Destruir (no) es la solución

Vuelvo a la carga con un nuevo artículo de reflexión sobre las relaciones interpersonales y el cómo actuamos ante distintos eventos de la vida.

Por el título podría ser un artículo sobre política o acción humanitaria, pero eso sería lo fácil. Quiero decir, ¿acaso no estamos de acuerdo la mayoría de personas en que no es correcto iniciar una guerra? ¿O destruir una cultura, una nación, o una persona por sus creencias u orientación afectivo-sexual, o por el motivo que sea? No veo necesario inicidir en esa dirección, ya tenemos asumido eso.

Sin embargo la cosa no está tan clara en el terreno personal y con las pequeñas cosas del día a día. Imagina estas situaciones: 
  1. Te encuentras una polilla revoloteando en casa. Tal vez (o quizá no) pueda su presencia ocasionar que algunos alimentos de la cocina se echen a perder. ¿Qué haces? 
  2. Ves que en tu jardín una de las flores que hay no te gusta nada (pero la plantaste tú ahí). ¿Qué harás con ella? 
  3. Quizá ya no deseas que una persona esté en tu vida. ¿Cómo actuarías? 
En los últimos años de mi vida he comprobado que la solución fácil que hace la gente es la eliminación o destrucción inmediata. De hecho, esos tres ejemplos que puse para imaginar no son hipotéticos, sino que los viví como observador, y las respuestas fueron: 
  1. Matar la polilla. Y no, eso no garantiza que la comida no se eche a perder, de hecho la solución más sensata hubiera sido proteger los alimentos colocándolos en envases adecuados o algo por el estilo. 
  2. Arrancar la flor entera, dejando el tallo. Lo cierto es que eran dos o tres rosas de un rosal, muy bonitas, aún preciosas que empezaban a marchitarse pero sólo ligeramente. A mí me encantaban, a la vez amarillas y rosadas. Pero esa persona ya previó que más adelante, con el paso de los días, aquello quedaría negro y mustio y decidió encargarse del “problema” a tiempo. 
  3. Esa persona desapareció y dejó todo en el limbo. 
Respecto del tercer punto, en el pasado yo también actué así con otras personas, y se conoce como una variante de la “huida hacia adelante”. Así que, yes, ¡karma strikes back!

Karma contraataca
El Karma contraataca

A veces destruir parece lo obvio, ¿verdad? Tenemos incluso un cuento que se “vende” como budista o zen y que se titula “El problema”, donde al final la resolución implica la eliminación y la destrucción, e incluye su mensaje moralizador de que “un problema es un problema y hay que eliminarlo”. (Por si no sabes qué cuento es, pincha aquí.). Sin embargo no parece realmente muy budista.

¿De verdad los problemas (o lo que creemos que son problemas) hay que eliminarlos? Si crees que sí, entonces no me extraña que haya guerras y matanzas. ¿No sería mejor “resolverlos”? ¿No son acaso oportunidades para pensar de manera diferente, para ver otras perspectivas, para abrir nuevos caminos, o simplemente para aprender una lección y madurar y seguir caminando? A menudo nos falta imaginación y pensamiento lateral para resolver los problemas del día a día. O podemos carecer de habilidades comunicativas, de gestión emocional y empatía suficientes como para hacer llegar nuestro mensaje a la otra persona y aclarar las cosas o, en caso de no querer saber nada de esa otra persona (temporalmente o para siempre), simplemente dejarlo claro con asertividad, compasión/afecto, honestidad y positivismo, para poder seguir andando cada uno su camino del mejor modo posible. Siempre hay mejores maneras de hacer las cosas. Ah, y que no se nos olvide, la respuesta a todo siempre ha sido, es y será el Amor Incondicional.

Lo que niegas te somete

¿Por qué la destrucción no es la mejor opción? ¿Acaso no sacamos la basura todos los días, hacemos limpieza del hogar y de la vida, y dejamos el pasado atrás que es el lugar donde tiene que estar? Esto es confuso.

En términos ideales, la basura se recicla, se transmuta, ya que nada en el universo se crea o se destruye, sólo se transforma. El Universo, como sabemos, es “Unitario”, es decir, todos sus componentes forman una unidad interdependiente, y no puede prescindir de ninguna de sus partes (o no sería ya “Todo”). Por eso nada es eliminable al 100%. Y como en un fractal, esa coherencia la recibe cada una de sus partes, y así esa coherencia nos llega a nosotros. A nuestra psique en concreto. El pasado queda atrás pero no se borra. Y créeme, si tratas de borrar el pasado (yo lo intenté hace muchos años porque era algo que me dolía) te pasa factura de maneras imprevisibles porque eso se somatiza. 

Verás, lo que ocurre al querer eliminar o destruir algo de nuestra vida es que no actuamos desde el Amor Incondicional, y aquello queda rechazado, reprimido o ignorado de algún modo. No importa si lo hacemos desde la rabia, el rencor, la tristeza, el dolor o bien desde el pasotismo, la indiferencia o la anhedonia, siempre es una forma de negación de esa realidad que está ahí y ante la cual no hemos encontrado la manera eficaz y compasiva de resolverla o encajarla o integrarla en nuestra vida. 

Después nos sorprendemos cuando recibimos las consecuencias o bien cuando ciertos eventos se repiten siguiendo un mismo patrón a lo largo de nuestra vida. No siempre es inmediato, estas cosas pueden tomar su tiempo. Todo lo negado permanece en el Inconsciente. Cuanto más queramos prescindir de ello sin resolverlo o integrarlo del modo adecuado, más polarizamos la mente y más fuerza y poder le damos a la Sombra del Inconsciente. Tarde o temprano la Sombra, que podría ser nuestra gran amiga y aliada, nos desafiará y se manifestará en forma de todos esos sucesos conflictivos y personas que nos iremos topando en la vida y que escenifican lo que está por resolver, puesto que hacen de espejo. Parecerá entonces que no tenemos el control de nuestra vida, y nos obligará a repetir la lección una y otra vez hasta aprenderla y demostrar que la tenemos bien aprendida y asumida. 

Como decía Jung, “Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma”. ¡Ah, pero da pánico transformarse de un modo que no controlamos! La Vida parece que nos quiere domar y transformar en una dirección (la de nuestra Alma) que a menudo no es la misma que hemos diseñado desde nuestra mente y nuestro Ego. Y entonces nos asustamos. No queremos ser transformados sin el control (y el permiso) de nuestra mente y Ego, por lo que entonces preferimos no enfrentar de verdad y desde la compasión la realidad que nos turba. Así se inicia la esclavitud que nos imponemos nosotros mismos. Queremos nosotros domar a la Vida, pero la Vida siempre es más lista. Terminamos presa del propio engaño. Porque hacemos eso, nos engañamos a nosotros mismos.

Cita de Carl Gustav Jung

Lo que niegas te somete

¿Cuál es la solución? Ya lo he dicho, Bendecir la situación y actuar desde el Amor Incondicional, de manera tal que esa realidad quede respetada e integrada de una forma luminosa. Podemos seguir poniendo un punto final o estableciendo un cambio, pero al hacerlo de modo compasivo, empático y benévolo la consecuencia y el resultado a largo plazo serán bien distintos. De paso, no cargaremos con mal karma. Mejor prevenir que lamentar, ¿verdad? ;)

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