Cuento infantil: La Primera Navidad

He aquí un cuento de mi autoría.

Hace mucho, mucho tiempo, cuando habitaban los primeros hombres y las primeras mujeres en la Tierra, todas las personas vivían felices. No conocían la tristeza, el dolor, la enfermedad ni el sufrimiento. Siembre había abundante cosecha, las flores sonreían y desprendían su fragancia todo el año y el Sol, los días que no llovía, siempre brillaba fuerte y alegre.

Pero un día todo eso cambió. Los hombres y mujeres de la Tierra empezaron a pelearse entre ellos. Algunos robaban las cosechas de otros, algunos gritaban y herían a otros, y había quien abandonaba a los que habían sido sus hermanos. Las personas empezaron a sentir enfado, tristeza, miedo y soledad, y algunas de ellas enfermaron con mucha debilidad y altas fiebres.

Los ancianos y ancianas, que eran los sabios, miraron a su entorno y vieron que también las flores dejaron de sonreír, que los alimentos dejaron de crecer en los campos, que cada día hacía más frío y el Sol disminuía su brillo entristecido. Era la primera vez que venía el invierno y ellos pensaron que sería el fin del mundo, que todo moriría. Pero como eran sabios supieron que existía una posibilidad de salvación, que había alguien que podía devolver la esperanza: los niños y las niñas.

Sus abuelos les dieron una tarea muy importante: ir a la Montaña Dulce, donde se halla el Árbol Sagrado, y preguntarle al árbol por qué había caído esa maldición sobre las personas y cómo podían detenerla. Con mucha valentía, todos los niños y niñas de esa primera humanidad caminaron y caminaron muy adentro de la Montaña Dulce, que aún conservaba aromas de canela, vainilla y cacao. Un sendero de estrellas condujo a estos pequeñuelos hasta el Árbol Sagrado. El Árbol, al verlos, sonrió con mucho amor y les contó que les estaba esperando. Les explicó que todas las cosas buenas y bellas del mundo era un reflejo del corazón puro y del comportamiento ejemplar de los seres humanos; cuando las personas eran amorosas y se ayudaban unas a otras toda la Tierra se mantenía feliz, había cosechas, flores y un Sol fuerte; pero cuando las personas empezaron a odiar y a codiciar la Tierra se entristeció y llegó el frío y la enfermedad. El Sol, además, corría el riesgo de morir y dejaría a toda la Tierra en una noche eterna si las personas no se daban prisa a cambiar. Habían olvidado que en realidad tienen un corazón bondadoso y es necesario que lo recuerden.

Los niños y niñas idearon un plan. Volvieron corriendo a sus casas y primero regalaron a sus familiares un abrazo y un “te quiero” que les salía del corazón. Luego fueron a visitar uno a uno a todos sus conocidos para regalarles palabras de afecto y de expresión de todas aquellas cualidades positivas que esas personas tenían en su interior pero ignoraban. Los ojos de los niños y las niñas ven la Verdad y por eso veían esas cualidades en los demás. Los niños y niñas fueron a ver a cada persona solitaria y les regalaron tiempo de compañía.

Y el milagro sucedió: todas las personas dejaron de sentirse tristes, miedosas o enfadadas; todos los adultos volvieron poco a poco a tratarse mejor los unos a los otros, a respetarse y a amarse mucho. Los enfermos se curaron. Y finalmente... ¡El Sol volvió a brillar fuerte y alegre! Desde ese día, cada mañana el Sol subía más alto en el cielo y estaba más contento. Regresaron las abundantes cosechas y los prados florecidos.

La humanidad había aprendido una importante lección: el amor y el ayudar a los demás son la llave de la felicidad. Pero la naturaleza sabe que el ser humano puede ser olvidadizo. Por eso todos los años llega el invierno y por eso todas las personas en diciembre hacen sus celebraciones: los dulces como los turrones para recordar la Montaña Dulce, el abeto o el pino con sus decoraciones para recordar al Árbol Sagrado, la estrella que se coloca en el árbol o en el pesebre para recordar el sendero de estrellas que lleva hasta él, y los regalos para recordar la generosidad y el altruismo con que actuaron esos primeros niños y niñas. Pero sobretodo en estas fechas celebramos el nacimiento de un niño, porque fueron los niños y las niñas del planeta quienes inventaron la Navidad.

Cada año celebramos la Navidad con alegría, con amor y portándonos bien, para de esta manera espantar al invierno y hacer que todos seamos felices y que la Tierra siempre esté alegre y el Sol brille un poco más cada día, con la promesa de una nueva primavera.

Ásthar Gómez Frigola

Comentarios

  1. Es precioso, es precioso de verdad, me encanta!!!! Guardar ese Espiritu es guardar el tesoro de la Vida. Gracias por este tesoro.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares