Casos prácticos míos de la Rueda de la Vida

He pensado que para una mayor comprensión de los pecados capitales que he estudiado hasta ahora era bueno analizar algunos casos que se han dado en mi vida (vividos en primera persona). Con esto pretendo entender mejor aquello que intento aprender, y también pretendo limpiarme por dentro.

Caso 1
A Mar la conocí en un viaje de estudios que hicimos todo el curso de primero de bachillerato a Madrid. Ese viaje coincidió que era al año exacto de haber descubierto el esoterismo, y empezaba a tener un creciente interés por la espiritualidad. Mar, en cambio, no estaba todavía muy receptiva a este tipo de cosas, sin embargo con el paso de los meses ella cambió. De hecho, lo que la cambió fue el conocer a otra persona, un canal llamado Denis. Ella fue allí de consultorio una vez, y después de una sesión de canalización quedó tan sorpendida que descubrió que quería saber más cosas de este mundo y del otro. En muy poco tiempo despertó y evolucionó considerablemente, abriéndose a la sanación y también a una temprana canalización.

Yo, al ver este despegue tan excepcional, sentí Envidia. De repente me vi situándola a ella en un pedestal porque a mí me desvaloraba y me infravaloraba, cosa que ella nunca hizo conmigo en ninguna ocasión. Bueno, ya sabemos que el peor enemigo es uno mismo. Lo único que me impedía odiarla era que yo la amaba, como amiga mía que era, así que en vez de tratar de minarla en su autoestima intenté ayudarla en todo lo que pude... sólo que ella ya no necesitaba de mi ayuda, tenía a Denis. A Denis sí llegué a odiarlo porque lo situaba en un pedestal todavía más alto que el de Mar, debido al buen trabajo que hizo con ella, el tiempo de experiencia que tenía aún siendo muy joven y la madurez espiritual que me pareció que tenía en aquel momento; todo eso despertó la energía desbordante de Ira que dirigí mal canalizada en forma de Odio. Vemos aquí que la base de la Envidia era mi baja autoestima (que serviría de base también para el resto de los pecados), y la excusa era que yo no consideraba justo que ellos llegaran tan lejos y yo no (ahí lo que actuaba era mi Orgullo y mi Soberbia). La excusa que tenía la Ira, por supuesto, es que el mundo era malo conmigo y yo era la víctima de esa crueldad y que yo era el que hacía las cosas bien hechas (complejo de santidad) pero no se me reconocía.

Aún no sé cómo lo conseguí, pero mi visión de las cosas cambió. En cuanto a Mar, un día me decidía a confesarle que sentía Envidia de ella, pero que aprovechaba ese sentimiento como una forma de tratar de mejorarme a mí mismo (se sintió halagada, pero a partir de ese día ello empezó a pensar que esa admiración podía ser un peligro porque podría acabar hiriéndole yo a ella). Y en cuanto a Denis, el segundo día de Camino de Santiago me pillaba de paso por su casa, así que me decidí a llamarle y hablamos un rato, aclarándolo todo y viendo yo su lado más humano. Entendí en ese momento que la verdadera Justicia estaba en el hecho de que nadie es más o menos que nadie. Venimos todos iguales a este mundo, y es la libertad de cada uno decidir lo que hace con su vida. Dichas decisiones son las que te hacen crecer más o menos, según la elección tomada. Tal vez la “conciencia” que todos poseemos me ayudó de forma natural para realizar ese proceso. Sin embargo, la Envidia no ha desaparecido de mí porque no he trabajado lo suficiente la Caridad.

Caso 2
Me pasó que estando yo almorzando con mi familia en casa de mi abuela, un tío mío y mi padre empezaron a debatir un tema. Yo cursaba cuarto de ESO y todavía no tenía idea de nada de lo que me gusta ahora. En eso estaban que, sin darse cuenta, empezaron a ir subiendo el tono de voz y a mí me daba la sensación de que era como si se gritasen y se peleasen. Lo que sucedía en realidad es que yo aborrecía ese tema de conversación y, como yo quería que las cosas fueran como yo quería, y además yo lo valgo porque soy de L’Oreal (complejo de santidad), decidí que el que tenía que gritar era yo y dije un seco y borde “Basta ya, ¡Quiero que os Calléis de una vez!” creyendo inconscientemente que podría someter y encaminar la conversación en la dirección deseada.

