La Necesidad de Ayudar Inadecuadamente

Es un tema del cual no quiero hablar como si se tratara de un error. Dicen que los errores no existen, tan sólo las acciones hechas en el momento y el lugar menos oportuno.

Por eso, en vez de hablar de la ayuda errónea, me gustaría hablar de la ayuda inoportuna o inadecuada. Algo en lo que, sinceramente, yo caigo a menudo, pero muchos otros también. Realmente no nos damos cuenta de la desarmonía espaciotemporal hasta que lo vivimos nosotros como sujetos receptores de dicha acción.

El caso es este: pongamos que el Universo se mueve con completa sincronía, así que todo acontecimiento tiene su momento y su lugar para se producido; tan sólo cambiamos un segundo o un metro, y el acontecimiento universal no se produce o se produce con otras consecuencias imprevistas. Hay un montón de leyes que rigen esa sincronía, desde las leyes físicas en este plano material hasta las leyes más espirituales (como la ley de la Causalidad). En términos vulgares, todo suceso es una especie de coincidencia, siempre un hecho sincrónico. Cuando nos metemos en espiritualidad una de las primeras cosas que llegamos a vislumbrar es que hay una especie de flujo sincrónico, algo en la vida que parece un río y que si nos dejamos llevar por esa corriente parece que todo se sucede de forma adecuada y con absoluta facilidad; el siguiente paso es ver que ese flujo ya está ahí en todas partes y que podemos conectar con él a voluntad, porque todo es sincronía y siempre se están dando las cosas en el instante y el lugar que le corresponde.

Con el acto de ayudar pasa igual. Nos encontramos a una persona que creemos que necesita ayuda y, si somos sensibles y de ésa gente que no podemos evitar dar, nace el impulso de tender la mano. Hasta aquí ningún problema. El problema es cuando el necesitado no quiere ser ayudado. ¿Entonces qué? ¿Qué hacemos con ese impulso? No podemos reprimirlo y guardarlo en un bolsillo para el siguiente que sí quiera recibir. Pero si este individuo dice específicamente que NO quiere consejos, manos, ni ayuda de ningún tipo, entonces es que no hay que dársela... o al menos no como nosotros querríamos. Otra de las cosas que aprendemos a lo largo de la vida es que el ser humano, en su mayoría, es el animal que más desconectado está de la naturaleza, del universo, de la propia vida y por lo tanto del fluir y la sincronía. Así que a veces podemos llegar a intuir que hay que hacer algo pero no alcanzamos a acertar con el sincronismo adecuado.
En el tema de la ayuda, si sentimos que hay que dar a ese ser necesitado pero sentimos que podemos esperar, entonces es mejor esperar a que se den las condiciones óptimas (¿cómo se sabe eso?... ni idea, pero las señales están por todas partes...). ¿Y si sentimos que hay que hacerlo Ya y Ahí Mismo? Entonces hay que buscar alternativas. Lo peor de la ayuda altruista es que nos solemos meter en la cabeza que lo mejor para el otro es seguir una idea que tenemos insistentemente y si no la transmitimos explotamos. Pues bien, si el otro no quiere recibir entonces hay que buscar otras formas de ayudar. La más apreciada suele ser la ayuda pasiva, es decir, sentarse en silencio y estar junto a esa persona, sin decir ni hacer nada, tan sólo escuchar, recibir del necesitado (¡ Sí ! eso cuesta, cuando nos creemos que nosotros tenemos que ser los que dan, nos cuenta ponernos en el lugar de recibir) y aceptar sin juzgar, pues eso constituye una especie de apoyo al que el necesitado puede agarrarse.

Repito: lo peor que podemos hacer cuando queremos ayudar es obstinarnos y ser orgullosos (Ego de la Soberbia) en tratar de ayudar del modo que nos hemos impuesto que hay que hacer. Hay muchas otras vías. E insisto, de las más potentes está la ayuda pasiva. Muchos casos se resuelven sin hacer prácticamente nada. Bueno, sí... amando. Y a poder ser, rezando. La transmisión de afecto y oración sin palabras es muy efectiva. La búsqueda de alternativas es importante, y nos ayuda también a ser más creativos y a ayudar de distintas maneras a distintas personas, convirtiéndonos también en seres más eficaces y eficientes. Lo principal es, sin embargo, atender a la sincronicidad porque lo más probable es que no sea el momento o el sitio para prestar la ayuda.

Y bueno, como decía justo al principio, he estado en ambos bandos: en el del que quiere ayudar obstinadamente, recibiendo bronca como resultado, y el del que quiere apoyo silencioso pero el otro insiste en hablar, con lo cual al final acababa yo dando la bronca. Cuando no se nos quiere escuchar porque la otra persona sigue con el bla bla bla sentimos como si no pudiéramos confiar en el que nos quiere ayudar y que, en último término, al final resulta que no le podemos contar todo a la otra persona porque nos juzga o nos dice cómo hacer las cosas. Muchas veces, el necesitado sólo quiere desahogarse para sentirse libre. Si al intertarlo le reprenden o le machacan con consejos (da igual que sean buenos o prácticos) el necesitado se siente oprimido y entonces se reprime y se esclaviza aún más. Mala idea.

Podemos aprovechar este post como algo más que añadir en nuestra práctica diaria de toma de conciencia, jejeje, de meditación, de ingreso al flujo sincrónico universal :)

Comentarios

  1. Querido Asthar,
    De eso y mucho más vamos aprendiendo sobre la marcha. Hablaba estos días con amigos, personas que quieres y que no saben salir de su tragedia personal,algunos conocemos la "verdad" pero otros no saben o tienen miedo de escucharla o simplemente no estan preparados. Temen lo desconocido quizás, pero algo bueno tenemos, ellos a nosotros y nosotros a ellos. Simplemente con estar y comprender podemos hacer mucho más de lo que pensamos.
    Namasté

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  2. Exacto, a eso me refería :) Gracias por dejar un comentario, te quiero :*

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  3. Muchas veces es el miedo que nos hace caer en estas situaciones, unos por intentar ayudar y los otros por ser escuchdos... tenemos que prender de estos pequeños tropiezos que son en realidad pequeños ejercicios.
    Y sobretodo cuando actuemos nos tenemos que atenuar al las consecuencias, si ponemos todo nuesto amor y la vountat, creo que todo saldra bien.
    Bendiciones hermanos!

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  4. Me remito a lo que decía: el Amor es lo mejor que hay, pero si lo damos con obstinación, justo "Cuando" y "Como" nosotros queremos, ese Amor queda filtrado o bloqueado por nuestro propio Ego.

    Sí que el Miedo tiene que ver... cuando intentamos ayudar, aparece el miedo a no llegar a tiempo o no poder salvar al otro, porque sinceramente, nos encanta ser salvadores de gente xD En el otro bando, si necesitamos ayuda es porque de algún modo hemos bajado nuestra energía lo suficiente como para que impere el Miedo de nuevo en nuestra Vida. El caso es este: si el que quiere ayudar está tras la barrera del Ego/Miedo, no puede ayudar al necesitado que también se encuentra en el Miedo. Miedo contra Miedo no funciona, esa lucha está perdida.

    ¡ Ey ! Me canta que comentéis. Gracias n_n

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