Propósitos de año nuevo

Llega fin de año y es casi tradicional que las personas nos marquemos en estas fechas unas metas u objetivos a largo plazo, generalmente muy bienintencionados, a los que llamamos “propósitos de año nuevo”. Tienen la finalidad de un logro que ansiamos y que sabemos o creemos que será positivo para nosotros: encontrar un trabajo, perder grasa, hacer más ejercicio, socializar más, dejar el tabaco...

También es casi tradicional que estas metas no prosperen porque nos rendimos a los dos días de intentarlo. Por eso he pensado en redactar este artículo, para facilitar un poco el logro de esos propósitos. Lo haré en forma de consejos o recomendaciones.

  1. Reduce la lista. Las personas suelen hacer listas de aproximadamente 5 ítems o propósitos a conseguir. Aunque parezcan pocos en realidad son excesivos. Lo ideal es reducir la lista a sólo uno o, como máximo, dos. Más de eso puede resultar muy agobiante y generar presión y ansiedad, pues hay que recordar que además de nuestros propósitos de año nuevo suelen haber más circunstancias diarias que reclaman nuestra atención. Si todos los objetivos propuestos parecen importantes entonces hay que priorizar: numéralos de más a menos urgente y empieza sólo por el primero; cuando lo hayas logrado podrás pasar a otro.
  2. Que sea una necesidad. Esto puede sonar a tontería y no lo es. Todos los propósitos tienen buenas intenciones pero en ocasiones responden más a un deseo o una esperanza que no a una necesidad vital. Es muy diferente, por ejemplo, querer adelgazar porque te quieres ver más bello/a a querer adelgazar porque en ello te va la salud y corres un gran riesgo de alguna patología. Algunas veces una meta esconde o disfraza una necesidad más importante; por ejemplo, si te marcas de objetivo encontrar novio/a sería bueno observar si es más necesario lograr el autoamor y elevar la estima propia y la confianza en ti mismo/a, pues eso puede ser el núcleo de otros problemas sociales y emocionales. Asegúrate de que ese propósito de año nuevo es suficientemente importante para ti, si acabas dejándolo habrás tardado más en hacerlo y en general se tiende menos a su abandono, especialmente si es un objetivo a muy largo plazo.
  3. En una frase. Una vez elegido el propósito hay que escribirlo en una sola frase sencilla, afirmativa y positiva que leerás todos los días y que incluso puedes pegar en el espejo, la nevera o por toda la casa para que sea fácil de ver y recordar. Por ejemplo, suena más positivo “Mi propósito es estar más saludable” que “Mi propósito es estar menos gorda/o”. Además, cada día que pase, tras leer el propósito que has escrito, piensa en que ya has mejorado gracias al esfuerzo que hiciste el día anterior; por ejemplo: “Hoy estoy más saludable que ayer”. Eso mantendrá tu mente enfocada en lo positivo, además de que es cierto (cada pequeño esfuerzo cuenta), y mantendrá tu motivación por continuar.
  4. Que te beneficie a ti y también a los demás. Una vez has elegido tu propósito haz una lista de beneficios que te va a repercutir su cumplimiento. Si quieres lograr ese propósito es por algo. Piensa en todo lo bueno que te va a traer al final. Piensa también en todo lo bueno que te puede ir llegando sólo por intentarlo, es decir, por recorrer el trayecto hasta la meta. Y también, y esto puede ser crucial, piensa en todas las consecuencias positivas que esto generará en los demás. Se ha demostrado que un compromiso que tiene implicaciones altruistas y compasivas (es decir, que se ha tomado pensando en los demás) además de personales es más proclive a ser llevado a cabo hasta el final.
  5. Planifica y modula. Ya has elegido el propósito, sientes que es importante para ti y has redactado los beneficios para ti y para otras personas. El siguiente consejo es que tomes ese propósito y lo dividas en pequeñas sub-metas o sub-tareas (conviértelo en un conjunto de módulos) que sean más fáciles de acatar. El propósito quizá sea perder 20 kilos, pero divídelo en etapas de perder 1 Kg por ejemplo. El propósito puede ser escribir un libro, pero divídelo en apartados reducidos: pensar el argumento, redactar un borrador corto, establecer el esquema del libro y el orden de los capítulos o temas, realizar el diseño de la portada... Espero que se entienda bien en qué consiste. Todo puede subdividirse. Cuanto más pequeña y fácil sea cada etapa mejor, divide las veces que quieras. Y pon fecha de vencimiento, pero que sea realista, para cada sub-meta. No pongas que ese quilo lo perderás en una semana si crees que en verdad necesitarás dos o tres. Te puede ayudar a ello dibujar una escalera en un folio con cada sub-tarea en un peldaño, o bien dibujar un cronograma; te ayudará a organizarte pero también a verlo todo más claro.
  6. Aprovecha la primera hora del día. Se ha comprobado que el primer rato del día justo después de despertarse suele ser uno de los más productivos y de menor dispersión. Por lo tanto, recién levantado/a y meado/a, dedica la primera media hora o incluso la primera hora de tu día a la actividad que te has propuesto como parte de tu propósito de año nuevo, acompañándola si hiciera falta de tu café o té “para ser persona”. También aquí podemos añadir además el método de “sólo unos minutos”: la psicóloga rusa Zeigarnik estableció que cuando hemos empezado una tarea al cerebro no le gusta nada dejar las cosas a medias (le genera ansiedad); como lo difícil es ponerse, empezar, el truco es tan sencillo como convencerse de que sólo lo haremos durante unos pocos minutos, pues así ese poco tiempo aparenta más fácil de llevar y una vez iniciada la tarea sentiremos que queremos completarla, dedicando en total el rato que habíamos planificado originalmente.
