El sentido de la vida: sólo amar importa

Se acerca la luna llena de abril, que por lo que he observado astrológicamente será una de las lunas llenas más especiales y a la vez críticas (y tal vez duras) del año. Una de las cosas en que me ha hecho profundizar su análisis es en la reflexión sobre el sentido que le damos a la vida, el propósito, el “qué queremos hacer”, que llevo tiempo meditando y deconstruyendo. Sin tener para nada la verdad absoluta, me propongo en esta ocasión compartir esa reflexión.

Hace un mes estaba terminando de leer sobre tres preguntas principales que suelen condicionar nuestra vida: “quién soy”, “a dónde voy”, “con quién camino”. La primera invita a conocerse bien uno mismo, amarse uno mismo tal como es, y aprender a depender de uno mismo. La segunda es en la que centro la publicación de hoy e invita a conocer el camino que seguimos, por qué lo seguimos, y si en verdad estamos orientados según la brújula de nuestro corazón o bien caminamos según todo tipo de condicionantes externos, objetivos y metas continuas. La tercera tiene que ver con cuestionar con quién compartimos (y con quién no) tanto aquél que somos como el rumbo que seguimos cuando hemos alcanzado nuestra brújula, y si lo hacemos por los motivos correctos y con la necesaria incondicionalidad y medida justa en equilibrio de libertad-compromiso. Son preguntas fundamentales y normalmente se necesitan responder en ese orden. El mayor obstáculo, sin embargo, para responder correctamente a esas preguntas es el Ego.

Yo estoy acostumbrado a llamar “Ego” al Ego, mientras que en chamanismo lo llaman “importancia personal”, y en otras partes se habla de “mente ordinaria”, entre otras muchas variantes. Por comodidad seguiré usando “Ego”, ya que es una palabra corta y sencilla que remite a la idea de “yo”, pero “importancia personal” es una expresión quizá mucho más certera, ya que cuando hay un “yo” tendemos a darle importancia a la existencia de ese “yo” incluso cuando creemos que lo estamos subestimando. Hay mecanismos más sutiles y otros más evidentes.

En el camino de conocimiento de uno mismo es importante conocer ese “yo” en todos sus aspectos, y comprender al Ego hasta el nivel más compasivo imaginable posible, y entender, aceptar y amar la sombra más oscura de uno mismo (pregunto yo, ¿cómo vamos a sentirnos completos verdaderamente si rechazamos partes de nosotros mismos con las que ni siquiera nos reconocemos? ¿y cómo vamos a amar plenamente a otro ser con su sombra o a realizar una ayuda auténticamente compasiva si no nos amamos plenamente a nosotros mismos con nuestra propia sombra?).

Ahora bien, tras eso, en sí el Ego constituye un obstáculo incluso antes de empezar a pensar en el camino a seguir, justamente porque fácilmente pasamos a prestar demasiada atención a uno mismo. Cuando pienso en mis carencias, se trata de MIS carencias; cuando dialogo con mis emociones, se trata de MIS emociones; cuando presto atención a mis deseos, mis anhelos y mis sueños, todo eso es MÍO; finalmente, cuando más adelante pienso en mi camino y el sentido que le quiero dar a mi vida, se trata de MI camino y MI vida. Todo está centrado en mí, en el yo. Ésa es la trampa. Gracias al budismo sé que el “yo” está vacío. ¿Cómo voy a darle sentido a algo si lo baso en el vacío? También el chamanismo insiste en que el “yo” es “una gran cantidad de nada”.

Recientemente me di cuenta, soñando, que las carencias afectivas mismas son en lo más profundo una mentira. Sí, las personas hemos vivido estados carenciales de afecto, en ocasiones muy reales y traumáticas y en otras ocasiones más bien simbólicas, a lo largo de la infancia y la adolescencia, y eso es algo que no niego; a menudo eso habrá de tratarse con psicoterapia o sanación de alguna clase. Por otro lado, el plano físico, terrestre, es un lugar de muchas apariencias y espejismos, y es por eso que la impermanencia de este plano nos causa tanto dolor, porque las apariencias de repente se esfuman como un espejismo en el desierto. Una de las apariencias es la separación y otra la distancia, y juegan un papel primordial para experimentar las carencias. Cuando navegamos en el interior del Alma cada vez más profundo hasta alcanzar el Espíritu sabemos, vívidamente, que no hay nada de eso y, es más, todo lo que necesitamos está en nosotros. Es en ese sentido que las carencias son una mentira en su razón de ser, ya que en lo más íntimo tenemos infinita plenitud y abundancia de Amor Incondicional y de todo. Lo importante es: son esas apariencias y espejismos los que configuran que hay un “yo” separado del resto de la realidad, por lo que no hay “yo” sin apariencias ilusorias.

