Nigredo (parte 1)

Éste es uno de mis cuentos más viejos. Será el primer relato del año.
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El negro cielo auguraba el final. La ligera lluvia calaba poco a poco al guerrero Esseo, y se mezclaba con su frío sudor de temor. El guerrero no quería permitirse tener miedo, pero ¿qué podía hacer en aquella situación? Sus ataques habían sido inútiles, ni tan siquiera le habían permitido acercarse a su objetivo, y sus defensas habrían resultado ser más débiles que una hoja de pergamino. Se encontraba ahora con una espada quebrada y sólo la asa de lo que había llegado a ser un poderoso y brillante escudo, hasta ese momento infalible. Para colmo, arrodillado de angustia en medio de la calle, representaba un blanco fácil para aquel ser malévolo.

A través de aquella oscuridad le pareció ver cierta claridad. Subió la mirada para ver de qué se trataba y podía divisar un destello rubí que se acercaba. Lo conocía bien, había visto en otras ocasiones ese resplandor y sabía lo que hacía, sabía que la hora de su muerte había llegado. Al fondo del brillo rubí podía divisar la oscura figura de quien perpetraba el diabólico hechizo de Muerte Mística, apenas una sombra, pero tenaz y firme en su voluntad.

Esseo cerró los ojos para aguardar su término con algo de serenidad. Pasaron unos segundos y no pasó nada. De repente, notó que algo le tiraba ligeramente hacia atrás, como si acabara de recibir una onda expansiva. Abrió los ojos y vio que otra figura, aparentemente humana, estaba enfrente suyo y bloqueaba la trayectoria del rayo demoledor. Agudizó su vista y vio a un hombre de viejos harapos con un bastón en su mano derecha y que sostenía un gesto con la izquierda: el dedo índice y el corazón se mantenían erguidos y juntos, mientras los otros dedos estaban recogidos. Parecía que le costaba mantenerse en pie y que alrededor suyo empezaba a verse una blanca aura.

En ese momento cambió de posición el gesto con un golpe de muñeca, y en vez de tener aquellos dedos mirando al cielo los tenía ahora en horizontal mirando a la derecha. El resplandor rubí cesó. A lo lejos brilló un relámpago, y con la claridad Esseo vio que la sombra había desaparecido también.

Esseo y el desconocido pasaron sin moverse algunos minutos, recuperando la calma y la respiración. Entonces, el hombre de viejos harapos atados con una cuerda como cinturón se giró y descubrió al guerrero su cara también anciana, con barba cana y pelo blanco muy corto. El guerrero, aún sin saber muy bien qué acababa de ocurrir, empezó un diálogo.
- ¿Quién sois vos?
- Mi nombre es Letus – respondió el anciano de viejos y marrones vestidos-.
- Ante todo, mi más sincero agradecimiento – aclaró el guerrero; la voz del viejo le pareció amigable-. Mi nombre es...
- Esseo. Os conozco.
- ¿Vos me conocéis? ¿Qué está pasando aquí?
- Solus se está haciendo con todo el mundo. Está empleando magia interna y contra eso no hay ataque ni escudo mágico que valga.
- ¿Así que esa cosa se llama Solus?
- “Esa cosa” es un Mago. En definitiva, un ser humano.
- No parece tener nada de humano... - se hizo un silencio momentáneo-. Habéis dicho que contra la magia interna nada puede hacerse, pero vos me habéis salvado la vida. ¿Cómo lo hicisteis?
- También empleé magia interna.
- Esa magia interna es...
- ¿Mala?
- Sí...
- No por sí misma. Solus la usa para desconectar a las personas de su Alma. Eso convierte a la gente en seres temerosos que emiten gran cantidad de Miedo, y Solus se alimenta de Miedo. Eso no hace mala a la magia interna. Magia interna es sólo eso, magia interna.

A Esseo le brillaron los ojos de esperanza. Tal vez aquel hombre, Letus, representara un agente capaz de vencer a la oscuridad. Entonces Letus le habló de nuevo:

- Amigo, venid conmigo. Os enseñaré a usar magia interna.

Quedaron atrás los restos de una espada y un escudo que jamás brillaron.

Comentarios

  1. Mmmmm....háblanos pronto de la Magia Interna, Ásthar, por favor, esto es muy interesante!!!!!

    Un dulce abrazo, muy feliz año!!!!!!

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