  7. Visualiza el objetivo y disfruta del camino. ¿Recuerdas que en el punto 4 recomendaba enumerar los beneficios? Para usar tu objetivo como fuente de motivación la Universidad de Pennsylvania recomienda también enumerar los obstáculos que implica su realización y mantener un balance: por cada beneficio un obstáculo. A esto se le conoce como método del “pensamiento doble” y mantiene una mente realista, ya que si te muestras 100% optimista también te rendirás mucho antes si cometes un error; aquí la clave está en el equilibrio: ni demasiado optimista ni demasiado pesimista, tan sólo realista. Ahora que lo tienes todo enumerado y tienes una mentalidad más realista, justo antes de empezar imagínate a ti mismo haciendo la actividad que estás a punto de comenzar y finalizándola; inmediatamente después de la visualización, hazlo. Durante el transcurso de la actividad trata de sentir que lo pasas bien haciéndolo (por ejemplo porque a la vez escuchas música molona), busca la forma de apasionarte con ello, y si no puedes al menos recompénsate tras cada pequeño logro, tras cada sub-meta de la planificación o simplemente tras cada intento completado diario. Eso último es especialmente importante cuando el propósito de año nuevo implica modificar un hábito, ya que el hábito nocivo se realiza porque en algún nivel produce una satisfacción inmediata, y del mismo modo la conducta nueva y más saludable, que suele ser también menos gratificante a corto plazo, necesita ser recompensada y dar algún tipo de satisfacción perceptible para que aumente las probabilidades de repetirse y seguir con el propósito planteado.
  8. Activación y relajación. Si durante la tarea sientes que te duermes, te distraes o te dispersas, prueba lo siguiente: respira hondo, dándole más tiempo a la inspiración que a la espiración; ponte de pie y camina muy despacio por la sala con la atención puesta en el andar (con dos o tres minutos tienes suficiente); estírate, masajea un poco tu cara y mandíbula, y luego golpetea con los dactilares la zona de la cara, del cuello, de las cervicales, del pecho y de los brazos; cuando vuelvas a sentarte hazlo con la espalda erguida y los dos pies en el suelo; sonríe durante la actividad o todo el rato que puedas (se ha visto que mantiene la concentración más tiempo).
  9. Comunícalo a personas cercanas que te apoyen. Cuando un proyecto lo hacemos solos, salvo si tenemos mucha fuerza de voluntad, tendemos a postergarlo o abandonarlo; el ser humano es un ser relacional y se siente más seguro y estable “en manada”, por eso muchas veces buscamos las opiniones y sobretodo el apoyo moral de terceros. Asegúrate de que tu propósito de año nuevo será apoyado y reforzado por gente cercana a la que tú aprecias y que lo verán con buenos ojos, y entonces sé un poco bocazas y cuéntalo. Si no hubiera tal posibilidad al menos intenta localizar grupos virtuales, gente en Internet con la cual compartir ese objetivo. Además de la retroalimentación motivadora que el grupo genera, también se ha comprobado que refuerza el pacto que uno hace consigo mismo para lograr su meta.
  10. Tolerar la frustración. Seamos realistas: los objetivos planteados suelen ser a medio y largo plazo y además somos humanos, por lo que cometeremos errores y caeremos en tentaciones. Lo esencial es primero no fustigarse, simplemente acepta el hecho y ya está, continua el plan; mantener tu mente en la sensación de frustración te hará abandonar, mientras que aceptar la situación y mantener la mente en el objetivo te ayudará a continuar. En segundo lugar puedes hacer una lista de todos los elementos que pueden favorecer que caigas en la tentación y eliminar de tu vida todos los que puedas. En tercer lugar, será muy útil que lleves una mini-libreta encima en todo momento y apuntes en ella cada vez que caigas o te sientas tentado a incurrir en ese fallo, anotando la hora del día y qué actividad hacías o qué pensabas en ese instante; descubrirás que tenemos tendencia a dejarnos llevar por las tentaciones cuando padecemos más estrés o ansiedad o también cuando te aburres, y el sólo hecho de tomar conciencia de ello mediante la libreta reducirá el mal hábito y te mantendrá más firme en tu propósito, aunque quizá necesites herramientas extras para hacer frente a esa ansiedad y a ese aburrimiento. Finalmente: sé flexible, reduce el perfeccionismo si fuera tu caso. Y si una tentación fuera demasiado grande, permítetela bajo una condición: primero di o convéncete de que te das permiso pero tras diez minutos, no antes; el cerebro calmará su ansiedad porque verá cumplido lo que quería y tendrás diez minutos para dedicarte o a tu tarea o a algo positivo.
  11. Olvidarse de ello y agradecer. Tras cada paso o tarea diaria que forme parte de tu propósito, el resto del tiempo olvídate de ello. La ocupación mental continua en tu propósito te va a generar ansiedad y estrés y te quitará tiempo productivo para otras cosas, incluso para la relajación y el ocio que también son necesarios. Si no puedes evitar que te venga a la mente aprovecha ese instante en que el pensamiento “ataca” para agradecer mentalmente algo que te haya pasado ese día, o para agradecerte a ti mismo/a el esfuerzo que realizas y que está siendo útil; luego pasa a otra actividad.


Hasta aquí todos los consejos son prácticos y rescatados de la psicología. Si eres una persona espiritual recuerda también que en todo el trayecto puedes recurrir a tus ángeles para: ayuda en la visualización, ayuda en la planificación, ganar motivación, elegir el propósito más adecuado, gestionar la ansiedad... y agradecer su acción incansable y altruista. Simplemente llámalos mentalmente y estarán ahí para ti. Recuerda que sus mensajes pueden llegar en forma de intuición, de sensaciones, de sentimientos, de “coincidencias” en el día a día, etc.

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