La caja de Pandora - parte siete

- ¿Me echabais de menos? -dice Pandora con ironía-.
- No puedes estar viva -añade mi compañero, sacando de nuevo su pistola-. ¿Cómo conoces este lugar?
- Me subestimas, cariño. Soy una entidad artificial capaz de crear un campo electromagnético que se ajuste a tus ondas cerebrales. Cada vez que aprendo un patrón cerebral nuevo lo puedo rastrear hasta cualquier sitio.
- ¡Maldita seas! - se dispone a disparar, pero con un gesto de mano Pandora aleja la pistola... ¡telequinéticamente! Pandora corre veloz y agarra del cuello a Marcos-.
- Los hombres como tú se vuelven locos al verme – dice usando el sarcasmo-. Te voy a freír el cerebro.
- Esta caja – digo interrumpiéndola – debe ser como una videocámara, ¿no? Si la destruyo perderás los datos registrados. E intuyo que son muy valiosos para ti.
- ¿Qué crees que vas a hacer? -dijo ofuscada-.
- ¡Salir corriendo!
- Maldito...

Emprendo una huida apresurada con la caja aferrada a mis manos. Oigo los pasos de Pandora correr tras de mí. Es todo muy confuso, aún no entiendo quién o qué es ella, ni siquiera imaginaba que la caja grabadora realmente fuera importante para ella. Espero que Marcos esté bien.

Me voy metiendo en pasillos y habitaciones, desorientándome, con la esperanza de despistarla o encontrar una herramienta contundente con la que romper la caja. No puedo pensar en otra cosa. Pandora me alcanza, me agarra por la espalda y me da la vuelta estampándome contra la pared, poniendo luego su mano derecha en mi pecho.

- No entiendo por qué te alejas de mí. Tengo una personalidad electrizante, y estoy segura que tu corazón se alegra tanto de verme que se parará de la emoción.

Planea provocarme un ataque cardíaco. Puedo sentir el cosquilleo de su corriente eléctrica aumentando en intensidad. Justo aparece el bueno de Marcos atacándola por detrás con una de las espadas del decorado. El filo apenas le hace ningún rasguño.

- Eres muy molesto – Pandora vuelve a cogerlo del cuello, pero no pasa nada -. ¿Qué ocurre?
- Me he puesto una cruz de plata – apuntó el excomulgado-. Hacía tiempo que no la usaba y tengo entendido que la plata puede proteger contra algunas radiaciones electromagnéticas.
- Aumentaré la intensidad de la corriente.

Le doy a Pandora en la cabeza con la caja, y ella cae al suelo. Los dos emprendemos una nueva fuga. Me había imaginado que la caja es de un material duro y resistente capaz de noquearla temporalmente. Al correr me parece ver de reojo un dibujo grabado en una de las paredes interiores de piedra. Me detengo un momento y observo que es similar a los símbolos de la caja.

- Observe esto – le dije a Marcos-.
- Vamos, no nos paremos aquí, Pandora nos pisa los talones.
- Aquí hay algo – afirmo; palpo la pared y encuentro un surco. Aprieto fuerte y un trozo de pared se abre ligeramente al interior, como una puerta -. Esto parece una película.
- Venga Indiana, apresúrese.

Empujo y nos metemos por el hueco. Todo está oscuro. Marcos, hombre de recursos, saca de su bolsillo un mechero. Vemos que la entrada se cierra a nuestras espaldas y la cámara da lugar a unas escaleras descendentes. Encontramos cirios y teas cada pocos metros de escalera, y tomamos un velón para alumbrarnos mejor. A medida que bajamos van apareciendo otras formas de iluminación, como lucernas árabes o menorás judías.

