El infierno en la cabeza

El infierno vive en mi cabeza. A veces es helado y todo se mantiene estático, aunque no en paz. Otras veces arde en llamas eternas de tortura, desaliento, aflicción, ira, gritos y desespero. Puede ser que tiemble como un terremoto, estalle como un volcán o gire deprisa como un huracán, pero en los tres casos lo arrasa todo siempre y deja a su paso la desolación y la soledad. Mi mente, con el paso del tiempo, es cada vez más inestable y las crisis ocurren con más frecuencia. Los demonios se asientan y permanecen hambrientos, las sombras eclipsan el cielo. Como fantasmas, cruzan las barreras y desgarran con el miedo. Veo espadas clavadas en la tierra y manchadas de sangre oscura, oigo llantos y gritos de terror, siento presencias como suspiros gélidos, y todo ocurre en el mismo sitio, aquí dentro. En ocasiones se esconde, parece como si no estuviera, pero cuando gozo de algo de paz regresa y clama violencia. Quiero que todo termine. No quiero vivir en el infierno.

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