Reflexiones de un ¿homosexual?

Este finde pasado leí un relato (no sé cual es su título) que me impactó de sobremanera. Era sobre un chico que no sabía si calificarse de gay, porque por un lado tenía claro que si pasaba su vida con alguien sería con otro chico, pero por otro lado recuerda una relación que tuvo con una chica y dice que lo llenaba mucho, que lo completaba. Las primeras líneas del relato se introduce a sí mismo y nos cuenta su vida, las amistades gay que tenía, cómo pensaba su familia... pero luego viene el primer capítulo y con ello empieza una historia de amor porque el libro va sobre su romance.
Lo que me impactó no fue que fuera una historia romántica (que va acompañada de escenas violentas), sino las reflexiones que iba haciendo el protagonista durante la historia. También me impactó una carta que escribió a su amante y que queda reflejada al final del libro como un anexo. Esos cachitos son los que voy a pegar aquí. Al tanto, va a ser un post largo.

Xavi.
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[…]
Aquella noche no pude dejar de pensar en Ángel. […] Si no hacía nada por evitarlo, acabaría enamorándome de él... pero, ¿por qué evitarlo?

El amor homosexual, para mí, hasta entonces era un oscuro mundo en el que la carne era más fuerte que los sentimientos. Nunca me había vuelto a enamorar de ningún chico después del primero. Pero con él descubrí que entre chicos, muchas veces la polla manda, con perdón. Y después de él me acosté con gente a la que no conocía de nada. Ninguno de ellos ha vuelto a aparecer, ni para ser amigos. Nada. Sólo fue sexo con el primer pedazo de carne que nos encontramos. Y lo que me había pasado con Ángel podría ser perfectamente lo mismo que les ha pasado a muchos ingenuos. Nadie me podía asegurar que Ángel fuera sincero, que realmente no había estado con chicos como él dijo y, lo más importante, que sus miradas y sus palabras no fueran fingidas. En este mundo, ya hablando de la Tierra, no de gayland, no puedes fiarte de nadie. Mucho menos cuando a ese alguien lo conociste ayer. La promiscuidad es un juego para aquellos que saben apartar a un lado los sentimientos. Porque follar, follarás. Pero no esperes que después te den la mano, ni te digan "nos vemos mañana, cariño". A lo más que puedes aspirar en muchos casos, después de acostarte con alguien a quien no conoces, es a apoyar tu cabeza en su hombro mientras veis la tele, o a que te regale uno de los besos que le han sobrado después de un rato de egoísta pasión. Es frío, sí. Te pueden decir que, si no te gusta, no lo hagas. Pero hay muchos necesitados de cariño. Tener a alguien abrazándote, besándote y acariciándote, aunque desconocido, ayuda a paliar la sed de amor al menos mientras dura el acto. El después es lo peor. Cuando te vas, o se va él, y te encuentras de nuevo cara a cara con la soledad. Miras la cama en la que alguien ha estado, y es lo único que te queda. Porque pasarán los días y olvidarás la cara de tu fugaz amante. Olvidarás su olor, su sabor. Olvidarás la canción que sus gemidos te ofrecieron una noche, y te quedarás con lo que la luna y las estrellas te canten. Será un concierto dedicado a tu amante, porque la luna puede verle, y sabe que él estará con otro. Podrás escucharla y recordar, o bien buscarte a otro corazón solitario que quiera estar contigo esa noche. Y volverás a entrar en el círculo del olvido, porque... no importa a cuántos te folles, si no te quedas con el corazón de ninguno, no tendrás nada. Sólo la obligación de volver a buscar por las calles una mirada perdida.
[…]

