Cuando asoma la luna

A veces las leyendas son ciertas. Sin embargo, no siempre resultan como las cuentan.

- Doctor, siento vergüenza.
- ¿De qué?
- De ser Humano.

Esto me lo dijo una vez un licántropo. Era pacífico. Le encantaba convertirse en lobo para huir de la ciudad y refugiarse en el bosque, solo, tranquilo, herido. Su enfermedad consistía en seguir atado a las exigencias humanas: su transformación no era permanente, así que debía volver a casa, y para estar en casa debía trabajar, salir, relacionarse con la gente.

- Ellos son los auténticos hombres-lobo.

Me contó que no podía vivir en una sociedad donde las personas no piensan ni dialogan. Sus hermanos discuten con sus parejas hasta llegar al insulto por cuestiones tan absurdas como encontrar una pelota para ir a la playa; en el trabajo se dan zarpazos por el sencillo hecho de malinterpretar comentarios; en la universidad unos toman decisiones sin consultar y los otros hablan de terceras personas bajo crítica destructiva. Allí donde iba, todo el mundo se esforzaba en pensar mal de los demás, en tomarse mal las cosas, en generar conflicto y en mantenerse en el drama. Las demás personas estamos habituados a ello, pero este pobre hombre sufría y moría.

- Es agotador, y yo sólo quiero descansar.
- Ahá... Oiga, dígame una cosa... ¿cuándo es que vuelve a ser humano?
- En luna llena soy humano a la fuerza. El resto del tiempo puedo convertirme a voluntad en lobo o humano.
- Ummm... creo que tego el remedio para usted.
- ¡¿Ah sí?! ¿Cuál es? - me preguntó con emoción -.
- Tendrá que tomar una medicación llamada PACIENCIA. Su agente activo es la COMPASIÓN, y lleva algunos excipientes que no producen efecto secundario alguno, como la SABIDURÍA, la CARIDAD y la FE. Tome esa medicación cada vez que se sienta inquieto. Y si eso no funciona...
- ¿... Si no funciona...?
- Si pasados tres días no mejora su estado de salud, póngase un collar de plata. Eso le permitirá ser un lobo para siempre.
- De acuerdo doctor. Gracias por la receta.
- Cuídese.

Pensamos que vivimos en un mundo de luz, y que la transgresión consiste en pasarse a la oscuridad, al mal. Pues bien, en verdad vivimos en un mundo de penumbra, y es tan sencillo pasarse a la luz como a la oscuridad... sólo que la transgresión consiste en pasarse a la luz.

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