¿Para qué meditar?

Voy a intentar reactivar el blog un poco y me gustaría empezar por el tema de la meditación. Sobre esto se ha hablado muchísimo largo y tendido en todas partes, tanto en webs, vídeos o libros, y salvo excepciones suelo encontrar mucha confusión al respecto.

Quiero plantear primero la siguiente pregunta: ¿qué busca la gente en la meditación?

La respuesta parece bastante sencilla aunque muy variada: paz, silencio, escapar al estrés y al ruido de la vida cotidiana, autoconocimiento... Las personas más “metafísicas” dirán también que para purificar, limpiar, ascender, invocar a entidades o energías y un largo etcétera, porque si algo he visto es que no paran de crearse “meditaciones” una tras otra para usos muy específicos, como si fueran apps de móvil.

Las personas han perdido de vista el objetivo central de la meditación, para qué se medita en realidad, junto con la definición de qué es la meditación en verdad. Eso añadido al tipo de vida apresurada y caótica que solemos tener la mayoría hace que en la meditación se busque un recurso para escapar, para huir, para evadirse de todo. Uno busca traer “luces” a su vida o irse a un rincón de su mente donde no se le moleste, y como eso genera un movimiento energético en su interior o bien le satisface y le calma entonces esta persona puede creer que ha tenido éxito con la meditación. Es falso. No se está meditando siquiera.

No hay nada más Presente, más “Aquí y Ahora” que la Meditación. Cuando la gente prueba la auténtica Meditación suele agobiarse mucho porque no encuentra la evasión sino la resistencia para aceptar el lugar en el que está, el momento en el que está, las cosas que trae la vida en este instante, las cosas que trae la propia persona en este instante. Tras un tiempo guiando meditación me topé con el siguiente hecho curioso: meditar con los ojos semiabiertos generaba ansiedad aproximadamente en la mitad de los participantes, y directamente era rechazado por aquellos que ya “llevan tiempo meditando” y lo hacen con los ojos cerrados. En estos últimos, lejos de lo que pudiéramos pensar no es porque sea un hábito meditar con los ojos cerrados sino por la inquietud que crea la mirada hacia el entorno. Lo paradójico es que cuando uno cierra los ojos no mira realmente su interior, su Alma (a menos que se busque eso de manera específica y con la técnica adecuada), sino sólo el ruido de su mente, su Ego, sus deseos; del mismo modo, con los ojos semiabiertos la mirada en meditación será interior, pero será una mirada de aceptación, de integración, de no-lucha y de no-.resistencia.

En la meditación, incluso cuando se hace “bien”, pueden ocurrir muchas trampas. Una de ellas es la de las “experiencias positivas”. Al meditar a veces la gente percibe imágenes bellas en su mente, o siente emociones y sensaciones agradables, lo cual en sí mismo no es malo pero hay que recordar que es impermamente porque su naturaleza es la vacuidad. Lo que sucede aquí es que la gente se apega a esto y luego lo busca recrear o lo toma como indicativo de buena meditación. Lo cierto es que ninguna experiencia en meditación, buena o mala, es indicativa de nada. La mente irá vaciándose de todo lo que lleva dentro y eso generará espontáneamente esas experiencias transitorias.

Cuando, además, se busca compartir las experiencias que se tienen en meditación entonces uno pierde el enfoque real de la meditación. Uno ya no está sólo observando desinteresadamente esas experiencias, sino que uno se aferra a ellas al querer expresar y compartir porque no las deja marchar y fluir. En una ocasión, hace ya tiempo, ocurrió algo en un grupo de meditación que me chocó: tras recitar el mantra de la compasión y hacer meditación en silencio, se propuso hacer una rueda de comentar las experiencias (yo me mantuve en silencio) y en ningún momento se mencionó la palabra compasión, ya que nadie había experimentado eso, aunque sí se comentaron sensaciones placenteras y de relajación; de casualidad surgió el tema de qué es un bodhishatva en base a un vídeo que corre por Youtube y tampoco nadie supo relacionar el concepto de bodhishatva con la motivación compasiva. Yo intenté de manera indirecta cuestionar lo que había ocurrido en esa meditación y también lo que pensábamos acerca de qué es un bodhishatva pero me encontré con posturas defensivas. Salí de ahí con la pregunta “¿para qué meditamos en este grupo?”. Así pues, no importa si es uno solo o es en grupo, apegarse a las experiencias que se tienen en meditación o al propio acto de meditar nos hace perder el norte. Como todo es transitorio hay que tomarlo todo de manera transitoria: una vez ya ha ocurrido hay que dejarlo en el pasado, olvidarse de eso.

