Para ti, Terremoto

En mi pasado hubo sólo un chico. La experiencia que gané con él fue mínima. No lo voy a llamar hombre porque tenía (y tiene) serios problemas de madurez, aunque... ¿quién soy yo para juzgar cuando yo todavía no he madurado? Era una persona que nunca tuvo claro en qué posición se encontraba con respecto a su vida, ni qué era aquello que sentía o que él creía sentir; se trataba de dudas que una presencia femenina nubablan aún más. Después de eso vi con claridad que no podía limitarme a esa experiencia. Fue así como decidí entrar en unos foros con la esperanza de sentirme menos solo.
Ahí te vi por primera vez. No conocía sino tus palabras, y te escondías detrás de un sobrenombre azul (blue) como el cielo o el mar. Lo reconozco, en esos tiempos te daba la misma importancia que a cualquier otro que había ahí; al fin y al cabo sólo te leía. Un día se hizo una quedada en Barcelona y conocí gente del foro. Y me gustó esa experiencia. Yo me sentía bastante fuera de lugar porque todo el mundo "entendía" y yo no comprendía; siempre he sido bastante ignorante. Pero una parte de todo eso me completaba como ser humano. Por eso, y porque meses más tarde caminaría hacia allí, acepté gustoso una segunda quedada: en Santiago de Compostela.
Y definitivamente te vi. Cuán engañosas pueden ser unas palabras, no era yo capaz de ubicarte con lo que leía de ti... pero ¿por qué hacerlo? Y me dejé llevar. Y después de estar 24 horas de juerga por ahí, con Chus y Raúl haciendo bromas exhibicionistas, acabé psicológicamente agotado, acostándome a tu lado durante ese cálido sábado por la noche. No pasó nada, sólo un abrazo. Te abracé toda la noche. Y tú deseaste que aquello se hiciera eterno. Y mi corazón algo me decía, porque no dejaba de latir fuertemente... pero no quise escucharle.
Después de aquello sólo recuerdo una conversación en la que nos sincerábamos, poco después de un año. Coincidió con San Juan. Y me dijiste que te marchabas por un tiempo, que estarías en Finlandia. Me preguntaste qué sentía yo por ti, y tú te abriste al contarme que, seguramente, por tu vida pasarían muchos pero que al final habría uno solo... y yo imaginaba una especie de pasillo larguísimo donde en el fondo estaba yo.
¿Sabes? Durante mucho tiempo no supe si liberarte o retenerte en mi corazón. Creo que al fin he comprendido. Tú decidiste Vivir, y en esa vida cabe la posibilidad de que nos volvamos a encontrar. Yo llevo mucho decidiendo Morir, y ahora he decidido también Vivir. Quién sabe, tal vez nos volvamos a ver, y ojalá así sea. Pero no pienso desaprovechar ninguna oportunidad de ser feliz Ahora, a la vez que tú tampoco lo harás. Cuando nos encontremos de nuevo, que seguro sucederá, escribiremos un nuevo principio y una nueva historia donde se haga patente que aquello que sucedió en Santiago fue una visión fugaz de lo que Puede Ser y Será.
Los muertos resucitan. Yo estuve muerto y estuve en el infierno. Pero vuelvo a la Vida y voy a vivir plenamente el Cielo en la Tierra.

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