Soñando despierto


Noche de insomnio. Por algún motivo, me asaltan pensamientos varios que se suman a un calor típicamente veraniego y no me dejan dormir. Menudo desastre, teniendo en cuenta que a las 6 de la mañana tengo que madrugar. Puede que al final me esté colapsando de verdad y que mi cuerpo ya no aguante más. Mi cabeza está llena de palabras a memorizar para exámenes y llena de avisos de trabajos por terminar; sin embargo, mi corazón me pide un grande, rojo y sonoro STOP porque con cada agitación se rompe un poco más. Y mi Alma... ni siquiera sé si creo en ella.

Las últimas semanas han sido revolucionarias. Bueno, quizá no tanto, aparentemente todo sigue igual... sigo siendo un niño que sueña. La diferencia es que antes no me daba cuenta de cuánto deseaba soñar y sobretodo cuánto deseaba que cada sueño se hiciera realidad. De pequeño me decían que tenía mucha imaginación. En mi imaginación, el mundo podía ser pacífico y feliz. Mis valores morales los saqué de mi imaginación y mis deseos. Mis creencias acerca del mundo también. Pero sucede que el mundo no se rige por las leyes de la imaginación, sino por las leyes de la física, la biología, la psicología, la antropología y la sociología, entre otras.

Y la espiritualidad... ¿qué es realmente la espiritualidad para mí? Ahora que no siento nada dudo de si realmente llegué a sentir algo, de si experiencias pasadas fueron reales. Quizá la espiritualidad sólo fue un concepto que tomé prestado para sentirme un poco mejor, al fin y al cabo está más cerca de un mundo imaginario que de un mundo real. Puede que fuera un capricho, un acto reflejo para tratar de no madurar y aferrarme a la niñez, a los sueños. Yo no quería dejar de soñar. Pero, como a todas las noches les sigue el día, al sueño le sigue el despertar.

Ahora sólo vivo en la duda. ¿Estoy en el sueño o estoy despertando?

Por favor, que muera el dolor. Quisiera saber.

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