Entonces, ¿qué es meditar? Fácil: todos los meditadores budistas y taoístas coinciden en afirmar que es un instrumento para el “control” de la mente o, mejor dicho, para su educación mediante su focalización desapegada. Es importante este punto porque hay gente que falla al definir la meditación o no se atreve a definirla incluso diciendo que no es definible porque “es una experiencia” y hay que vivirla para entenderla. Lo que hay que vivir para entender es la vacuidad y la luminosidad esencial de la conciencia, pero la herramienta que es la meditación hay que saber definirla y comprenderla para entender para qué se medita sino uno irá dando palos de ciego.

El concepto de educación de la mente es fundamental. Desde pequeños nos enseñan muchas cosas: cómo usar el cuerpo para jugar, para competir o para crear y experimentar, cómo usar el habla para comunicarse, cómo socializar... pero no nos enseñan cómo gestionar emociones ni cómo tener una mente clara, atenta, focalizada, a la vez analítica y receptiva, concentrada y limpia y gestionada. Curiosamente se nos exige eso mismo, concentración total y absoluta y motivación para esa concentración, pero no se entrena a ello. Sin una mente gestionada tampoco se pueden gestionar las experiencias ni las emociones. No sólo es esencial para la espiritualidad, para “retornar a casa”, a la luminosidad; es vital también para la vida cotidiana. Y un dato importante: meditar implica también el desarrollo de la compasión y el altruismo como requisito indispensable en la educación mental.

Como consecuencia de este entrenamiento surgen los diferentes beneficios que la gente busca: paz, tranquilidad, felicidad, autoconocimiento, pensamiento correcto, habla correcta, actitud correcta, conducta correcta, bienestar... Todo esto no sólo para uno mismo sino para beneficio de todos los seres sintientes, pues la motivación compasiva es uno de los pilares de la buena meditación.

Cuando el propósito de la meditación es espiritual, hay que conocer de qué va esto de la luminosidad y la vacuidad, y esto está ligado a la impermanencia. En primer lugar nada es permanente, todo lo que aparece en el mundo y en la vida (también en la mente) luego se disuelve, hasta las emociones son transitorias; la buena noticia es que las experiencias negativas no son eternas y cuando se las observa de frente en meditación ocurre algo: se evaporan o, mejor dicho, se funden con algo que podríamos calificar de “vacío”. Este vacío no es una “nada”, por eso me gusta más llamarlo vacuidad, pero sí que como vacío transmite la idea de que dichas experiencias no tienen una base real y en budismo se dice que no tienen entidad propia. Lo que sí están son condicionadas, es decir, emergen debido a que nuestra percepción y vivencia condiciona que así se manifiesten como “experiencias positivas o negativas”.

Sin embargo, por debajo de ese caos fluctuante e impermanente hay algo que observa sin cuestionar dichas experiencias: la Conciencia. Se dice de la Conciencia que es el aspecto luminoso de la mente como una metáfora, ya que la conciencia hace de antorcha: con ella se enfocan varias cosas sin que la propia “luz” de la conciencia se vea modificada por aquello que ilumina (como dice Matthieu Ricard, si la luz ilumina una basura la luz no se ensucia, si la luz ilumina oro la luz no se vuelve más cara); la naturaleza básica de la conciencia permite muchos contenidos distintos (odio, amor, celos, alegría...) pero no está determinada sino que tiene el potencial de ir en cualquier dirección sin quedar condicionada.

