Sobre ciencia y anticiencia

Es posible que esta publicación no sea de agrado para lectores que vienen por el contenido de espiritualidad o de terapias naturales. Quizá incluso sea vista como estar tirando piedras sobre mi propio tejado. Tampoco creo que me siga mucha gente pero bueno.

Muchos sabréis que me he dedicado a las terapias complementarias, he dado talleres sobre ello así como de distintos temas de espiritualidad y de gestión emocional, y además escribí un libro. Ahora mismo todo eso lo tengo en ‘stand-by’ por varios motivos, y uno de esos motivos es lo que expongo hoy aquí. Algunos pocos, quizá muy pocos, sabréis que mi formación de base, sin embargo, es científica hasta acabar el bachillerato de ciencias de la salud, y luego tecnológica al cursar el primer año de telecomunicaciones y tras ello realizar un ciclo formativo de informática. Sí, no siempre estuve vinculado con las terapias complementarias. Me pasé al lado más humanista y social con Integración Social, y luego traté de iniciar la carrera de Pedagogía, la cual no llevo muy bien por actuales problemas cognitivos (de los que no me avergüenzo) y que me repercuten en la atención, concentración y memoria.

De todo ese párrafo quiero que quede clara una cosa: la mitad de mi vida he estado entre dos mundos, entre lo científico y lo espiritual (aunque también estoy entre dos mundos en muchas otras áreas de mi vida, pero eso es ya tema a parte).

¿Y eso por qué es relevante? Pues porque parece que se me obliga a elegir entre uno de los dos bandos. Y aclaro ahora que sencillamente yo estoy en medio y siempre lo estaré, no tengo por qué renunciar a ninguno de los dos.

¿Y por qué parece que se me obliga a elegir? Pues porque también parece que hay una batalla entre ambos. Fijaros que todo el rato digo ‘parece’ ya que no hay afirmaciones explícitas al respecto, pero tampoco son necesarias: sólo hay que fijarse en las actitudes que hay al respecto en las redes sociales (también así en la vida ‘desvirtualizada’); a veces, incluso, con razón.

Ahora, al hacer seguidamente crítica de ambos bandos, probablemente me quede solo (ojalá no), pero si algo me caracteriza es que voy a priorizar siempre la ética por encima de cualquier cosa.

Voy a empezar por mencionar la Proposición No de Ley (lo resumo a PNL) presentada por el partido político Ciudadanos en España en relación a las terapias naturales. Yo no soy partidario de Ciudadanos ni de lejos, de hecho estoy afiliado a otro partido. ¿Entonces por qué menciono esta PNL? Porque ha generado mucho revuelo. Da fuerza a muchos científicos y académicos que desde hace tiempo se han opuesto a las terapias naturales, así como a muchas personas que de profesión no son científicas pero sí tienen mentalidad afín. Puesto que esta PNL se ha visto como un ataque directo a las terapias naturales, ha surgido el clamor entre muchos terapeutas e incluso hay una petición en Change.org para echarla atrás y en su lugar que se reconozcan estas terapias.

Para empezar, estoy en contra de que a estas terapias se las llame ‘alternativas’ y que los propios terapeutas de terapias naturales las llamen así, porque no, no son alternativas en la gran mayoría de los casos (quizá lo podría ser la medicina china, pero la tengo en interrogante) sino, en todo caso, complementarias. En segundo lugar, se ha suscitado la idea o el temor a una prohibición de dichas terapias. Hay personas e incluso está la asociación APETP que persiguen ese objetivo, pero la PNL habla, hasta donde se sabe, de poder denunciar y sancionar las malas praxis. Si vemos bien que se puedan denunciar médicos por mala praxis, ¿por qué no ver bien lo mismo en terapeutas? O sea, imaginad el caso de que un médico esté llevando el caso de un paciente con una infección que decide no tomar antibióticos porque su homeópata se lo prohíbe y en su lugar le ha recetado un remedio homeopático, o bien su fitoterapeuta o naturópata le receta equinácea y oligoelemento cobre para sustituir a los antibióticos, y el paciente se muere. Hay quien se atreve a culpar a la persona por su falta de criterio (quizá entre todos deberíamos potenciar el pensamiento crítico en casa y en las aulas), pero lo que está claro es que el homeópata o naturópata debería llevarse una denuncia y sanción por mala praxis en ese caso hipotético que he puesto de ejemplo.