- Qué mezcla más extraña -detecto-.
- ¿Será esto el lugar de la leyenda? Aquí hay mucho más que cristianismo o islam, hay otras figuras. Son distintos símbolos religiosos conviviendo en armonía.
- ¿Qué símbolos?
- Si sólo quisieran alumbrar la escalera, con las teas o los cirios bastaría. Quisieron preservar varias formas de iluminación porque representan algo: la Conciencia, el Alma, la Luz divina. Esencialmente, que indistintamente del camino que elijas, el resultado será tu realización espiritual.
- ¿Todo eso lo deduce usted sobre la marcha?

Pasados unos minutos termina la escalera y topamos con una puerta de madera con un grabado en ella: un ser humano con dos cabezas, es mitad hombre y mitad mujer, tiene un pie en tierra y otro hundido en el mar, una mano la sostiene en el aire y con la otra lleva una antorcha. Hay una inscripción en latín que reza: EGO SUM QUI SUM.

- ¡Válgame Dios – exclama Marcos.
- De repente se ha vuelto usted muy religioso.
- Es un grabado alquímico. Me puedo figurar lo que hay tras esa puerta.

Abrimos el portal sin dificultad y encendemos las diferentes teas y lámparas de la sala que mágicamente elije mostrarse con humildad ante nosotros. Asombrosamente, del vacío, se perfila un antiguo laboratorio. También es en parte biblioteca, pues hay decenas de estanterías con centenares de libros. Es curioso encontrar en un mismo estante distintos libros religiosos: el Qurán, la Biblia, la Torá...

- ¡Fíjese! -le digo- ¡Hay una traducción al griego del Tao Te King! Y otra en latín.
- También está el Dharmapada. Menuda utopía, todas las religiones conviviendo en paz buscando juntas a Dios.
- ¿Seguro que aquí había religiosos?
- Sí, observe, quedan vestiduras antiguas colgadas en alguna pared. Pertenecían a monjes de distintas creencias.
- Hay libros egipcios, manuales de medicina y farmacia, astrología, ¿un libro de autómatas? Parece una pequeña biblioteca de Alejandría.
- Aquí podrían hallarse copias de libros perdidos. Es importante que se dé a conocer el hallazgo, es de gran valor.
- Espere... -veo un libro que resplandece con la luz tenue de la sala; lo tomo y le soplo un poco el polvo; tiene grabados símbolos hebreos-. ¿Entiende usted el hebreo? ¿Qué pone en esta cubierta de libro?
- Sí, puedo leer algo de hebreo, aquí dice... “Libro de Abraham”. Curioso, las tapas parecen de cobre pero son doradas. Me suena de algo...
- El interior está repleto de grabados como los de la puerta. Dijo usted que aquello tiene significado alquímico.
- ¡Pues claro! ¡El libro de Abraham! Es el libro que Flamel menciona que le ayudó a encontrar la piedra filosofal.
- A ver si lo entiendo, todo este laboratorio... ¿es una zona de investigación alquímica?
- Exacto, ¿no lo había notado? Con todos esos alambiques, hornos, balanzas, matraces... Esta biblioteca contiene manuales de alquimia. Es el conocimiento supremo al que aspiraban alcanzar, con ello obtendrían inmortalidad, la cura a todas las enfermedades, sabiduría, riquezas...
- Pero nunca se ha documentado que eso ocurriera. La piedra filosofal es una utopía.
- Está claro que ni usted ni yo la hemos visto.

Muy al fondo, casi oculta, hay una vitrina. Sería fácil pasarla por alto. Me pareció ver un reflejo dorado amaneciendo en ella. Me acerco y veo que contiene un tarro de cristal con una piedra rojiza en su interior, con brillo entre cobrizo, iridiscente y dorado. Es un rojo vivo, majestuoso, real, emperador, que clama a la vida. Sólo estar cerca de la piedra me llena de alegría y esperanza, y reconfortado como si me hallara en mi hogar. Estoy en casa... Abro el tarro y en mis oídos oigo un suave sonido similar al que produce un diapasón. Me siento vibrar. Tomo la piedra entre mis manos y me dejo desfallecer con el corazón en paz.

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