Nigredo (parte 5)

A última hora de la tarde, como todos los días, Esseo permanecía sentado con las manos unidas y mirando al Sol ponerse. El aura blanca que manifestaba el guerrero generaba un pequeño viento sobre la escena natural, moviendo la hierba a su alrededor. A pesar del avance que eso suponía después de dos meses de trabajo intenso, Letus insistía en que Esseo siguiera con los ejercicios básicos en vez de enseñarle a usar su escudo personal. Marta se encontraba al lado del mago, tomando una manzanilla y conversando con él.

- Comprendo ahora todo lo referente a Solus, el Alma y los ejercicios que Esseo practica, pero no entiendo cómo le ayudará eso a vencer al hechicero.
- Me preguntáis por técnicas de combate con magia interna. Os equivocáis conmigo, sólo soy un mago, enseño magia pero no enseño a luchar con ella.
- ¿Por qué?
- La magia no existe para la guerra, sino para el equilibrio. No os preocupéis, he dado a Esseo herramientas poderosas y él sabrá hallar el modo de usar lo aprendido para el beneficio de todos.
- Está bien, confío en vos. Espero que todo acabe pronto, ansío regresar a casa. Tengo que cuidar de José. Le quiero con locura...

Al mencionar a José, el aura de Esseo tambaleó y finalmente desapareció. El guerrero quedó petrificado, no entendía qué ocurría.

- ¿Qué fue lo que pasó? - preguntó ansioso el joven-.
- Habéis perdido la concentración -respondió el mago-. Volved a meditar y cuando estéis centrado volved a mirar el sol.
- De acuerdo -obedeció Esseo-.
- ¡Esperad! - gritó Letus, nervioso, poniéndose de pie de un salto-. Solus viene para aquí y viene a por la princesa. Marta, ¡escondeos!

Pero era tarde. La muchacha no tuvo tiempo de reaccionar. Al instante la puerta de entrada estalló en pedazos, y se desvaneció el entorno natural dejando de nuevo al descubierto la sala circular de piedra. Los tres protagonistas salieron de la sala de meditación y vieron a Solus como una negra sombra.

- Vaya, vaya... -dijo la discreta voz de Solus-, mirad quién tenemos aquí, toda una joya de la realeza.
- Será mejor que te vayas, Solus -dijo el mago, cogiendo a Marta y acercándose a Esseo lo máximo posible-.
- ¡No me amenaces! -musitó Solus, y juntó las manos para realizar un ataque de Muerte Mística.
- ¡Ahora Esseo! -gritó Letus, y el guerrero juntó las manos dando lugar a una poderosa protección blanca; Solus parecía confundido, no entendía lo que estaba pasando-.
- ¡Tú! ¡Le has enseñado Magia Interna! Ahora verás... -Solus juntó de nuevo las manos y un fulgor verde salió de ellas empujando hacia atrás todo lo que se encontraba por delante suyo, incluyendo a nuestros tres héroes-.
- Esseo... -musitó Marta mientras trataba de incorporarse del suelo-. Cuento contigo para... -y no tuve tiempo de terminar la frase, Solus volvió a atacar con la Muerte Mística y cayó sobre la princesa, dejándola inconsciente-.
- Me la llevo -afirmó Solus; hizo aparecer una niebla que envolvió todo el escenario, y cuando ésta se disipó ya no había rastro ni del mago negro ni de la muchacha-.

Quedó ahí un guerrero paralizado por la sorpresa y el pánico, y un mago mudo que veía la oscuridad de la noche a través de la destrozada entrada de su casa.

Comentarios

Entradas populares