La dama del pozo


En un pueblo ya olvidado, en tierras lejanas pero prósperas, corrían muchas historias y leyendas. Entre ellas, una hizo que la aldea fuera de especial interés para los viajeros.

La tradición cuenta que en un viejo pozo próximo a la plaza del mercado habita una deidad femenina a la que llaman Anur, la Dama Ocultadora. El apodo surgió a raíz de las peticiones que le hacían aquellos que requerían ayuda: todos necesitaban desprenderse temporalmente de algo, y la Dama lo ocultaba en las profundidades del pozo; sin embargo, ella decidiría cuándo devolvería esas pertenencias a sus dueños, y para entonces éstos deberían haber razonado acerca de la situación que les empujó a acudir al pozo. Es un pacto no escrito: guarda a cambio de sabiduría.

En una ocasión se le acercó una mujer. Había sido traicionada, y la dominaban sentimientos entremezclados de ira, odio, rencor, tristeza, dolor, soledad, e incluso envidia por los que nunca tuvieron tal golpe del destino. Llamó a la Dama, y le pidió que se llevara esas emociones. "Estos sentimientos son causa de infelicidad" dijo, "y por el bien de familiares y amigos necesito que te los quedes y los guardes en el pozo". "Así se hará" respondió Anur, y Yanhi, que así se llamaba la mujer, quedó desposeída de su infierno personal.

Transcurrieron algunos años y Yanhi encontró marido fiel y tuvo dos hijos muy sanos. En cierto día llamaron a la puerta de su casa, y cuando fue a abrir se encontró con la Dama Ocultadora. "Vengo a devolverte tus emociones. Han sido bien guardadas. Espero que hayas aprendido algo de ellas". La mujer, horrorizada, se negó a aceptar esos sentimientos de vuelta, pues le causaron mucho sufrimiento. Anur le recordó que tenían un pacto, y la chica justificó que no había firmado ningún documento legal. "Los que no cumplen su parte del trato reciben su merecido" amenazó la Dama. Yanhi cerró la puerta a la guardiana.

Anur, que hasta entonces fue siempre bondadosa, decidió esta vez llenarse con las emociones de la joven, y éstas crecieron proporcionalmente al egoísmo manifestado por la muchacha. Por la tristeza ocultada se desató una lluvia que anegaba el pueblo entero; por los sentimientos de ira, odio y rencor cayeron rayos que destruyeron parte de la aldea, incluso el hogar de Yanhi; por el dolor el viento golpeaba las calles, y por la soledad cayó una noche interminable, una oscuridad en los ojos que le impedía a la mujer ver a sus seres queridos.

Anur se apareció nuevamente ante Yanhi y volvió a preguntar "¿Aprendiste algo finalmente?". "No sé..." respondió la chica, "Eres muy cruel, la gente de este pueblo no merecía tu represalia". "Aún queda la envidia por manifestar" arguyó la Dama, "responde correctamente o tu mente se llenará de Locura". Yanhi entristeció, pero al rato comprendió. "Las emociones a veces nos torturan, pero siempre tienen algo que enseñar; si no permitimos que nos den el mensaje que traen y las ocultamos, con el tiempo se vuelven contra nosotros y perjudican a quienes amamos".

La Dama sonrió y la tormenta cesó. La joven recuperó la vista. Anur, en su bondad, restauró el poblado con su poder divino en un cerrar y abrir de ojos. "Gracias por la respuesta" dijo la guardiana, "ahora otros podrán aprender de tu sabiduría". Desapareció y regresó al pozo.

Desde aquel momento, los viajeros que visitan el pozo toman un momento de silencio, hacen examen de conciencia y dejan fluir sus emociones para aprender de ellas y poner su vida en orden. Saben que Anur les observa y no quieren que la Dama oculte nada que luego se pueda volver en su contra... prefieren adquirir y entregar sabiduría.

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