La infancia

A raíz del método Estivill encontré una página muy chula, Para el bebé (y para los niños también), de la que voy a poner tres publicaciones. La primera es la más larga de las tres, pero ya veréis que de largo no tiene nada. Cada publicación habla de algo que me ha llamado mucho la atención (y no significa que los otros posts de esa página no lo hayan hecho, pero creo que con tres que ponga akí ya es suficiente): si la infancia es un proceso que actualmente estamos evitando, si es bueno el amamantar después de darle pecho al niño durante el primer año (me contaron el caso de una madre que le daba pecho a su niño incluso con 7 años, que fue cuando dejó la teta por completo), y qué hay con respecto a eso del "un guantazo a tiempo es bueno" o "dale un golpecito en la manita para que se entere de que ha hecho algo que no está bien".

La infancia, especie en peligro de extinción
La infancia no es el tiempo para adelantar los procesos, es el terreno abonado para sembrar las semillas que más adelante brotarán como pensamientos y capacidad intelectual. Es la etapa para aprender a través de las manos, los ojos, la boca, los pies, para experimentar las leyes físicas del mundo, para mojarse con el agua, jugar con la tierra, volar cometas con el aire, fascinarse con el juego, entrar en la realidad donde se vive.

La infancia, los años de Oro, es la etapa de nuestra vida que abarca las edades comprendidas entre el primer y los 9 años, edad ésta conocida como el Rubicón por ser el difícil paso por el que se abandona la infancia. Dejarán de ver con ojos mágicos y de vivir en simpatía con el mundo.

Pero antes, esos años en los que se forme o deforme el futuro adulto, con sus leyes, sus escalones, sus personajes fantásticos, su forma peculiar de entender y sentir el mundo que les rodea, tan diferentes a la forma adulta.

¿Quién de verdad la conoce? ¿Quién tiene el don de entrar en su jardín? Un poeta dijo que sólo los “tontos”, los humildes, los genios, los ancianos sabios, los limpios de corazón poseen aún el mágico don de ver con los ojos de un niño.

Pero la infancia está amenazada. Vivimos en un mundo lleno, no hay espacios en nuestra vida cotidiana. No hay momentos de pausa, de escucha, de silencio. Hemos aceptado y asumido el ajetreo ruidoso en nuestra vida, vivimos con prisa y en continuo cambio. Los adultos más mal que bien podemos con ello ¿podemos con ello? … pero ¿qué consecuencias tiene esta forma de vida en los niños?

Paremos un momento y tratemos de recordar el número de veces que le digo a mi hij@ “corre”, es una coletilla que acompaña cualquier orden o acción que debe realizar. Y ¿qué ocurre con la cantidad de cambios que experimenta un niño durante un solo año? ¿Cuántas cuidadoras le han cuidado? ¿Cuántos cambios de casa, de colegio, de actividades?

Un niño necesita crecer sobre un suelo de seguridad, protección y abrigo, cualidades éstas que se alejan por naturaleza de la prisa, y se acercan, por naturaleza también, a los hábitos, la repetición, la tranquilidad, la paciencia.

Ni las leyes de crecimiento, ni la madurez, ni el carácter, ni el sentido del humor, ni la amistad, ni el aprendizaje, ni ninguna actividad puramente humana crece y se desarrolla con prisa.

La infancia está amenazada porque estamos acelerando los procesos de crecimiento, y lo hacemos cuando enseñamos a niños menores de 6 años a leer y escribir. Y concretamente cuando concentramos toda su actividad psicomotriz, emocional e intelectual en rellenar hojas y hojas de repetitivos y aburridos ejercicios de preescritura carentes de motivación. Así aceleramos un proceso madurativo delicadísimo, pues la infancia es la etapa preparada para que el niño conozca el mundo que lo rodea través de su experiencia, del aprendizaje vivencia, no del aprendizaje intelectual para el que todavía no está ni física ni emocionalmente preparado.

Todos sabemos que a los 6, 7 años todos los niños aprenden a leer y escribir prácticamente sin esfuerzo. Aprender a leer no es únicamente un adiestramiento para reconocer símbolos, sino que conlleva, y esto es lo importante, una comprensión de lo leído y más importante aún, una motivación, un interés por lo que se lee.