De aquí voy a sacar varios aspectos:

  • Un error frecuente es considerar que todas las terapias naturales o complementarias son inocuas por el hecho de ser naturales. Hay algunas terapias y técnicas que es cierto que no tienen efectos secundarios, como puede ser el reiki o el uso de flores de bach (químicamente son sólo agua y a veces también alcohol, para su conservación), pero hay muchas otras que sí. En la fitoterapia por ejemplo cada planta tiene unos componentes que pueden interactuar negativamente con otras plantas, con fármacos, o con ciertas patologías de la persona; como ejemplo, si alguien tiene problemas de coagulación sanguínea no puede tomar corteza de sauce, ya que contiene ácido salicílico que fluidifica aún más la sangre, y lo mismo si esa persona tiene alergia a la aspirina.
  • Para evitar el punto anterior, las terapias complementarias deberían estar reguladas, y eso implica por un lado un uniformado del cuerpo teórico de cada disciplina terapéutica (cosa que en algunos casos, como en el reiki que es el que conozco más, es meterse en un enredo bastante gordo), y por otro lado la necesidad de estudiar en unos tiempos determinados (por ejemplo dos años como en un ciclo formativo) y unos módulos temáticos que considero mínimos necesarios como son anatomía y fisilogía, patología, educación sanitaria, y atención y apoyo psicosocial. Sin embargo la realidad mayoritaria que yo he visto es que no hay voluntad para querer aprender de forma regulada; pudiendo pagar un curso de un día o de unos cuantos fines de semana y saliendo así ‘titulado’ (con un diploma de asistencia), ¿quién iba a querer complicarse la vida? Y esto me lleva al siguiente punto.
  • Hay carencia, en general, de un código ético deontológico que regule la correcta práctica de la disciplina terapéutica. A eso se suma que, en realidad, no te enseñan a ser terapeuta (de nuevo, en la mayoría de los casos, no en todos), sólo te enseñan la técnica o el método y eso no es ser terapeuta. Poner manos, administrar esencias florales, poner imanes o piedras, realizar acupresión... no te capacita para tener una atención asertiva, empática, profesional y ética hacia quien viene en tu ayuda, ni te prepara psicológicamente para los casos que puedan venirte; tampoco se enseña la necesidad de llevar un historial clínico, el deber de dar un informe si así te lo pide el paciente, el deber de acompañarle en su terapia, y así otras muchas cosas. Esto lo he vivido yo como aprendiz, y es lo que siempre me habría gustado enseñar pero no da tiempo en cursos de un día o de un finde, que es lo que pide la gente. Por mucha buena fe y buen corazón que tenga el que quiere aprender, el ser sensible y compasivo no capacita plenamente para ser un buen profesional. Estas cosas se ignoran largamente en el mundo de las terapias complementarias y a los que las ejercen o las enseñan ya les suele ir bien así. Y más cuando, en algunos casos, lo que se pretende es más hacer negocio que ayudar a la persona. Por eso hay tanta resistencia al cambio.

Ocurre, para resumir, que en efecto se han dado muchos fallecimientos a consecuencia de la mala práctica de las terapias complementarias, y para no alargarme en una lista interminable de links de casos mejor dejo uno solo a un documento que de por sí aglutina varios casos: es el conocido “Dossier de bioneuroemoción”, que en realidad es un estudio del riesgo sectario de la bioneuroemoción y su fundador Enric Corbera, de en qué corrientes terapéuticas se fundamenta, las consencuencias negativas de su mala praxis, y además un listado de testimonios. Para mí este documento es un tesoro porque además de mostrar una realidad confirma varias sospechas que yo ya tenía. Qué queréis que os diga: si va a seguir saliendo gente perjudicada o si va a seguir muriendo gente debido a todo esto, entonces prefiero que salga esa ley (u otra) mientras no se regulen las terapias complementarias, porque si me hice terapeuta fue para ayudar no para hacer daño.

Para complementar lo antes dicho, entre las terapias naturales hay a menudo un doble discurso en relación a la ciencia: por un lado utilizan conceptos científicos para fundamentar su práctica, y en algún caso de terapia natural sí hay base científica como puede ser la fitoterapia en base a su bioquímica, pero a menudo hay conceptos científicos que son sacados de contexto como por ejemplo la tan gastada cuántica (a la que en realidad no entienden tal como la define la física teórica por no tener formación científica al respecto) y que da pie a que estas fundamentaciones sean llamadas pseudociencias; por otro lado hay una desvalorización y en algunas pocas ocasiones un rechazo hacia la ciencia misma por considerarla rígida. Aunque no guste, la ciencia tiene la buena costumbre de cuestionar las cosas y ponerlas en duda antes de aceptarlas, porque si algo aprendimos de la época oscura de la Historia en que estuvimos dominados por la religión es justamente que, si damos las cosas por sentadas y nos creemos todo sin cuestionarlas ni estudiarlas a fondo, entonces nos manipulan, nos someten e incluso nos matan. Bienvenido sea el pensamiento crítico y el método fundamentado en él: método científico.

