Nigredo (parte 4)

Una vez en casa del mago, cruzaron los tres el tapiz y Letus, con su peculiar técnica de manos, conjuró un bosque entero en la sala circular. El techo pareció desaparecer para dar lugar a un cielo azul hermoso y un sol resplandeciente e intenso. La muchacha quedó sorprendida. Letus dio lugar a las presentaciones en ese momento y ese lugar.

- Siento que no hayamos hablado en todo el camino, pero no podíamos levantar sospechas de que hay “vida” ahí fuera en las calles de la ciudad -señaló el mago-. Sin perder más tiempo, me presento. Mi nombre es Letus.
- Yo me llamo Marta -dijo la chica-.
- Marta... ¿como la princesa del reino? -preguntó el guerrero-.
- De hecho, soy esa Marta, sí.
- ¡La princesa del reino “Buenaventura” se encuentra en frente mío! Siento mis modales... -Esseo se postró ante la joven-.
- No es necesario ese teatro. Por favor, levantaos... -pidió ruborizada-. ¿Cómo os llamáis?
- Esseo.
- Una vez tuve un caballero real, cuando yo era niña, cuyo hijo fue bendecido con el nombre de Esseo.
- Tal vez fuera mi padre. Estuvo en las filas del ejército real.
- ¿Os mencionó alguna vez por qué desertó?
- No me lo contó. Cuando era mozo me explicó que el reino vivía en paz y no necesitaba de su ayuda, pero que si alguna vez volvía a estar en peligro él sería el primero en luchar por el reino. Años después, murió a manos de Solus. Yo no vi la batalla, pero vi cómo mi padre caía desmayado después de que Solus le tocara el pecho con una mano. Después de eso, empezaron a brotar esas nubes oscuras en el cielo y ya no ha vuelto a brillar el sol en esta parte del mundo.
- Lo siento mucho. Quedé preocupada cuando le vi dejar la armadura de plata y la espada real. Nunca más supe de él. Exactamente ¿qué fue lo que pasó? Quiero decir, ¿por qué iría Solus a por vuestro padre?
- Lo ignoro. Tal vez Solus le tenía como una amenaza. Yo lo que recuerdo es que estaba en casa esperando que volviera del bosque a traer madera para encender el fuego de la noche. Sentí que tardaba mucho en regresar y fui en su busca. Desde lejos oí como mi padre y Solus discutían. Cuando me acerqué lo suficiente vi que mi padre emprendía posiciones de defensa y Solus le lanzaba hechizos y maldiciones. Mi padre cayó al suelo de rodillas y entonces Solus avanzó y le puso la mano. Luego juntó las manos como hace Letus y desapareció, dejando a mi padre estirado y sin vida.
- Qué misterio todo esto, y qué sangre fría la de Solus...

El mago miraba con atención a los dos jóvenes. Su mirada escondía un secreto devastador, pero por ahora todo lo que podía hacer era callar para evitar actuar con imprudencia. Entonces le habló a Esseo y le comunicó que el ejercicio de la vela quedaría sustituido por el sol poniente, es decir, debería observar la última hora de sol. Una vez puesto el sol, todos dormirían. Mientras Esseo practicaba, el mago y la princesa salieron de la sala y se dispusieron a cocinar la cena para los tres. Hablaban animosamente, de manera que la muchacha le preguntaba al mago sobre magia interna. Marta observó que en un jarro había flores de manzanilla.

- Cuando no estéis meditando -dijo el mago al guerrero- deberéis mantener vuestro estado mental en conexión con vuestra alma, aprovechando las pausas con Conciencia, fijando vuestra atención en cada movimiento, cada gesto que hagáis, cada pensamiento que tengáis. Cuando caminéis, sólo caminad; cuando comáis, sólo comed. Vuestra meditación, así, se convertirá en vuestra pausa, y vuestra pausa se convertirá en vuestra meditación.

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