Profecía 3 - Final

Como humo surgió de nuevo la sombra. Tuvo muchas victorias y tenía ahora una derrota. La serpiente en su interior tenía, al fin, sólo dos opciones: ignorar el aura resplandeciente que se halla sentada delante de la higuera y morir con su propio veneno, o atacar con contundencia y maldad a riesgo de ser sublimado.

- Dame tu Alma -habló la sombra al resplandor-.
- Maya. ¿Supones que la Existencia puede quedar atrapada en la ilusión de la No-Existencia? Tal cosa es imposible. Podrás atrapar las mentes y los corazones de las gentes, mas no la Existencia.
- Siddharta, sabes bien que puedo seducirte, conozco tus debilidades, y tú eres débil entre los mortales: crecido en una burbuja de riqueza y apego, con temor a la muerte y la enfermedad, maldecido por tus mentores que no te comprendieron... Tu sacrificio no es útil, no salvará a nadie, ni puedes salvarte a ti mismo.
- Fíjate dónde estoy. Reposo en equilibrio en el vacío, donde la frontera de una mente estructurada sobre el fundamento del engaño ha sido disuelto, donde nace el reino de una luz que amas y que nunca es tuya. No hay apego aquí. No hay necesidad de salvación para nadie ni para mí mismo.
- ¿En qué equilibrio te sostienes? Dentro de ti hay lucha, hay violencia, instinto predador. Puedo sentirlo en ti, conozco tu karma. Y puedo devolverte ese infierno multiplicado por miles.
- Aunque me ataquen espadas y flechas, son lotos para mí. Donde nace la luz, en esta fuente de vida eterna, no hay ira ni miedo, no hay envidia ni ignorancia; no hay hambre ni sed.
- Eres arrogante, Siddharta. ¿Qué autoridad crees que tienes, con esa soberbia, para reclamar y merecer el regalo de la iluminación?
- Tienes razón Maya, no soy digno de ser mi propio defensor. Por eso, toco ahora la tierra e invoco a su hija, para que me juzgue según sea conveniente.
- No será posible... -murmuró Maya asustado; de la tierra emanó una esencia conocida sosteniendo una granada-. ¡Perséfone!
- Hola esposo. Te advertí que pondría límites a tu oscuridad. Tengo el placer de anunciar que me encontré a Siddharta en su viaje al infierno, donde me conocen como Dama de Hierro, y fui testigo de su transformación. Liberado queda de tu yugo.
- ¡Jamás! -perseveró Maya/Hades-. Mientras un humano pise esta tierra, me pertenece.
- Él ya no es humano, por eso no puede ser atado -y se dirigió a Siddharta-. Por bien que recorriste tu camino, moriste como humano y renaciste desde el Espíritu; así, Espíritu eres ahora. Te concedo el conocimiento que guarda la tierra, y un pase a la sabiduría del cielo. Podrás ver tu recorrido entero y caminar ahora el infinito.
- Por bien que soy Espíritu – dijo Siddharta-, tengo vestidura de hombre, y así me presentaré a todos.
- ¿Lo ves, Hades? -anunció Tara/Perséfone-. Ése es el logro de Prometeo: que un ser inferior, aún siendo superior en conciencia, decida servir igualándose a todos.
- ¿Qué logro hay en ello? -inquirió Hades-.
- El de la Humildad, el de la capacidad para Realizarse. Tiene la herramienta más poderosa, y con ella podrá liberar a otros...
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- Y así cuentan que Siddharta Gautama alcanzó la iluminación -dijo Jeshua-.
- ¿Entonces no fuiste tú? ¿No te tentó el diablo? - preguntó Simón Pedro-.
- Eso es una segunda parte de la historia que hoy no toca contar -respondió con un guiño y una sonrisa-.

Firmado: Johannan (Juan), discípulo de Jeshua ben Jospeh de Nazareth

Comentarios

  1. Hola Asthar, me llamo Ángel Hernández, vivo en Valencia, y me gusta tu enfoqure Reiki, y la espiritualidad que subyace en tu proceso, en tu camino....me gustaría saber si puedo contactar de alguna manera contigo...este es mi e-mail por si quieres que hablemos:
    angelthekid2009@hotmail.com

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