¡SOS: Me resisto al cambio! Las claves para superar malos hábitos y rasgos nocivos de la personalidad

El ser humano es un ser de hábitos y rituales, y esos hábitos quedan tan arraigados que forjan nuestro carácter. De hecho, los identificamos con nuestro carácter, parte de nuestra identidad se basa en esos hábitos. Rasgos como “soy impulsivo, soy perezoso, soy trabajador...” no suelen venir de nacimiento, son aprendizajes.

Seguir al hábito, aunque sepamos que pueda perjudicarnos, nos da seguridad porque da sensación de invariabilidad y de predictibilidad, y puesto que lo asociamos a nuestro carácter creemos que nuestra identidad permanece inmutable y refuerza la idea de saber quiénes somos porque ¡ey, siempre va a ser igual! Si cambiamos hábitos de manera totalmente flexible, nuestra identidad, el quiénes somos, de repente no nos parece tan eterno, y eso es lo que más nos asusta de cambiar.

Y aquí está la clave: cambiar esos hábitos que no implican modificar nuestra creencia o idea personal de quiénes somos, es fácil; cambiar aquellos hábitos que sí implican modificar nuestra percepción de quiénes somos o redefinirnos como persona, es lo complicado.

No es tan simple como de repente pensar en nosotros como si fuéramos una pantalla en blanco y empezar a dibujar quiénes queremos ser. La dificultad está en que siempre habrá una parte nuclear de nosotros que querrá permanecer intocable, hasta que le enseñemos a esa parte a ser flexible y adaptativa.

Hagamos un sencillo ejercicio de observación: ¿te ves capaz, ahora mismo, de empezar de cero en cualquier área de tu vida? Si respondiste que sí, voy a complicarlo un poco más: ¿te verías capaz de empezar de cero constantemente, siempre que haga falta, una y otra vez? No todas las personas se ven capaces de ello, la mayoría sienten una gran resistencia, somos amantes de la estabilidad.

Otro ejercicio de observación: ¿quiénes son aquellas personas que, en apariencia, tienen más fuerza de voluntad a la vez que se adaptan con rapidez y facilidad a los cambios de la vida? Exacto, lo has adivinado: las que no tienen miedo de empezar de cero, las que no temen cambiarse a sí mismas y redefinir el concepto de quiénes son. A nivel intuitivo conectan con la noción de que todo está en movimiento y constante cambio y nadie se libra de ello, por lo que se permiten ser transformados por la vida, haciéndose mejores personas cada vez. Para los que amamos la estabilidad y nos resistimos al cambio, estas personas adaptativas nos parecen más caóticas, pero también nos suelen parecer más creativas, espontáneas y originales.

La adaptabilidad, y con ello perder el miedo al cambio, es fascinante y maravillosa: no tiene miedo de equivocarse, usa a su favor cada fallo para aprender y mejorar, cada error es una oportunidad. Ser exitoso tiene mucho que ver con esto. ¿A que ahora nos parece más apetecible?

¿Cómo logramos eliminar la resistencia a ser distintos, a perder o variar nuestra noción de identidad?

Paso 1: Admitir que nuestra identidad no es lo mismo que nuestra naturaleza. La identidad es una construcción psicológica que hemos hecho para mantener estable la noción del “yo”. Como dije antes, eso nos hace sentir más seguros y por lo tanto nos quita ansiedad. Pero no es real.

Paso 2: Exponernos a la posible ansiedad breve y temporal de “romper” nuestra identidad, de manera controlada. ¿A qué me refiero con esto? A un pequeño ejercicio de visualización. Imagina durante unos pocos minutos, 5 o 10, que no eres quien eres: tienes el mismo cuerpo pero puedes tener otras habilidades, otra forma de pensar, otros sentimientos, otras compulsiones y deseos; puedes ser todas las personas que quieras, ahora, en tu imaginación. Simplemente imagina y, transcurridos los minutos, abre los ojos. ¿Te ha supuesto ansiedad o te has sentido libre? Respira profundamente, relájate. Si te ha puesto nervioso/a, vuelve a tu vida normal. Cada día repite este corto ejercicio, hasta que te sientas cómodo/a con él.