La infancia no es el tiempo para adelantar los procesos, es el terreno abonado para sembrar las semillas que más adelante brotarán como pensamientos y capacidad intelectual. Es la etapa para aprender a través de las manos, los ojos, la boca, los pies, para experimentar las leyes físicas del mundo, para mojarse con el agua, jugar con la tierra, volar cometas con el aire, fascinarse con el juego, entrar en la realidad donde se vive.

Pero ¿qué hacemos los adultos? Alejarles de lo real, sentándolos en pupitres y mostrándoles el mundo a través de nuestros conceptos. Resultado: el niño pierde su natural interés por aprender.

La infancia tiene sus leyes, su tiempo sagrado, no es la etapa caótica de los locos bajitos. Conocer su proceso evolutivo nos ayudará en nuestra tarea como educadores de nuestros hijos, como padres y madres.

Al retomar la educación ennuestras manos, caeremos e la cuenta de que se está robando la infancia a nuestros hijos, y la daremos valor cuado reinstauremos la confianza en el pensamiento de que cada etapa tiene su tiempo, sus procesos únicos y sus diferentes motivaciones.

La infancia exige la calma para crecer, para moverse libremente, para jugar, para los trabajos manuales, para escuchar cuentos de hadas, para ver personajes mágicos, para poder imitar, en fin, para poder llegar a ser un ser humano en toda la gradiosa acepción de la palabra.

Por Elena Martín-Artajo, pedagoga y maestra Waldorf en la Escuela Waldorf de Aravaca (www.escuelawaldorfaravaca.com)
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Amamantar más de un año
Cuando un bebé nace, la mayoría está de acuerdo en que hay que amanantarlo.
A medida que los días van pasando, comienzan a aparecer personas que nos dicen que sería mejor complementar con una mamadera “así duerme toda la noche” “así sabés cuánto toma cada vez”, etc. Cuanto más crece el bebé, más tenemos que lidiar con aquellas personas que nos dicen “¿Cómo… todavía??”
Pero quizá el momento más difícil se presenta alrededor del año, cuando nuestro hijo empieza a caminar.

En ese momento nos cuesta amamantar en público, la gente nos dice que el chico será muy dependiente, que algo nos pasa a nosotras por lo cual no podemos “soltar”a nuestro hijo, e infinidad de cosas más que nos avergüenzan, y en estas condiciones se hace muy difícil seguir adelante.

Qué decir entonces cuando el chico se acerca y nos dice “mamá…teta”. Gran horror para los que nos rodean. Un chico con dientes, que habla y camina…acá pasa algo raro. Cuando las mamás preguntan cuánto tiempo se debe amamantar, muchas veces están pidiendo permiso para destetar, y muchas otras piden permiso para continuar, quieren saber si el amamantamiento prolongado puede perjudicar a su bebé.

Numerosos estudios confirman que hay beneficios para los chicos que maman más allá del primer año. A nivel nutricional, la leche materna continúa siendo una fuente importante de proteínas, grasas, calcio y vitaminas. Al mamar menos seguido, los agentes inmunizantes de la leche se concentran, y el bebé los sigue recibiendo. Disminuye la posibilidad de alergias, ya que al no incluír leche de vaca hay menor posibilidad de reacciones alérgicas.

Hay pocos estudios acerca de los aspectos psicológicos de la lactancia. Aparentemente los desórdenes de conducta disminuyen con una mayor duración de la lactancia.
No se sabe si debido a la lactancia en sí misma o al comportamiento de las madres que están dispuestas a amamantar prolongadamente a sus hijos. Y en realidad es irrelevante ya que ambos aspectos son indisolubles.

El ritmo de vida moderno nos impone otros tiempos, y otras voces que no son las propias, las internas. Cada relación mamá-bebé es única, tiene sus códigos, sus tiempos, sus modalidades; y en el apuro por rotular todo, por poner plazos y tiempos ajenos, por unificar diciendo que a tal o cual edad hay que destetar, se pierde lo más rico que tiene esa relación: su unicidad.

Y esto no es sólo en relación a la lactancia. Desde lo social se nos imponen tiempos, para dejar los pañales, para entrar al jardín, para que duerman toda la noche, para empezar a caminar…”Y cómo… ¿el tuyo todavía no??”.

Reconozcamos que esta frase nos duele, nos avergüenza, nos hace sentir diferentes, nos hace pensar si estaremos haciendo las cosas bien.
Por eso, la propuesta es cuestionarnos todo, todas aquellas cosas que damos como ciertas, como verdades.

