Una máquina para salvar al mundo

En una modesta casa de madera cercana a un valle, en una de las montañas más apartadas del planeta con los más variados tonos de color Vida, un hombre entrado en años y su ayudante revolvían el silencio para hacer de él una autopista al pensamiento.

- Señor Ernesto, ¿qué está usted haciendo? -le preguntó el adlátere a su patrón-.
- Estoy construyendo una máquina.
- ¿Desde cuando es usted inventor?
- Desde que también desperté a mis ideales.
- Es usted un filántropo.
- Ayer no lo sabía, hoy sí.
- ¿Para qué sirve esta máquina?
- Para salvar al mundo.
- Señor... ¿se encuentra bien?
- La edad no me ha hecho más loco, me ha vuelto más cuerdo. Fíjese, he buscado en todos los rincones de este valle los mejores materiales. Sin duda esta máquina funcionará y salvará el mundo.
- Si usted lo cree... Oiga, ¿de qué están hechas estas patas? No había visto nunca este material antes. Es transparente y no parece muy duro pero se ve resistente.
- Están hechas de Humildad. Necesitaba una base que pudiera soportar el peso de toda la máquina y a la vez se agarre bien en la tierra.
- Ah... ¿y la cubierta? Es de un blanco muy reflectante.
- Esa cubierta está hecha de Sinceridad bajo un aleaje de Asertividad. El resultado es un material poroso que puede soportar los embistes del exterior y también permite expulsar por irradiación aquello que se geste en el interior tras la combustión, ¡sin contaminar!
- Me sorprende usted señor, ha pensado en todo.
- Además, junto con el programa de Generosidad que le he instalado, hallé un modo de que esta máquina devuelva más de lo que consuma.
- ¡Señor, me está dando miedo!
- No se asuste, don Rafael, esto no es brujería, le aseguro que todo lo ha dado el Valle. La Madre Naturaleza es muy sabia.
- Y dígame, ¿ya se podrá mover bien? El mundo tiene una superficie irregular.
- Sí, todas las articulaciones de la máquina tienen un diseño específico llamado Paciencia. En caso de que se atasquen un poco he preparado un aceite mezcla de Caridad y Perdón que les sienta muy bien.
- ¿Cuál es el motor de esta gran obra suya?
- Evidentemente un motor de combustión interna, de tipo Compasión. Se alimenta de Amor, una fuente de energía inagotable y renovable.
- ¿Realmente usted va a salvar el mundo con esta máquina, Don Ernesto?
- La verdad, no. Yo no haré nada. Yo no necesito ser salvador. Yo simplemente escuché el Valle. Y deseo volver a escucharlo. Todo cuanto haré será poner en marcha esta máquina, justo aquí en esta casa, y me iré a mi nuevo hogar donde siempre hay la voz del Valle.
- ¿Sabe? Cuando miro la máquina siento tranquilidad...
- Jajaja, ¡es usted muy perspicaz, Don Rafael! En efecto, lleva un espejo que recibe y refleja Paz.
- Don Ernesto...
- Dígame, Don Rafael.
- ¿Me puede usted llevar con usted a su nuevo hogar? Quisiera oír la voz del Valle.
- Por supuesto.

Todo cuanto hizo Ernesto fue sentarse a observar. La máquina se construyó sola gracias a la voz del Valle. Luego se puso de pie y caminó. Rafael vio el Valle en Ernesto. Le siguió y escuchó finalmente su voz.

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