Relato de sueños y verdades

Capítulo 6

Soñé que te convertías en mi aliento, y no desperté...

Fue sólo un parpadeo. Estaba tumbado en la sala de meditación, hacía un poco de frío, y Ailen no estaba conmigo. En cuanto ajusté un poco más la mirada, vi que todo tenía un cierto resplandor, como si hubiera una luz que no venía de ninguna parte pero que emanaba de todo cuando me rodeaba. Me levanté, y a mis espaldas sentí una fuente de calor. Me giré y vi lo que parecía un fuego blanco; su brillo era intenso, pero no afectaba a la luminosidad de la estancia. No sentía miedo alguno, y quizá por eso me atreví a acercarme. Comprobé que ese fuego en verdad era un ser, un ser luminoso, era un cuerpo resplandeciente... ¡parecía Ailen!... pero no podía verle la cara.

- ¿A... Ailen...? - pronuncié, y efectivamente aquél ser volvió su rostro hacia mí, confirmando lo que me suponía; yo aún me sentía un poco soñoliento -.

- Hola Mikel... -dijo, aunque su voz no parecía proceder de su cuerpo, sino más bien como si surgiera del mismo aire que me envolvía-.

- Ailen... ¿qué haces desnudo?

- ... ¿Por qué no pruebas a desnudarte tú también?

- ¿Es una broma? -Ailen no contestó-. ¿Se trata de otra de tus lecciones, vas a enseñarme algo?

- Tal vez...

- Está bien... -por alguna razón que desconocía no podía oponerme... aunque mi mente racional pensara que no quería, un impulso interno que salía de las profundidades del Ser me hacía despojarme de todo cuanto llevaba encima... me preguntaba por qué-.

- Es una cuestión de sinceridad y de pureza. Desnudarse significa ser honesto con uno mismo y con los demás, significa que no tienes nada que ocultar. Sin engaños. Sin manipulaciones... -dijo aquello como si hubiera leído mi mente-. Sí, en este pequeño espacio, mientras tú abras tu corazón y yo abra el mío, y seamos puros y sinceros, yo puedo saber lo que tú piensas y sientes... y te haré saber lo que yo pienso y siento.

- Por eso oigo tu voz como si fuera algo etéreo.

- Exacto.

- Bien. ¿Tienes algo más que enseñarme?

- Mikel, hay tantas cosas que me gustaría que supieras... pero por ahora, sólo hay una cosa más que puedo mostrarte.

- ¿El qué?

- Lo que siento...

Dicho esto, sentí al principio una pequeña punzada en el pecho. De repente, tuve la noción física de tener ese corazón espiritual y emocional del que tanto se habla, y me invadió el sentimiento de Amor Universal que había experimentado en mi iniciación. El pecho me abrasaba y comprendí que lo que me hacía sentir Ailen era una manifestación más profunda, intensa y expandida de lo que yo sentía por él. Era maravilloso... pero mi ego, mi yo terrenal, me jugó una mala pasada: me hizo preguntarme "¿Todo cuanto puedo ser correspondido por Ailen es a un nivel místico y espiritual? ¿No podemos compartir nada más?". Luego oí a Ailen que decía: “Shhhh...” como acallando a mi mente. Ailen añadió “todo forma parte de un mismo continuo...” y la trampa desapareció. Permanecí de pie, desnudo, inmóvil y en paz y armonía, sonriendo. ¿Podía ser más feliz?

Y como si tal cosa no fuera posible, Ailen acercó su mano derecha a mi mejilla izquierda y la acarició. Mi reacción instintiva fue cerrar los ojos y vivir en mi Ser aquel dulce y cariñoso contacto. Luego bajó sutilmente la mano a través del cuello y la posó en mi pecho, expandiendo aún más el sentimiento compartido, vivificándolo como cuando se da oxígeno al fuego. Yo entreabrí los ojos y coloqué mi mano derecha sobre su mano en el pecho. Ailen apartó su mano suavemente y en el espacio entre él y yo quedaron nuestras manos unidas por las yemas de los dedos. Podía sentirlo a él a través de los dedos. Nos quedamos unos minutos así, jugando con el contacto dactilar, y nos divertíamos como niños; me sentía descubrir un mundo nuevo y apasionante, pleno y lleno de belleza.

Con su mano me guió hasta su pecho y me invitó a descansar mi mano ahí. Gracias a eso, podía oír en mi propio cuerpo sus latidos del corazón, y podíamos sincronizar mis latidos con los suyos. Luego ascendí mis caricias por su cuello, hasta rozar su mejilla. La felicidad compartida es algo que no tengo palabras para describir. Todo lo que vino después es un poco confuso. Esencialmente, este niño inocente que era Ailen decidió hacer una travesura que no me esperaba. Se acercó ligeramente hacia mí y me abrazó. La conexión entonces era tan intensa y profunda, que el abrazo fue como sentir una descarga, y sentí también que mi identidad se disolvía y desaparecía... Casi cada centímetro de su piel estaba en contacto con la mía, y yo no sabía ya de quién era el cuerpo, ni sabía quién era yo. Éramos uno, podía sentir surgir una personalidad nueva, distinta, desde el centro de los dos. El paso final de ese abrazo fue que Ailen juntó sus labios con los míos. El sentimiento cálido del Amor me derritió como se derrite un helado de chocolate a la luz del Sol. Y dejándome llevar, cerré de nuevo los ojos.

Abrí los ojos de golpe. Mi respiración era un poco agitada. Estaba todo oscuro y hacía un poco de frío. Yo estaba estirado en el suelo, en la sala de meditación, con Ailen recostado sobre mí y su cabeza en mi pecho. Ambos estábamos vestidos. ¿Había sido todo un sueño? Él permanecía dormido y me pareció oírle murmurar “la... primera... tentación...”. Claramente, él sí estaba soñando. Me abracé a Ailen para protegernos a los dos del aparente bajón de temperaturas, y decidí volverme a dormir. Aunque no me pude olvidar de la sensación cálida, dulce y luminosa que vibraba aún en mis labios. "Había sido tan real..."

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