Y si todos los estudios que hay hasta la fecha realizados con doble ciego en relación a homeopatía y flores de bach, por poner ejemplos, indican sin lugar a dudas que no hay mayor efecto terapéutico que si fuera por placebo, habrá que creerlo, nos guste o no. Y oye, por placebo hay gente que se ha curado, o que manifestaban unos síntomas que terminaron remitiendo, y eso tampoco está mal, pero sí está mal que las terapias naturales se vengan arriba hasta considerarse la ‘alternativa’, igual que está mal en todos los casos dejarse atrapar por el Ego. Por eso mismo ya desde la primera edición de mi libro procuré señalar que científicamente el reiki como terapia está considerada a día de hoy como ‘sanación por la fe’ y que yo no veo problema en ello sino que me sigo sintiendo íntegro como persona y como reikista. Y quién sabe, la vida da muchas vueltas, y en el futuro nuevos estudios podrían demostrar justo lo contrario, ya que la ciencia en sí misma no es rígida, está abierta a seguir cuestionando y a seguir descubriendo, incluso a corregirse a sí misma como ha ocurrido muchísimas veces. La ciencia es un método y es un consenso, no es una religión dogmática.

Ahora voy a por el otro bando. Una de las cosas que quiero señalar es el ataque a terapias naturales, a la espiritualidad, a las corrientes New Age, a la recuperación de las tradiciones indígenas... así en bloque. Se habla de anticiencia como si todo ese bloque fuera fóbico hacia la ciencia cuando tampoco es así. Creo que hay un fallo o sesgo de generalización: como hay algunos grupos haciendo ruido (por ejemplo en el tema vacunas) entonces toooodas las personas de ese bloque ya son ‘cientifóbicos’ (sí, me acabo de inventar el vocablo). Ese sesgo de hecho lo veo en todas partes, también hay científicos ‘cuñados’ igual que hay científicos machistas y luego se quejan de que un sector de la población ve con recelo a la ciencia... y es resultado de ese sesgo. Pasa igual al asociar terrorismo o delincuencia con los inmigrantes, son mitos racistas pero basta con que haya salido uno problemático para que en seguida generalicemos. Y lo mismo pasa con los mitos homofóbicos, con los mitos en torno a enfermedades mentales y con otros tantos prejuicios que abundan entre la población. Ese sesgo hace mucho daño.

Otro fallo es considerar que así en global (también generalizando) todo lo que no sea científico es dogmático por naturaleza, cuando tampoco es así. Ni son dogmáticas las filosofías y prácticas chamánicas (los toltecas por ejemplo no tienen teorías ni tampoco libros sagrados sino sólo un cuerpo de prácticas orientadas a la experimentación individual justamente para evitar dogmatismos), ni son dogmáticos el taoísmo y el budismo, y así un montón más. Pero es comprensible que haya ese reparo después de haber vivido la intolerancia, la imposición y el dogmatismo de algunas religiones en Europa y alrededor del mundo, y después de ver el daño que producen las temidas sectas.

Para ahondar más, entre las críticas hacia las terapias naturales, lo esotérico y lo espiritual lo que veo muy claro es un aire de superioridad, porque parece ser que si se es ateo o con cierta mentalidad afín a lo científico entonces se concede el derecho a sentirse por encima de los que no son así, como si ser espiritual o realizar prácticas ‘acientíficas’ fuera equivalente a ser inculto o moralmente inferior. Para poner un claro ejemplo de que eso no es así voy a poner a Mayim Bialik, actriz que muchos conocéis por interpretar a Amy Farrah Fowler en la serie “The Big Bang Theory” (y que años atrás interpretó a Blossom), que además es Doctorada en Neurociencia (sí, en la vida real) y al mismo tiempo es judía practicante; recomiendo su vídeo “Science and Religion” donde ella explica por qué ve compatibles ambas cosas en su vida.

Lo peor de esa actitud de superioridad es la conducta sarcástica y de descalificación que veo con frecuencia, empleando tono jocoso y palabras con claro sentido despectivo como ‘magufo’ para referirse a lo ‘acientífico’. Admito que tengo un problema con el sarcasmo y con las descalificaciones: no soporto que, intencionalmente o no, se emplee una actitud orientada a ofender, ya que va a atacar directamente a la dignidad de la persona y a su autoestima, y eso no lo veo nada ético. Soy muy sensible ante esa cuestión, no importa por parte de quién venga o de qué tema se trate, y lo paso francamente mal y con ansiedad. Sobre este tema de las descalificaciones y otras cosas que veo en Internet y redes sociales quizá hable en otro post más adelante.

Entonces, mi postura particular respecto de esos ataques, es la de pedir respeto para todos. Las personas tienen derecho a creer en lo que quieran, a tener fe si eso quieren, y a realizar prácticas acorde a sus creencias si así quieren, incluyendo las terapias complementarias sin base científica (siempre y cuando, como dije más arriba, estén sujetos a buena praxis y nunca pongan en peligro la vida y la salud de nadie). Para ello me amparo en el Artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.”


Estoy seguro de que la libertad de expresión (Artículo 19) en ningún caso puede dar cabida a conductas ofensivas. En cambio sí da cabida a debates constructivos, que es lo que debería primar en todas partes. Por lo tanto ruego por empatía, respeto y asertividad por parte de todos. Y también mucho pensamiento crítico, hasta para hacer autocrítica.

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