Mis respuestas al artículo anterior

El 20 de febrero, según escribía, yo mismo iba realizando esas visualizaciones y replanteándome la vida, porque creo firmemente en la importancia de ver las cosas con perspectiva y cómo la muerte nos enseña y nos transforma, como una buena maestra, para vivir la vida desde lo esencial.

Han pasado dos semanas y hoy no es el mismo momento que ese día de febrero, igual que un río no es el mismo río a cada instante que pasa. La mayoría de las preguntas las respondería igual, pero me he dado cuenta de que alguna la respondería diferente. He decidido más o menos dar una idea de qué respuestas daría yo, por si así sirve de ejemplo para animar a los demás a reflexionar sobre sus propias vidas.

En la primera visualización, la primera pregunta es la que respondería más diferente. Aquél día pensé que antes de morir preferiría ver a algunas personas y despedirme tras abrirles mi corazón. Hoy me he vuelto a imaginar cómo querría vivir esas últimas horas, y quizá simplemente pondría un último artículo de despedida y luego me dedicaría a borrarme silenciosamente de todas las redes sociales tratando de apenas no dejar rastro de mi paso por internet, porque prefiero no decir nada a nadie de mi partida y marcharme de la vida sin hacer ruido, sabiendo que me acostaría en paz en la cama y moriría tranquilo. En este momento, superfluo me parece casi todo, mientras que lo más importante para mí al morir, tras haber pensado sobretodo en cuál puede haber sido mi infuencia sobre los demás y sobre el mundo (buena, mala, neutra, regular...) es cuánto he amado y cuánto bien puedo haber hecho. Nada habría por resolver porque a nada me resisto y contra nada lucho. Los valores morales seguirían siendo esencialmente los mismos porque tengo una ética bastante bien establecida y con la que me gusta cumplir, mientras que mi única prioridad sería irme en total serenidad. Para una buena vida creo que es fundamental no estar luchando contra nadie ni contra las circunstancias ni contra los sentimientos propios, aceptar todo tal como viene con un corazón bien abierto que ama incondicional e infinitamente, hacer camino cada uno a su ritmo, y no aferrarse tan fuertemente a algo que por agarrarlo fuerte impida caminar. La vida tiene reglas sencillas y no vale la pena malgastarla complicando las cosas. Para una buena muerte, lo que considero más fundamental es la paz interior, la tranquilidad de espíritu. 

En la segunda visualización, reconozco que echaría de menos algunas personas y circunstancias, pero consciente de que eso es propio de los apegos y sus duelos no devolvería la vida a nadie o nada si ya está muerto, pues cada cosa tiene su momento. Supongo que podría vivir con lo que encuentre, quizá me haría frutívoro, y tendería a apartarme hacia la naturaleza, hacia el bosque y la montaña. Puesto que estaría solo (salvando la compañía de la misma naturaleza) procuraría tener una vida sencilla, agradable, plácida, adaptándome a los ciclos naturales, pues la vida consumista, de estrés, de velocidad, de competir, y de placer inmediato habría finalizado con el holocausto y ya no tendría sentido (tampoco tiene sentido para mí ahora, pero en el supuesto hipotético todavía menos). Creo que en el simple Ser y Estar hay mucha belleza (quizá sea ésa la esencia de la vida, no lo sé), y en el entorno nuevo podría ver cómo la vida se abre camino y florece, aunque para llegar a percibir eso en toda su dimensión tendría que superar primero el dolor por las pérdidas.

Voy a ir preparando un artículo nuevo sobre los traumas, efecto espejo y tarot, y espero que mis reflexiones anteriores os ayuden en alguna medida. Como cada instante es diferente, quién sabe si mañana respondería esas preguntas de otra manera, pero por hoy ésas son mis respuestas.

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