Nigredo (Parte 2)

Unas calles más lejos, Esseo se encontraba ante un portalón pequeño de madera, y el anciano acababa de abrirla. Dentro sólo había negrura. Entonces el viejo juntó las manos frente el pecho en posición de rezar y dijo “Donde había oscuridad, ¡hágase la luz!”. Y se vieron algunas chispas que centellearon, y aquél lugar empezó a tomar forma de hogar; la magia había hecho que algunas velas, repartidas por todo el salón, se encendieran y fueran su iluminación. Letus indicó a Esseo que podía pasar al interior, y así lo hizo. Era un lugar humilde, había tan sólo una mesa redonda de madera con cuatro sillas, y algunas estanterías en las paredes que guardaban libros. De la pared enfrente a la puerta de entrada colgaba un tapiz con motivos violetas y verdes, bastante castigado por el tiempo, parecía que a ratos ondulara un poco, pero el guerrero pensó que su imaginación jugaba con él debido al cansancio.


- Ésta es mi morada – anunció Letus -. ¿Os apetece una infusión?
- No deseo ser una molestia para vos...
- ¡Bah, pamplinas! - Letus se acercó a la mesa y quedó delante de Esseo, de modo que el guerrero no veía lo que hacía el mago con sus manos; se oyó un suave murmullo de líquido y el mago se giró con una taza de barro en la mano ofreciéndosela a Esseo, y éste percibió que había otra taza más en la mesa, junto con una tetera humeante -. Aquí tenéis, buen hombre.
- ¿C... Cómo habéis hecho eso? ¡Antes no había nada! -replicó sorprendido-.
- No penséis en eso ahora, disfrutad del buen momento en paz y a continuación os daré conversación.

Esseo acercó la taza al rostro. Le acarició la piel el suave aroma de la manzanilla y se embriagó de bienestar. Ligeramente apoyó la taza en los labios y sorbió. El barro daba color al sabor de la infusión, y Esseo se sentía como si estuviera bebiendo Esencia de Dios.

- Señor, hay magia en todo lo que hacéis -dijo el guerrero-.
- Llamadme por mi nombre, por favor – el mago sonrió-. El alma de la manzanilla es la Serenidad, y tiene el poder de conectar con uno mismo. La Serenidad puede encontrarse en cualquier lugar si se busca bien, por eso apareció la manzanilla sobre la mesa -y el mago le guiñó un ojo al guerrero-. Bien, supongo que el cuerpo os pide descanso. Sin embargo, es un buen momento para reforzar el Espíritu. Acompañadme.

Letus se dirigió al tapiz. Lo cogió por un extremo y lo levantó, descubriendo el acceso a otra sala. Esseo le siguió y observó que el mago juntó de nuevo las manos en posición de rezar y se encendió la luz de un cirio que había dispuesto en una esquina. En el suelo había pintado un círculo blanco perfecto, con un punto de unos treinta centímetros en el centro.

- Sentaos -señaló Letus, y el guerrero reposó su cuerpo con las piernas cruzadas dentro del círculo, cerca de la entrada; el mago se sentó en la parte diametralmente opuesta del círculo, de modo que quedaba frente a Esseo-. Respiremos profundamente... -ambos tomaron unas buenas bocanadas de aire-. Bien, bien... Ahora juntad las manos, palma a palma, a la altura del corazón. Me habéis visto a mi hacer lo mismo, ¿cierto? Este gesto es el que activa la magia interior y hace que el Alma tome el cetro de poder en vez de vuestra mente o vuestro cuerpo. Aún así, si el cuerpo no está relajado es difícil garantizar el uso de magia interna, ¿sí?
- De acuerdo.
- Un detalle importante: la magia interna sólo manifiesta lo que lleváis vos en vuestra Alma, nada más... y nada menos. Por lo tanto, el primer requisito es averiguar qué tenéis vos en ella. En el momento en que juntamos las manos la mente nos sirve de espejo donde se refleja lo que lleváis con vos. Ya veréis, cerrad los ojos y comprobadlo vos mismo.

Esseo respiró hondo y bajó lentamente los párpados. No le costó porque le pesaban. Al principio no sabía muy bien qué hacer; el mago dijo de cerrar los ojos pero no ocurría nada. Mientras esperaba a que pasara algo, le vinieron pensamientos varios. Primero pensó en comer un buen estofado. Luego pensó en su familia: su tía y sus hermanas cayeron bajo el hechizo de Muerte Mística de Solus, y desde entonces el cielo permaneció oscuro con negras nubes de pesar y desolación.
La lluvia le llevó a otro pensamiento, un recuerdo donde su padre le enseñaba el arte de la espada en plena calle bajo la lluvia de marzo; Esseo, con tan sólo 8 años de edad, yacía en el suelo y su padre le decía “¡Levántate! Si tú no te levantas ahora y tomas la espada ¿Quién protegerá a tu madre y tus hermanas cuando yo ya no esté?”. Esseo se dio cuenta de que estaba plenamente sumergido en sus recuerdos de tristeza. Su padre desapareció un día y su madre murió enferma al ver que su marido no regresaba, de modo que su tía se ocupó de él y sus hermanas desde entonces. Cuando parecía que ya no podía inundarse más de su dolor algo le llamaba, una luz... no, una voz... “Esseo...”. El guerrero prestó atención. “¡Esseo!”. Abrió los ojos.