Dejá por un instante de leer este artículo y pensá a cuántas de esas verdades estás atado/a.
“Las comidas de bajas calorías no engordan” “los chicos necesitan tomar mucha leche” “hay que mandarlos al jardín cuanto antes para que se socializen” “todos los chicos se enferman en invierno” “la fiebre es perjudicial y hay que bajarla en seguida, como sea”… ¿seguimos?
El problema es que no cuestionamos. Nos quejamos mucho pero entre nuestras cuatro paredes, y no exigimos explicaciones a los médicos, no miramos las etiquetas de los productos que compramos, no ponemos en duda lo que dice la tele.

El término infancia define no sólo la edad del niño, sino que se refiere a una condición en la madre. El estado infancia, que etimológicamente significa `no hablar’ impone a la persona que cuida al niño la capacidad de emocionarse con los sentimientos del bebé y tomar parte en la infancia misma. Emocionémonos más, entonces.

Démonos el permiso para sentir, para guiarnos por nuestra intuición, que es la que mejor nos orientará en estas dudas.

Ningún chico llegará a los 18 años con pañales, o chupándose el dedo, o durmiendo en la cama de los padres, o tomando la teta.
Ninguno a esa edad será tan dependiente como para preferir quedarse con mamá en vez de salir con una chica.
Independientemente del tiempo que hayan tardado en caminar, destetarse o dejar el pañal. Entonces no los apuremos, respetemos sus tiempos, y los nuestros.
Escuchemos nuestra voz interior, y enseñémosles a oírla a ellos también.

Por Maria Paula Cavanna, Licenciada en Psicología, Líder de la Liga de la Leche y Directora de UPA! Sitio sobre Lactancia y Crianza (http://www.zonapediatrica.com)
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El castigo físico no educa
El castigo físico vulnera los derechos del niño y niña.
El castigo físico hace que los niños y niñas se sientan rechazados y no queridos.

El castigo físico no es una forma de educar, porque:
- confunde, no enseña
- da a entender que la violencia es un modo válido de resolver conflictos
- no ofrece alternativas
- bloquea al niño o niña

El castigo físico puede conllevar riesgos como:
- el incremento de la violencia en la familia
- daños físicos accidentales
- daños emocionales

Busquemos alternativas al castigo físico:
+ Establecer con el niño o niña límites claros, coherentes y consistentes, para que sepan qué pueden o no hacer
+ Compartir su tiempo
+ Decidir las cosas de común acuerdo. Razonar las decisiones cuando no pueda ser así
+ Fomentar la autonomía del niño o niña
+ Respetar y tener en cuenta su opinión
+ Dedicar atención a las cosas que hacen bien, no sólo a las que hacen mal
+ Tener la actitud de decir “sí” antes que “no”
+ Los niños y niñas deben asumir responsabilidades según su capacidad

Los niños y niñas tienen derechos:
+ Tienen derecho a un desarrollo armónico. El castigo físico nunca hace bien al niño
+ Tienen derecho a no sufrir violencia. El castigo físico es violencia
+ Tienen derecho a ser escuchados. Las bofetadas acallan

En España ¿hay derecho?:
* España ratificó en 1990 la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, que prohíbe explícitamente cualquier violencia contra la infancia.
* El Código Penal sanciona todo tipo de violencia contra los niños y niñas.
* El Código Civil aún permite: “corregir razonable y moderadamente a los hijos”.
Corregir no es pegar. Una bofetada nunca es razonable.

Comentarios

  1. Hola!
    Gracias por tu coment :) y gracias por lo que dices.
    Pasar... bueno no sé últimamente estoy desenmascarando a personas y bueno, lo de mi entrada es lo que más o menos me hace sentir, hay que decir que siempre mis entradas hablan de muchas cosas, más que nada porque en el mismo momento en que empiezo a escribir no acabo de ser exactamente "yo", suelo escribir lo que oigo en mi interior, de ahí que las entradas sean "algo extrañas" para muchos. Pero me gusta escribirlo :)

    De nuevo gracias por preocuparte por mi, es de agradecer.
    Acabo examenes el dia 22 :) y tengo muchas ganas de volver a verte. Vi lo de que te vienes a Barcelona de nuevo. Hablaremos de ello :)

    Te quiero!

    Muacks!

    Nat.

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