Aquí viene el quid de la cuestión: al meditar los pensamientos se disuelven, la mente se pacifica y luego “regresa a casa” hacia la luminosidad básica de la conciencia desde donde se ilumina todo. El proceso es largo y tiene varias etapas, incluso puede tener grados varios de dificultad según el practicante sea inexperto o avanzado, pero éste sería el resumen. Con la práctica de la meditación uno puede alcanzar la iluminación. Pero, para enlazarlo con lo que dije a principio del post, esto no se consigue con la evasión ni con la imaginación, uno no busca “visualizar” esa luz y de hecho no busca nada al meditar. No hay que meditar con pretensiones ni expectativas, tan sólo abierto al presente y a la realidad.

De meditación se dice normalmente que hay dos tipos: la primera es la contemplativa y la segunda es la analítica. Ambas se derivan más o menos del mismo proceso:
  1. Se establece la postura básica. Esta postura siempre tendrá como base una columna erguida, recta, pero no tensa, respetando sus curvaturas naturales.
  2. Se establece la respiración. Salvo en meditación más avanzada lo prioritario será respirar tranquilamente por la nariz al ritmo propio, de manera que se sienta natural y nada forzado.
  3. Se establece el foco. Esto significa que la atención mental estará dirigida a un objeto interno muy concreto que al principio suele ser la propia respiración. Mediante el foco se evita la dispersión de la mente y tenemos una referencia a la que regresar si nos atropella el flujo de pensamientos; además también así se consigue una mente más calmada. En otras variantes de meditación el foco puede ser externo, como por ejemplo una imagen de buda, un mandala, un kanji o un símbolo como el Enso.
  4. Finalmente se cultiva algo positivo, generalmente la compasión. Basta con cambiar de foco haciendo que la compasión sea ahora el foco. Si la compasión por sí misma cuesta podemos “pensar” en cómo todos los seres humanos tenemos algo en común: el sufrimiento; todos lo padecemos y todos queremos evitarlo, y cuando somos conscientes de ello empatizamos con los demás y queremos ayudarles. Esto iniciará el sentimiento altruista de compasión.


En la meditación analítica lo que cambia es el foco: no se usa un foco como punto de concentración contemplativo sino como punto de reflexión. Aquí se puede reflexionar sobre la vacuidad, sobre las emociones, sobre la luminosidad, sobre cada creencia y pensamiento que tenemos, sobre una acción realizada... hasta que se disuelva y alcancemos su auténtica naturaleza o verdad y por lo tanto su comprensión total.

Fijaros que en ningún momento se parece esto a visualizaciones de colores, de chakras, de energías ni nada por el estilo. Es atención mental presente.

Krishnamurti decía que meditar no es sólo contemplación, no es sólo análisis o reflexión, es también el cese total de toda medida y comparación. Gradualmente al meditar, entre pensamiento y pensamiento surgirá aquello que está antes de aparecer el pensamiento y después de su disolución: la luminosidad. Entonces se puede tomar la luminosidad como foco.

En Zen se cuenta la siguiente leyenda. El emperador Wu-Ti, jefe de la dinastía china Liang y budista ferviente, oyó hablar del monje Bodhidharma (quien fundó el budismo zen) y le invitó a su morada. A la pregunta de Wu-Ti: “¿Cuál es el principio fundamental del Budismo?” Bodhidharma respondió: “Un vacío inmenso. Un cielo claro. Un cielo en el que no se distinguen los iluminados de los ignorantes. El mundo mismo tal y como es.” Wu-Ti, a pesar de su motivación budista, no comprendió el mensaje de Bodhidharma y éste entendió que aún no había llegado el momento de difundir el zen, pasando a retirarse a la montaña Shaolín donde meditó por 9 años seguidos. Esta historia refleja muy bien el núcleo de la práctica meditativa y su objetivo.

Comentarios

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  2. otalment d'acord, menys és mes, disfrutem amb atenció plena del dia a dia, de les petites mereavelles que podem trobar en la quotidionitat diària, sense pretensions.

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  3. ;) Aquí deixo un curt vídeo de l'explicació que fa Dogen sobre el tema. Està tret d'una película biogràfica: http://youtu.be/y0AGF2mcxwg

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