a entender que Sandro era en realidad muchas personas a la vez, o al menos más de una. El día del suicidio, esa nota desapareció. Estaba encima de la pantalla del ordenador cuando llegué de clases, así que la debió coger la policía científica.
- La policía encontró la cartilla del banco de Sandro. Así fue como descubrimos que por la mañana (hacia las 10) había sacado entre 300 y 400 euros (creo recordar que eran 365 euros; curioso, ¿verdad?). Ese dinero nunca apareció (que yo sepa). Al principio se pensó que podría haber servido para comprar la escopeta con la que se mató, pero luego encontraron la funda del arma con la documentación. La escopeta pertenecía al padre de Sandro, y la documentación estaba caducada. Debió de robársela Sandro a su padre en la última visita que le hizo (se pasó unos tres días con su padre en Llagostera).
- A la semana siguiente, cuando volví al piso a recoger el resto de mis pertenencias, descubría a una mujer que también era familiar de Sandro. Creo que se llamaba Maria Luisa, pero no estoy seguro. Lo raro del encuentro de esa mujer, fue que me hizo una pregunta justo antes de marcharse: "Cuando encontraste a Sandro... ¿estaba sentado en la cama con el brazo izquierdo extendido?" Le dije que sí, sin inmutarme al principio. Y me respondió "Ya me lo temía...". Fue bajando por la escalera, de camino a un taxi, cuando recapacité y me asaltó la duda. ¿Por qué se temía esa posición? De alguna manera, lo sabía o lo intuyó. ¿No es algo raro?

Todo entorno a eso me parece aún ahora algo muy turbio. No siendo suficiente el traumatismo provocado por algo así, me he visto empujado al abismo de mis Miedos, a mi propia oscuridad. Sí, ahora me conozco mejor, pero no me gusta en absoluto lo que he visto en mí. Incluso yo mismo me doy miedo, pero no puedo negarme a mí. Se abrió la caja de Pandora, he sido violado por los recuerdos que yo enterré en los que yo experimenté miedo, vergüenza o humillación en esta o en otras vidas, o en los que yo causé temor, humillación o dolor a otros seres en esta o en otras vidas. Bueno, es lo que merecía. Así funciona el Kharma. Cuando menos te lo esperas, regresa a ti con efecto boomerang, con consecuencias iguales o multiplicadas con respecto a la causa que lo originó, y a veces lo hace a modo de flashback presentándose con intensidad. Este es mi tormento y en su momento acepté padecerlo. Quise y quiero pagar con la moneda justa todo lo hecho. Es el hoyo que cavé para ser enterrado, y no es lícito que salga de él impune. Renacer tiene un precio, primero hay que morir. Y este es mi sacrificio, mi suicidio, pues soy yo quien llamó a esta muerte en vida.

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