El portador de la luz

[Micro-relato]

Voy vestido de sombra. La negrura se eleva por mi espalda, me recoge los brazos en mangas anchas y llueve por el frente a medida que doy cada paso. En un pasado lejano, mientras soñaba, una estrella descendió desde la noche y se introdujo en mi ser; fue cálida y amable, y me besaba mientras entraba en mi pecho. Una vez dentro, dejé de soñar.

Voy vestido de sombra, mi vigilia son mis huesos, con el andar la oscuridad se hace camino. La calavera se refleja en los espejos, así pues la cubro con la túnica para que no me ofenda. Me fue designado destripar el mal para purificarlo, cortar cabezas para despertar la conciencia, poner fin a la vida para que crezcan las semillas. Mi maestra es mi hoz, me guía al siguiente objetivo; cuando uso la guadaña aprendo una lección valiosa. Es ella la que elije, no yo, la que transforma la oscuridad en camino.

Voy vestido de sombra, la que sólo existe porque en alguna parte hay una luz maravillosa. Hoy la guadaña señala una montaña, parece ser que éste será mi último destino con ella. A medida que la noche crece, la tierra a mis pies se hace más pequeña, y así lentamente la cumbre se acerca hasta mí para saludarme. Las vistas son espectaculares, desde la madrugada todo puede ser medido con la mirada. Aquí donde termina el ciclo hay nieve. La pureza es un bonito final, con ella unto la hoz, y sin contemplaciones desgarro mis fantasmas, justo en la nuca.

Voy vestido de carne y de algodón. Cuando abro los sentidos observo la guadaña transformada en bordón, y junto a mí un fuego encerrado en una pequeña cárcel de cristal para alumbrar el mundo. La nieve es un refugio que me permite contemplar las lecciones convertidas en experiencia. No debería, pero echo una ojeada atrás. No hay rastro de las sombras.

Voy vestido de carne y de algodón, mi edad se refleja en mis pies, y mi pasado en mi rostro. Me he ganado ser merecedor de tener un alma, mi alma. Hoy cumplo mil nacimientos, de nueve ciclos cada uno. Empiezo a entender que el camino siempre trae aquí, exactamente al punto de partida. La gratitud es un lenguaje que pronuncio cuando los vientos invocan mi nombre. Es el albor de mi tarea sagrada, la renuncia a otra vida para hacer de faro a los que siguen en la sombra. Inevitablemente la oscuridad les traerá a todos aquí, no obstante este fuego puede acortar recorridos.

Voy vestido de carne y algodón, soy minucioso con los preparativos, me aseguro de que todo está listo y siento que todo es correcto. Me armo con el bordón, me protejo con la verdad y soy portador del candil. Con paso firme, la montaña queda atrás a medida que se eleva la mañana.

Voy vestido de espíritu. Cada vez más, el fuego se parece a la estrella de mi alma. Con ella los caminos se cruzan, las metas se aproximan, los pecados son extinguidos. La humanidad se vuelve receptáculo de la esperanza. El futuro está siendo creado. La estrella está siendo compartida.

Yo soy mi protección, mi guía, mi camino. Yo y la estrella, somos uno.

Voy vestido de espíritu, y me desnudo ante la nada.

Voy, y la luminosidad es la base de todas las cosas.

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