Yule (Solsticio de Invierno) 2014

¿Por qué celebramos el Solsticio?

Desde la antigüedad, la humanidad ha observado y celebrado los ciclos estacionales de la Tierra. Hay un período gobernado por la luz y el calor, y otro gobernado por la noche y el frío. La cualidades de luz y de calor tradicionalmente se asociaron siempre al Sol y al fuego, pero especialmente al Sol porque lo vemos casi cada día y es fácil relacionarlo con el período diurno y con la calidez que nos da mientras está presente. También gracias al Sol hay vida en el planeta. Por lo tanto, los antiguos hicieron la siguiente conexión: a medida que nos adentramos en el otoño, el Sol simbólicamente muere (lo hace por Halloween, fecha que está en pleno signo de Escorpio y alrededor de la cual se hacen celebraciones hacia los difuntos), y justo en el Solsticio de Invierno el Sol “renace” porque en verdad nunca ha sido vencido (“Deus Sol Invictus”). Cuando vuelve a nacer lo hace en forma de Niño Dios, que luego madurará y crecerá a lo largo de la siguiente mitad del año hasta el Solsticio de Verano.

De aquí obtenemos un simbolismo muy importante: la Esperanza. El Solsticio de Invierno nos enseña todos los años que no importa cuánta oscuridad pueda haber, siempre existe la promesa del regreso de la luz y esa promesa siempre se cumple en forma de primavera y verano. Todo es cíclico y mutable, y hasta las cosas negativas encuentran su fin. Podemos mantener la esperanza. El hecho de que simbólicamente el Sol renazca como un niño también se vincula con la esperanza, ya que en los niños siempre depositamos desde su nacimiento la confianza en el futuro. Los niños, aún estando en el presente, son una ventana abierta en el tiempo, y por eso es tan importante la infancia.

Cabe aclarar de que a pesar de que en nuestro calendario actual, que es el gregoriano, el solsticio suele caer alrededor del 21 o 22 de diciembre, en el antiguo calendario juliano se estableció para toda Europa el 25 de diciembre como fecha del solsticio. De ahí que se tome la Navidad (natividad del Sol) como día central de todas las celebraciones invernales o del solsticio. Luego la Iglesia proclamó que el Sol al que hay que “adorar” es el Sol Espiritual y ése es Jesús, por lo que la Navidad se convirtió en la natividad de Jesús.

¿Por qué hacemos un ritual de abundancia?

Antes de que se proclamara al cristianismo como religión oficial del Imperio Romano, lo que se celebraba en el mediterráneo era la Saturnalia. Eran unas fiestas romanas muy importantes y muy esperadas por la población en honor al dios Saturno. A pesar de ser conocido este dios en la mitología como un dios restrictivo y limitador (significado que se atribuyó astrológicamente al planeta que lleva su nombre), también fue el que rigió la Edad Dorada de la humanidad, una época de paz, bienestar y abundancia, y era considerado dios de la agricultura. Incluso ahora, el Solsticio de Invierno es también la fecha en la que el Sol entra en el signo de Capricornio, que está regido por Saturno.

El día de Saturno se celebraba el 17 de diciembre, pero no tardaron en ampliarlo una semana entera hasta finalizar el día 23. Durante esa semana las fiestas incluían encender velas y antorchas, celebrar la libertad e intercambiar roles entre amos y esclavos, realizar banquetes, decorar las casas con plantas de la estación, y también intercambiar regalos (generalmente frutos secos, velas o figuras de barro).

Más al norte de Europa se celebraba “Jul”, de origen escandinavo, que era una fiesta de hospitalidad hacia los forasteros y de dedicación a la fertilidad y a la familia. De aquí la Wicca moderna sacó el nombre de “Yule” para referirse al solsticio de invierno.

En general, el Solsticio de Invierno es un recordatorio de que la tierra ahora está dormida pero está a punto de despertar con gran fertilidad y nos va a proveer de prosperidad.

Lo que nos espera el próximo año

Por un lado el 2015, por reducción numerológica, es un año 8. Significa que será un año de fuerza y poder, y así como puede ser beneficioso y positivo para rescatar nuestro poder personal y usarlo de manera adecuada, también puede ser un año donde se inestabilizarán todas las estructuras sociales de poder o en donde ellas ejercerán gran violencia, represión y control. En este sentido tanto puede ser un año próspero como uno de lucha constante entre las personas y entre pueblo y Estado. El mejor resultado idealmente se obtendría uniendo la fuerza de todas las personas en cooperación y pacifismo pero a la vez con contundencia y eficacia. 

En segundo lugar, las influencias energéticas durante un solsticio de invierno marca la dinámica del año siguiente. En esta ocasión, a nivel astronómico tenemos que justo para el solsticio estamos en luna nueva, con lo que se refuerza el simbolismo de nacimiento que incorpora esta celebración, y conecta con la siguiente fecha astronómica importante que es el equinoccio de primavera donde no sólo se repite la luna nueva sino que además habrá un eclipse total de sol. Eso significa que el 2015, y especialmente hacia el verano, será un año de cambios muy radicales rodeados de turbulencias emocionales, en los cuales hará falta una cabeza muy bien amueblada porque las decisiones que se tomen en esos momentos serán determinantes para el futuro tanto lejano como a medio término y no tendrán posibilidad de modificación. Para poder controlar la impulsividad que caracteriza este año próximo nos vendrá bien la Fuerza de la Serenidad, de la Sabiduría, de la Compasión y de la Empatía.

En la carta astral para el solsticio de invierno, tenemos varias cosas:
  • Mercurio en Capricornio indica que este año debe primar el autodominio de la ambición y la impaciencia mediante la lógica, la perseverancia y la planificación a largo plazo.
  • Venus se conjunta con Plutón en Capricornio y ambos hacen cuadratura a Urano, poniendo a prueba tanto nuestro autoamor como el amor a los demás, la confianza en nuestras relaciones tanto sociales como íntimas, y el egoísmo afectivo o amor condicionado. En este sentido, el 2015 será como una prueba, si superamos esta prueba todas las relaciones afectivas con los demás y con uno mismo se harán firmes, fuertes, prácticamente irrompibles, tras el período de vulnerabilidad emocional. Además estos dos planetas se vinculan con los nodos lunares en una formación que se conoce como “T cuadrada” marcando un año de aprendizaje clave en el amor en todos los niveles que repercutirá de forma más o menos permanente en los siguientes años de nuestra vida. Es una oportunidad para la evolución personal.
  • El Sol, la Luna, Mercurio, Venus y Plutón se concentran en la casa 4 (para esta zona geográfica) por lo que el terreno de nuestra vida más importante para nosotros en este próximo año es el familiar, el privado, el íntimo, el relacionado con el hogar (tanto simbólico como físico), el de las raíces y el del trabajo con el Inconsciente. Esos ámbitos vitales son los que recibirán más atención por nuestra parte. Será un año profundo de mucha interiorización que no tiene por qué implicar conflicto con el pasado pero sí un viaje de recuperación de la propia esencia, de los orígenes y de potenciales perdidos y/u olvidados.

Os animo a que celebréis el Solsticio de Invierno con la mejor de las intenciones, con amor y serenidad, y desde la mente clara y centrada para así prolongar su efecto beneficioso por todo el año. ¡Felices fiestas!

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