- ¡Esseo! Al fin, ya estás de vuelta conmigo -dijo Letus-.
- ¿Qué ha pasado? -preguntó el guerrero, todo confundido-.
- Primero os dejasteis llevar por los deseos de vuestro cuerpo. Tenéis hambre, lo cual es lógico que el cuerpo ganara fuerza a pesar de vuestro estado de relajación. Después, poco a poco, entrasteis en vuestra Alma. -Esseo se llevó una mano a la cabeza-. Os duele la cabeza, ¿verdad?
- Un poco...
- Cuando se entra en el Alma no se experimentan simples recuerdos, sino aquello que tiene una gran huella y que está marcado por el poder de sí mismo.
- No entiendo.
- Cuando algo os impresiona de modo que vos le dejáis entrar en vuestro corazón, impregnáis aquello con el poder de vuestra Alma. Al revivirlo liberasteis ese poder y vuestra mente no ha podido asimilarlo. Recordad siempre que el Alma es fuente de poder.
- La puerta de la magia interior.
- Cierto -Letus le sonrió con complicidad-. Aprendéis rápido. Ahora debéis tener presente algo clave: Solus usa el poder que se halla en sus impresiones más negativas, de ahí la destrucción que desencadena su magia interna. Esseo... ¿qué tal os encontráis ahora?
- Mucho mejor.
- ¿Os apetece seguir con un nuevo ejercicio?
- Por supuesto -respondió decidido el guerrero-.
- Estupendo -Letus fue a por el cirio y lo cambió de sitio, situándolo justo sobre el punto blanco del centro del círculo.-. Listo. Ahora necesito que penséis en un recuerdo positivo sobrecogedor, que tenga fuerza.
Veamos... -Esseo recordó cuando aún no tenía nada de guerrero. Su dulce madre le sostenía en brazos-. Lo tengo.
- Muy bien. Respirad profundo y volved a juntar las manos. Cerrad los ojos y adentraros en vuestro recuerdo positivo. Avisadme cuando estéis -el mago esperó por unos segundos-.
- Ya -anunció el guerrero-.
- Ahora abrid los ojos sin borrar el recuerdo de vuestra mente, y fijad la mirada en la luz flamante de este cirio -Esseo así lo hizo, pero a los pocos segundos se le cansaba la vista-. Tranquilo, podéis parpadear si queréis, pero tratad de no perder la concentración.
- Gracias... -se pasó unos minutos con el ejercicio, y empezó a notar que se ponía rojo a pesar del frío de la sala, incluso comenzó a sudar. Su cuerpo estaba cada vez más caliente.-. Letus, el pecho... ¡me arde el pecho! -Letus permaneció inmóvil y silencioso. De repente el guerrero sintió como si emergiera una onda de choque de algún sitio de sí mismo, y la llama de la vela se apagó. Al instante volvió a encenderse y vio al mago con sus manos unidas.-. ¿Qué fue eso?
- Algo para lo que aún no estáis preparado.
- Todo ese calor...
- Es vuestra Alma.
- ¡Dios mío!
- Os dije que el Alma tiene gran poder.
- Y esa cosa, esa fuerza...
- Ése será vuestro escudo algún día, mas aún no os puedo enseñar a usarlo hasta que no aprendáis algo importante. Por un tiempo seguiremos practicando estos dos ejercicios que os he mostrado, el primero para vaciar la mente y entrar en el Alma, y el segundo para quitar poder a las impresiones negativas del Alma dando fuerza a la luz de vuestros recuerdos sentimentales más positivos.

Letus le dijo a Esseo que por ese día ya habían hecho bastante y que era hora de cenar e ir “a la cama” (el suelo de la sala). Trajo un par de mantas del salón contiguo y le deseó buenas noches no sin antes decirle algo:

- Felicidades, habéis avanzado muchísimo en muy poco tiempo.
- Tengo una pregunta. Vos ya sois diestro en el arte de la magia interna. ¿Por qué no os enfrentáis a Solus?
- Bah, yo sólo soy un mago. Vos sois el guerrero.

Comentarios

Entradas populares