Esto último era sólo un ejemplo para ayudar a comprender el vacío del yo. Ahora voy a extenderlo para ayudar a comprender mejor la trampa de la que hablaba:
Cuando busco ser feliz estoy cayendo en la falsedad de considerar (inconscientemente) que no hay felicidad en mí, incluso cuando la busco en mi interior, ya que se busca suplir algo en base a que experimentamos carencia de ese algo, cuando la realidad es que si soy capaz de reposar serenamente en mí hasta llegar al centro de todo entonces reconozco la felicidad en mí y no necesito buscarla. La búsqueda nos apega a la felicidad y al concepto de felicidad. Y ojo, más importante aún, la búsqueda nos apega al “yo”, porque mientras sentimos la carencia y el espejismo estamos sosteniendo a ese “yo” y centramos la atención en uno mismo. Eso es la importancia personal.
Análogamente, cuando busco mi camino y mi brújula interior caigo en falsedades parecidas de estar totalmente perdido y desorientado, que lo único que indican es que no estoy reposando verdaderamente en el centro, y la atención sigue enfocada en mí mismo. Eso es tan “importancia personal” como cuando me siento ofendido por alguien, aunque no lo parezca, porque implica a ese “yo” vacío que padece todas esas cosas.

Cuando me pregunté a mí mismo por el auténtico propósito cuando ya no hay un “yo” o Ego, me acordé de lo que dije en mis respuestas a los ejercicios de visualizar la cercanía de la muerte. Lo más importante es, creo, cuánto se ama y cuánto bien se hace. Cuando digo “creo” reconozco sencillamente que no poseo la verdad absoluta (como tampoco poseo realmente nada en la vida). Eso me ha llevado a otro aspecto fundamental de la vida, la interdependencia, que en resumen (muy resumido) afirma que todos estamos interconectados y por lo tanto lo que yo haga en la vida afecta a los demás seres, y lo que les haga a los demás seres me afecta a mí. Todos somos Uno. También implica otras cuestiones de dependencia mutua pero no quiero entrar en eso para no alargar el texto. Entendí, bajo esta premisa, por qué me hace tan feliz ayudar a los demás y procurar que los demás sean felices (ojo, a veces las personas que nos gusta ayudar caemos en el rol de “salvador”, que tiene por centro inconsciente al “yo” porque inconscientemente se busca sentirse amado o retribuido de algún modo al prestar ayuda, y lo quiero aclarar porque le puede estar ocurriendo a mucha gente sin darse cuenta y también conviene despertar de esa ilusión). Cuando ya no hay un “yo”, el propósito de uno es el propósito de todos.

Para los más cercanos al cristianismo, hay una frase de Jesús y parte de una parábola suya que lo describen bien. La frase es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, ampliamente conocida. Y el texto es un fragmento de Mateo 25:
35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;
36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.
37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos?, ¿o sediento y te dimos de beber?
38 ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos?, ¿o desnudo y te cubrimos?
39 ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?
40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”

El mensaje es claro como el agua. Si todos somos Uno, y sé de alguien que pasa sed, literalmente soy yo mismo que paso sed, y cuando le doy de beber literalmente me estoy dando de beber a mí. De hecho, literalmente, cuando un solo humano pasa sed, toda la humanidad está pasando sed. Cuesta ver eso pero ésa sería la realidad fundamental. Por poco que alivie el sufrimiento de un ser, se lo estoy aliviando a todos los seres. Incluso amar a una sola persona, de manera verdadera e incondicional, es mejor que no amar a nadie, porque en definitiva es amor incondicional para todos. Recíprocamente, por poco que pueda depurar de mí mismo, se lo estoy depurando a la totalidad. Por poco que yo pueda aprender a amar mejor y más, la totalidad de los seres amarán un poco mejor y un poco más.

En esta experiencia, el amor propio queda mezclado e interconectado con el amor altruista a los demás. Seguir amándome sigue siendo importante, como así lo es respetarme mis derechos y mi dignidad y escuchar a mi ser esencial, todo eso que contribuyo en mí se lo estoy dando a los demás, y siendo realistas si estoy cansado, enfermo o en un muy mal estado de ánimo tampoco podré hacer nada por ningún ser, por lo que el cuidado de uno mismo importa (además, en la interdependencia, si yo me dejo morir a mí mismo también dejo morir a los demás, y si me maltrato maltrato a los demás); sin embargo, el amor propio en este caso ya no estará dirigido por un “yo” central que nació siendo vacío, sino como parte del amor incondicional a la totalidad, y ya no se consumirá energía en estados negativos del ser. Con mayor energía libre disponible, nos podemos dedicar más a ese propósito vital que es el propósito de todos. Quizá la parte “individual” aquí es ver de qué manera podemos contribuir con nuestra originalidad particular (cada ser es único) a ese propósito.

Ésa es mi reflexión y mi conclusión. Cada persona es libre de preguntarse sobre su rumbo y su camino y encontrar sus propias respuestas, sean afines o radicalmente diferentes a las mías. Yo soy libre también de cambiar de opinión según evolucione en la vida, si se da el caso. De momento ésta es mi certeza mientras no esté iluminado.

Como dicen en “El diario de Noa”: «He amado a otra persona con todo mi corazón y eso para mí siempre ha sido suficiente.».

Que todos los seres estén libres de hostilidad, libres de aflicción y libres de angustia. Que todos los seres estén libres del sufrimiento y de las causas del sufrimiento. Que el Amor Incondicional resida en todos los seres. Que todos los seres vivan felices y con las causas de la felicidad.


Que así sea.

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