Luz a la Ceguera


Estoy leyendo "La Rueda de la Vida", de Elisabeth Kübler-Ross, una mujer tan especial como compasiva. Me gustaría compartir con vosotros un fragmento de este libro autobiográfico.
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[...]También pasaba medio día a la semana en el Lighthouse For The Blind (Faro para los Ciegos) de Chicago, trabajando con niños y padres. Pero tengo la impresión de que ellos me daban más a mí que yo a ellos.

Las personas que conocí allí, adultos y niños por igual, estaban todos batallando con las cartas que les había servido el destino. Yo observaba su manera de arreglárselas. Sus vidas eran montañas rusas de sufrimiento y valor, depresión y logros. Continuamente me preguntaba qué podía hacer yo, que tenía vista, para ayudarlos. Lo principal que hacía era escucharlos, pero también los animaba a 'ver' que todavía les era posible llevar vidas plenas, productivas y felices. La vida es un reto, no una tragedia.

A veces eso era pedir demasiado. Veía a demasiados bebés nacidos ciegos, y también a otros nacidos hidrocefálicos, a quienes se los consideraba vegetales y se los colocaba en instituciones para el resto de sus vidas. Qué manera de desperdiciar la existencia. También estaban los padres que no lograban encontrar ayuda ni apoyo. Observé que muchos padres cuyos hijos nacían ciegos mostraban las mismas reacciones que mis moribundos. La realidad suele ser difícil de aceptar, pero ¿qué otra alternativa hay?

Recuerdo a una madre que tuvo nueve meses de embarazo normal, sin ningún motivo para esperar otra cosa que un hijo normal y sano, pero durante el parto ocurrió algo y su hija nació ciega. Reaccionó como si hubiera habido una muerte en su familia, lo cual era lógico. Pero una vez superado el trauma inicial, comenzó a imaginar que algún día su hija, llamada Heidi, terminaría sus estudios secundarios y aprendería una profesión.

Ésa era una reacción sana y maravillosa.

Por desgracia, habló con algunos profesionales que le dijeron que sus sueños no eran realistas y le aconsejaron que pusiera a la niña en una institución. Eso causó un terrible sufrimiento a la familia. Pero afortunadamente, antes de tomar ninguna medida, acudieron al Lighthouse, que fue donde conocí a esta mujer.

Evidentemente, yo no podía ofrecerle ningún milagro que le devolviera la vista a su hija, pero sí escuché sus problemas. Y cuando me preguntó mi opinión, le dije a esa madre, que tanto deseaba un milagro, que ningún niño nace tan defectuoso que Dios no lo dote con algún don especial.
- Olvide toda expectativa -le dije-. Lo único que tiene que hacer es abrazar y amar a su hija como a un regalo de Dios.
- ¿Y después? -me preguntó.
- A su tiempo Él revelará su don especial.

No tenía ni idea de dónde me brotaron esas palabras, pero las creía. Y la madre se marchó con renovadas esperanzas.

Muchos años después, estaba leyendo un diario cuando vi un artículo sobre Heidi, la niñita del Lighthouse. Ya adulta, Heidi era una prometedora pianista y acababa de actuar en público por primera vez. En el artículo, el crítico decía maravillas sobre su talento. Sin pérdida de tiempo contacté con la madre, que con orgullo me contó cómo había luchado por criar a su hija; repentinamente la niña demostró estar dotada para la música. Su talento floreció como una flor y su madre atribuyó el mérito a mis alentadoras palabras.
- Habría sido fácil rechazarla -comentó-. Eso fue lo que me dijeron que hiciera las otras personas.

Naturalmente yo comentaba esos gratificantes momentos con mi familia, y deseaba que mis hijos no tomaran nada por descontado. Nada está garantizado en la vida, fuera de que todo el mundo tiene que enfrentarse a dificultades. Así es como aprendemos. Algunos se enfrentan a dificultades desde el instante en que nacen. Ésas son las personas más especiales de todas, que necesitan mayor cariño, atención y comprensión, y nos recuerdan que la única finalidad de la vida es el Amor.
[...]
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Comentarios

  1. Sabias enseñanzas llenas de Amor y compasión. Muchas gracias por este regalo tan hermoso.

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