El resultado fue peor, evidentemente, liándose una muy gorda. Mi abuela quedó asustada porque nunca en la vida me había sentido así (y esa sería la única vez, afortunadamente), provocándome el conocido sentimiento de culpabilidad. En cuanto a mi Ira, si hubiera tenido más Paciencia, la conversación aquella pronto habría acabado. De todos modos, me ayudó muchísimo lo que pasó después: le conté lo que sucedió a mi Tutora, Mª Ángeles (que la quiero muchísimo, aunque hace años que no sé nada de ella), y me respondió que me calmara, puesto que yo estaba inquieto por lo que había hecho (así es como actúa la conciencia, avisándome de qué estaba mal y qué estaba bien), y que lo que sucedió fue que yo les había hecho de espejo. En el fondo, ella también tenía razón. La gente que nos rodea nos hace de espejo, y nosotros hacemos de espejo de ellos. Coincide que ambas personas, mi tío y mi padre, suelen tener mucha Ira y mucha violencia dentro de ellos mismos. Nada pasa por casualidad.

Caso 3
Tengo un problema enorme con mi creatividad. Pocas veces aparece la inspiración, y cuando lo hace empiezo a hacer cosas... pero luego las dejo a la mitad. Siempre uso excusas tipo “no tengo tiempo”, “tengo otras cosas más importantes que hacer”, “ahora no me apetece”, “mañana será un mejor día para esto” con el fin de evitar la continuidad de mi creación. Muy pocas veces me he aplicado a la labor, tal vez la que más tengo presente fue mi logro con mi Generador (que algunos conocéis). De este modo, dejándome sucumbir por la Pereza que sabe cómo engañarme, dejo cosas como un cuadro al óleo por acabar de pintar, o un libro por acabar de escribir (con lo poco que falta y sin embargo digo “cualquier día de estos lo termino”, y así pasan los meses). Tengo una Voluntad bastante pésima. Si fuera más diligente y marcara un ritmo estable a mi vida tal vez conseguiría esas cosas que siempre deseé y que su ausencia es lo que mantiene mi autoestima baja. Aunque no fuera reconocido, me sentiría exitoso y completo en mi vida. En fin, a ver si “cualquier día de estos” cambio y paso a la acción...

Caso 4
Últimamente hago cosas para olvidarme de que me siento solo. La Soledad es tal vez la única cosa que oprime mi corazón hasta el punto de no dejarme respirar. Cuando medito e intento llegar al silencio de mi mente, me produce un ataque de ansiedad, porque inconscientemente tengo el recuerdo de la Soledad, ese recuerdo que procuro enterrar siempre. Con Kadil me pasa algo parecido, me lleno de las cosas que ella me enseña para ocupar el vacío que deja la Soledad. De este modo, abuso de lo que ella me da y pido siempre más. El pasado domingo fui muy consciente de este hecho, de que tengo una Gula tremenda. Tengo necesidad de los demás y me los comería, desearía poseer a mi gente, a mis amigos, porque siento que su presencia me llenan ese vacío, un vacío que nace en el instante en que el Ser se separa de su Creador. A pesar de comprender este hecho, en el segundo siguiente hice algo que no supe que era por lo mismo: llamé a Jorge. Dios sabe cómo soy de débil y me dejo engañar fácilmente por mis propios pecados. La Gula, muy inteligente ella, se vio descubierta, pero se escondió detrás de Jorge en vez de detrás de Kadil. Esta simplicidad aún ahora me asusta. Cuando le llamé a él, lo hacía por Gula. Sí, necesitaba sentirle, oírle, saber que estaba ahí, y el reconocer esta necesidad me producía ansiedad, que fue lo que me hizo actuar de forma borde y colgarle. Tuvieron que pasar horas para reconocer que la fuente del problema era el mismo para ambas situaciones. Lo peor es que al darme cuenta me sentí como un manipulador, como si hubiera estado utilizando a estas personas (en el fondo, a todo el mundo que conozco y que en algún momento me dieron su cariño). Yo no quiero ser así, porque al hacer eso hago daño a las personas.

Ahora me falta aprender de la Templanza, aceptar lo que se me da, lo que viene de la gente, sin usarlo como sustituto de la Divinidad, que es lo único que puede llenar ese tipo de Soledad. Sí, acepto que al venir al Mundo me sentí solo y desde entonces empecé a gritar “¡Queredme!” porque era más cómodo que trabajar para sentirme más seguro en el Mundo (Pereza), por eso tampoco piso nunca Tierra, y es la excusa perfecta para seguir sintiéndome indefenso y desprotegido y de este modo poder seguir gritando, cerrando así el círculo vicioso.

Bueno, creo que por hoy ya me he sincerado bastante. Bueno, en realidad nunca es suficiente, pero es lo que dice ahora mi Pereza.

Comentarios

  1. Te has sincerado muchísimo. Hay en bastantes casos que coincidimos. Pero yo, en cambio... y no sé qué es mejor: como sé que mi creatividad siempre se queda a medias, o bien me pongo unos objetivos minúsculos, o bien ya ni lo intento.

    Es curioso... este gran pequeño raro mundo.

    Un petó molt fort!

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