Paso 3: El Duelo. Esta es la parte chunga. La clave de este tipo de cambios tan profundos es asumir que para cambiar hay que morir. No de manera física, por supuesto. Ese hábito y la parte de nuestro carácter/identidad asociada a él tiene que enfrentarse con una muerte psicológica, porque para dar lugar a algo nuevo y distinto él tiene que desintegrarse. Quizá toda nuestra identidad tenga que hacerlo, en algunos casos. Una manera de hacerlo, aunque parezca absurda, es hacer una representación casi teatral:
  1. Escoge una foto o un objeto simbólico, algo que pueda quemarse o enterrarse, y que represente tu identidad actual de la que te vas a despedir.
  2. Busca la manera de despedirte de ese “yo”: haz un discurso, dile todo lo que ha representado para ti en tu vida (bueno y malo), llórale incluso, vive todas las emociones que implica saber que está a punto de irse un ser querido. Puedes colocar el objeto o foto temporalmente en un altar, y lo puedes ungir con la esencia que quieras, como forma de preparación para “la partida”. Llegará un momento en que algo en ti se sentirá diferente, o tendrás un sueño relacionado con esta clase de muerte psicológica: no puedo concretarlo porque es distinto para cada persona, pero es la señal de que se desintegra el hábito y la identidad personal asociada.
  3. Vela su muerte: quema o entierra el objeto simbólico, asegúrate que no puede resurgir; luego pasa un tiempo prudente de luto, por ejemplo dos o tres días, en los cuales puedes ir a un templo y poner velas en su honor, agradeciendo quién fue. Te puedes ayudar de una visualización en la cual mandas a ese “yo” a la Luz, con ayuda de ángeles si hace falta.
Paso 4: Iniciar cuanto antes el nuevo hábito que va a reemplazar al antiguo. Hazlo justo después del velatorio, no antes ni durante. Esto tiene dos características: el hábito tiene que ser uno saludable, uno que esa obviamente mejor que el anterior a todas luces, y aún mejor si puede ser a la vez saludable y apasionante; la segunda parte es crear una nueva identidad personal asociada a ese nuevo hábito, ya que como la identidad nos provee de seguridad y de sensación de inmutabilidad del yo, estabilizará al hábito nuevo arraigándolo. A menos, claro, que seas capaz de vivir ahora sin identidad fija, de manera tal que eso no te suponga ningún perjuicio psicológico y emocional; eso sería lo ideal. Nuevamente puedes teatralizar el proceso si crees que eso te va a ayudar:
  1. Prepara el nacimiento. Piensa un nombre simbólico, ya sea de tipo nativo o chamánico como “ave sagaz” (que representa la nueva característica personal, o nueva habilidad o nuevo “yo”), o bien sea tomado de otro idioma como por ejemplo “Hikari” que significa “Luz” en japonés. Haz esto con expectación y alegría, igual que cuando va a nacer un nuevo ser. Escoge bien, que el nombre tenga relación con la nueva identidad personal.
  2. “Da a luz”. Puedes visualizar que desde la Luz viene tu nuevo “yo” y encarna en ti. Llénate de luminosidad. Trata de sentir o bien imagina que esta forma luminosa en ti vibra, puesto que está viva, y lo hace con alegría, amor y pasión. Mientras sientes el efecto de esta visualización, crea un nuevo objeto simbólico, ya sea artísticamente pintando, dibujando o esculpiendo barro, o bien tan sencillo como sacarte una foto o “selfie”. Si escoges hacerte una foto, imprímela. Escribe en el objeto el lugar, fecha y hora de “nacimiento” de este nuevo yo, junto con su nombre simbólico.
  3. Celebra el nacimiento. Busca en tu hogar una zona bien visible o bien donde pases más tiempo en el cual puedas poner el objeto simbólico. A partir de ahora el objeto deberá estar siempre ahí. Justo el día de nacimiento (el día en que hiciste la visualización) o bien durante los 7 días posteriores, haz una fiesta de cumpleaños en la que pongas velas festivas al objeto, haya pastel, buena música, bebida, etc. Puedes celebrarlo en solitario o puedes invitar a personas que sepan qué estás haciendo y te lo vayan a respetar (ante la duda, mejor en solitario). Pásalo bien. Y desde este nacimiento, practica tu nuevo hábito.
Practica regularmente el hábito nuevo mínimo durante dos meses, puesto que es el tiempo aproximado en que el cerebro tarda en hacer sus cambios internos para acomodarse a lo nuevo. A partir de entonces el hábito te saldrá natural y automático.

“El miedo aparece de una falsa visión de la realidad” - Bokar Rinpoche

Comentarios

  1. ME PARECE IMPRESIONANTE EL TRABAJO QUE HACE, NO ME PREGUNTE COMO (PORQUE NO LO SE HE DADO CON USTED ) Y QUERÍA DARLE LAS GRACIAS POR LA AYUDA QUE ME HA DADO EN CUESTIÓN DE 2 DÍAS ,DIGAMOS QUE NECESITABA OÍR OTRA VEZ CON OTRA VOZ LO MISMO QUE DICE MI MAESTRO .
    Y CON USTED HE PODIDO COGER LAS FUERZAS QUE NO ENCONTRABA.
    GRACIAS.

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