Me pregunté qué hubiera sido de mí si hubiera salido con una chica. Podría haber sido feliz por fuera. Quiero decir, de cara a todos. La familia me daría la enhorabuena, los machirulos me chocarían sus cinco, mis amigos me envidiarían... Y podría meterle la mano a mi novia por el bolsillo trasero del pantalón mientras fuéramos por la calle, podría darle un beso en cada portal, cada esquina... Y todo el mundo me diría "eres un tío con suerte". Me aconsejarían sobre lo que podría o no hacer si discutiera con mi chica, no entrarían en una habitación en la que estuviéramos ella y yo a solas, no se metería nadie en nuestras discusiones... Pero al ser chico y chico todos estos privilegios no existen. Nada de besos en público, nada de mimos, y, por supuesto, falta total de intimidad. Nadie sabría nada, y de saberlo, los comentarios pasarían de ser "felicidades, tío" a "no pasa nada, cada uno hace lo que quiere con su vida" (en el mejor de los casos). La pena frente a la alegría. Lo oculto en desventaja. Amor entre cuatro paredes. Levanta la vista mientras besas a tu novio, chico. No vayan a verte. Asómate de vez en cuando por la puerta. No vaya a venir alguien por el pasillo, y no te des cuenta a tiempo de empujar a tu chico para empezar a disimular que hablabais de cualquier cosa. Sécate esa saliva que te queda alrededor de los labios. No mires a tu pareja asustado, ni siquiera cómplice. No te arregles el pelo. Y, sobre todo... sé fuerte. Porque esto es lo que hay. No quiero tolerancia, porque no hay nada que tolerar: el amor es un derecho para todos. Y el amor, que yo sepa, no es sinónimo de heterosexualidad. No quiero comprensión, porque lo único que hay que hacer para entender el amor es estar vivo.
[…]

Anexo III

Estimado Ángel:

A ti, que empezaste mi historia y continúas en ella a pesar de todo lo pasado, quisiera poder demostrarte la gratitud que siento hacia ti. Por esa parte de tu vida que has invertido en conocerme, en hacerme crecer por dentro y por fuera, en obligarme a darme cuenta de que la vida tiene también sus cosas buenas... . Por todo ello, te has ganado el puesto en el que estás: el centro de mi vida. Porque eres lo mejor que he tenido, que tengo y tendré. Separarme de ti es algo que no tengo pensado hacer, ni en esta vida ni en el otro mundo, cuando flotemos juntos como flotamos ahora.

Tu juventud, tu vitalidad, tu fuerza... todo, me lo has dado todo. Quisiera que entraras en mi cuerpo por un momento y sintieras lo que yo siento cuando me miras, cuando me tocas, cuando me haces el amor. Y que supieras que tiemblo cuando me rozas, y que mis sentidos se desbordan cuando me dices que me quieres. Tendrías que ver por mis ojos tu sonrisa, tus gestos al hablar con los demás, y te darías cuenta de que mi vista no puede apartarse de tu ser ni un sólo momento. No hay nada más que ver, nadie más a quién mirar. Solo estás tú, y con eso me basta para ser yo. Tus brazos son mi hogar; no saldría de ellos excepto para rodearte yo con los míos.

Otras veces he creído estar enamorado, pero al final todo resultó ser un desengaño, incluso una traición, en algún caso... Pero tú te saltas las reglas. A tu lado no hay rutinas, no hay dudas, no hay mentiras. Cómo mentir a unos ojos que te miran inundados de deseo y de cariño, cómo mentirle a la persona que me hace sentir tan grande, tan lleno... es mentira que pueda mentirte.

Estoy deseando que llegues a casa, con tu eterna sonrisa iluminándolo todo, y de que me abraces y me beses. Cuídame así siempre, Ángel, mi ángel... y mi corazón seguirá rebotando en mi pecho con cada caricia tuya. Y yo te mimaré, para que tu resplandor no se apague nunca. Los años pasaran erosionando nuestros cuerpos, pero nunca podrán llevarse esta energía que nos abrasa por dentro. Al final sólo estarán nuestras almas, y cuando te abrace tan fuerte como tantas veces he hecho, al fin conseguiré lo que pretendía con ello: mezclarme contigo.

Te amo.

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