La Rueda de la Vida (Parte II). Envidia.

Para poder recibir algo, también hay que dar siempre algo a cambio. Normalmente el pago se hace por adelantado. Eso significa que si en algún momento de tu vida que no esperas te ocurre algo bueno, bien seguro que te lo mereces porque algo habrás hecho antes para que te lo den. Por otro lado también significa que si en una situación concreta no pones todo de tu parte, no esperes grandes ganancias a cambio (y no hablo sólo de dinero, porque bajo este mandato entra todo lo que existe en el Universo). Y seamos realistas: en el día a día la gran mayoría de las veces no ponemos nuestra energía al 100%. Podremos alegar que es muy cansado (¿Pereza?), que la energía se agota si la das. Seamos conscientes de que todo es un vasto sistema de energía que además está interconectado (todo afecta a todo), de modo que si tú empujas algo en un lugar, bien seguro que habrás provocado que algo se mueva en otra parte del Universo. No hay dar sin permitirnos recibir, y no hay recibir sin molestarnos a dar. La sensación de pérdida es una ilusión, el Universo no deja nada vacío; si algo se ha dado, más tarde o más temprano llegará algo que llenará ese hueco que ha quedado.

La envidia es la tensión negativa que trabaja este proceso. Es así porque nos damos cuenta de que nos falta voluntad, ganas, para hacer algo en concreto, y sin embargo cuando vemos que alguien tiene lo que buscamos lo juzgamos, pensamos que no es justo que esa persona tenga lo que nosotros queremos y en cambio nosotros no lo tengamos. En fin, la tentación no es lo negativo, sentir envidia no es importante. Se convierte en pecado cuando obramos como consecuencia de la envidia que sentimos, dirigiendo negatividad hacia la persona envidiada. Fijaros que el Equilibrio (en este caso, entre el dar y el recibir, entre lo justo y lo injusto) se relaciona siempre con el color Verde, y que a la envidia se la relaciona igualmente con ese color.

La envidia actúa de forma muy sutil, es tremendamente corrosiva. Suele venir acompañada con varios hermanos-primos: la Ira, los Celos, la Calumnia (injuria), la Avaricia, el Rencor y la Frustración. Esos primos-hermanos hacen que nosotros situemos a la persona envidiada sobre un pedestal, creyendo (tal vez erróneamente) que esa persona es mucho mejor que nosotros. De este modo, en vez de mover el culo para conseguir aquello que creemos que nos merecemos, movemos energía negativamente intentando quitarle aquello mismo a la persona envidiada. Si no se puede hacer eso, la persona que envidia irá tras otra cosa: el honor de la persona envidiada. Para entender por qué un envidioso haría tal o cual cosa, veamos cuál suele ser su perfil:

- Tiene complejo de inferioridad, muy baja autoestima. Eso significa que enmascara la falta de voluntad de conseguir lo que quiere bajo el pretexto de creer que uno nunca llegará a lograrlo por sí mismo, por eso se lo quiere arrebatar a la persona envidiada. Por otro lado, es ese complejo el que hace que la persona que envidia sitúe a la persona envidiada por encima de ella sin que exista una razón de peso para ello (nadie es más ni menos que nadie).
- Tiene un trauma no resuelto en esta vida o en vidas pasadas. Algo quería conseguir la persona que envidia que no pudo obtenerlo, y eso ha dejado huella, de modo que cuando ve por ahí el objeto codiciado se despierta por inercia la envidia.
- Soledad del Alma. Impulsa a desear cosas que tal vez no necesitamos pero que creemos nos harán sentir más completos. Provocará envidia de aquella persona que cree que se siente más feliz y más completa, o más evolucionada. (La envidia espiritual es la peor de todas).
- Depresión por el querer y no poder.
- Egoísmo. Se pasa la vida diciendo “quiero” en vez de “anhelo” o “aspiro”.
- Es una persona triste y que tiende a volverse colérica. Le entristece el verse incapacitado (erróneamente) para obtener el objeto deseado. Cuando lo ve en los demás, le enfurece.

La Virtud que trabaja la tensión positiva y regula la Envidia es la Caridad. Con ella viene acompañada la Honestidad, la Gratitud, la Compasión y el Amor. Eso es porque: nos obliga a sincerarnos con nosotros mismos y ver que sí podemos conseguir lo que queremos (o que en el fondo tal vez no lo necesitamos); el dar nos vuelve agradecidos con lo que recibimos; la compasión nace del hecho que la caridad obliga a ponerse en el lugar del otro; el Amor es el resultado de todo lo anterior.

Para trabajar la Envidia y la Caridad:
- Primero hay que reconocer que se siente Envidia. Es importante la sinceridad con uno mismo. A veces es importante sincerarse también con la otra persona, pero hay que atender al tacto y a las palabras con cautela.
- Luego hay que preguntarse si lo que codiciamos de verdad lo necesitamos para ser feliz. En caso negativo, desaparece la envidia. También eso suele llevar a descubrir que trauma o complejo lo provocó.
- Si de verdad necesitamos lo que codiciamos, dirigir la energía en el camino correcto esforzándonos al 100% por lograrlo. Surgirá de forma natural una vez nos hayamos sincerado, pues nos habremos puesto en el lugar adecuado (que sí podemos obtener lo que nos proponemos). Con ello, habremos devuelto al lugar que le corresponde a la persona envidiada, a la que le daremos lo mejor de nosotros mismos.

Dándonos siempre por entero a nosotros mismos (que de este modo siempre daremos lo mejor que tenemos) es como evitaremos que aparezca nuevamente la Envidia.

Comentarios

Entradas populares