Universos paralelos

Me siento tan sola... Siempre me siento así cuando se acercan “esos días del mes”. Me puedo pasar horas en otro mundo, dejando volar la imaginación. Siento un cosquilleo en los labios, y me adentro en las profundidades del reino de Neptuno. La realidad ya se encarga de anclarme los pies.

- ¡Sonia! Deja de soñar, ¡vente con nosotras! Es viernes, ¿no quieres salir a cenar y luego al karaoke?
- Chicas, hoy no me encuentro bien. ¿Qué tal si lo dejamos para la semana que viene?
- Como veas, tú te lo pierdes.

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- Sonia, es viernes, ¿qué tal si vamos al cine?
- Hum, ¿qué película quieres ver?
- Cualquiera está bien.
- Juan... te conozco, es una excusa sólo para poder abrazarme sin que se note y luego besarme en la oscuridad.
- Jajaja, ¡me has pillado!
- ¿Por qué no vamos mejor directamente a mi casa? Yo prefiero que me abraces bien fuerte, que lo sienta, que deje marca.
- Sonia, con lo inocente que pareces...
- ¡Tonto! No creas que no me avergüenza decir estas cosas... pero contigo quiero sentirme libre de poder expresar lo que siento a cada instante. Mi ángel de ojos verdes...
- Sonia... Llévame hasta el fin de este mundo.

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Rechacé la oferta de ir al karaoke con mis amigas y me fui directa a casa. Realmente me siento rara. Creo que tengo fiebre. Siento todo este... calor... que recorre mi cuerpo y me funde el pecho. Estoy segura de que tengo la cara enrojecida. Necesito tumbarme, se me pasará pronto. Busco la cama, me cubro con las sábanas sin desvestirme, me cubro entre la curiosidad y el aliento, entre el temblor y las lágrimas... ¡Qué es esto! ¿Lágrimas? Estoy llorando de felicidad, pero ¿por qué? Es una felicidad efímera, se está evaporando, la llama de mi corazón se va. ¿Qué ocurre? Me ha dejado el cuerpo lleno de una esencia ajena que añoro sin entender si el fuego puede mojarme de esta manera por dentro. Tengo el alma tatuada.

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- Sonia...
- Juan... ¡Aaaaah!

Como cada viernes, Juan se transforma en fuego y me humedece. Yo me transformo en agua y procuro quemarle. Lo que siento por él es adictivo, pero sé que no tendría ningún reparo en hacerlo libre si me lo pidiera, pues así es tanto lo que le amo. Aún así, le rezo a Dios que esto nunca se acabe. Incluso esta fusión es efímera, lo sé, la pasión se apagará un poco en cuanto nuestros cuerpos dejen de estar unidos, pero dejo escapar lágrimas de felicidad. No quiero contenerme, me quiero derretir ahora.

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Abro los ojos y me veo en la cama. Las sábanas están revueltas, si pudieran hablar se quejarían de cómo las he hecho retorcer. La fiebre ha bajado, me encuentro algo mejor, pero también más sola. Me pregunto si existe un universo alternativo donde yo no esté sola, y cómo sería mi vida si la compartiera con alguien. ¿Sería especial?¿Sería guapo?¿Me sabría hacer reír?¿Sería culto?¿Me sabría amar? Es sábado ya, será mejor que me duche y me cambie de ropa, estoy sudada y tengo que salir a hacer la compra.

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- Juan, ¿crees que el destino nos ha unido?
- No sé si existe el destino, pero te diré que estoy seguro que tú siempre me has llamado desde la eternidad y me siento afortunado de haber respondido la llamada.
- Eres todo un filósofo...
- Y tú eres todo lo que amo.

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Veamos... tengo la fruta, el agua, las verduras, los congelados, el gel de baño... Sí, está todo. Voy a caja. Vuelve a ser un día como los de antes, yo sumida en mi mundo mientras pongo la comida en la cinta y... ¡auch! ¿Un carrito ha chocado conmigo?

- ¡Lo siento! ¿Te he hecho daño? -me preguntó con ojos de perrito, unos increíbles ojos verdes... ¿será un ángel?-.
- No, estoy bien.
- Iba distraído...
- No te preocupes... -por alguna razón el corazón me late con fuerza-.
- Disculpa un segundo... ¿nos conocemos?
- No, no lo creo...
- Tengo la sensación de habernos visto antes. Es como si... como si siempre me hubieras estado llamando.
- … -la cajera me miraba esperando que pagara mientras atrás se formaba una cola monumental; me di prisa en dar el dinero y coger mis cosas-.
- ¡Espera! ¿No me darás la oportunidad de responder a tu llamada? ¿Puedo invitarte a un café? -el chico se dio prisa también y quedó frente a mí; ¿lo conozco de algún otro lado?-.
- ¿Cómo te llamas?
- Juan.
- Juan... te pega más el nombre de Sócrates.
- ¿Eh?
- Era una broma -le sonreí-. Pareces un filósofo con lo de la llamada. Está bien, te acepto un té. Yo me llamo Sonia.

¿Existe el destino? ¿Será cierto que le he estado gritando “por favor, ven a buscarme”? Creo que al fin mis días de soledad se han terminado.

Comentarios

  1. uauuuu!!! mola mogollón!!! Me quedo con esa frase de quemar al fuego con agua. He disfrutado mucho con ésta lectura, genialª!

    NaTuRa

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  2. Gracias. No tenía idea de que me leías, me siento halagado por tu comentario.

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