Autonomía emocional y vinculación íntima (II)
En la primera parte definí a mi manera qué entiendo por apego, por no-apego y por desapego. Diferencié apego de dependencia y declaré que la dependencia supone una pérdida de poder personal. También declaré que es posible sentir apego y sostener acciones de autonomía emocional, esto es, contrarias a la dependencia, y eso nos hace más libres. Para dar comienzo a todo esto empecé por explicar una anécdota personal a la que aquí volveré a hacer referencia al final del post.
Vuelvo a poner el índice de artículos:
- Desapego y autonomía emocional.
- Vinculación emocional como elemento humano.
- La relación interpersonal de intimidad emocional.
- Emociones vs. Patriarcado.
Démosle ahora la vuelta a la tortilla de patatas —always vegan; y con cebolla—. Plot twist.
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| Ser concebollista imagino que será algo así como ser del Slytherin de las tortillas. |
Vinculación emocional como elemento humano
Resulta que, como especie, somos seres sociales. Establecemos vínculos emocionales con otras personas. Lejos de ser algo “malo”, eso garantizó la supervivencia de la especie: un individuo tenía más probabilidad de sobrevivir estando en grupo que estando solo, ya que el grupo protege: si un individuo detecta una amenaza todo el grupo entero lo advierte y pueden huir o enfrentarla juntos; entre varios individuos se establecen sinergias que superan carencias individuales (trabajo en equipo); pongamos también el ejemplo de un retoño que pierde a sus progenitores y puede ser adoptado por una persona adulta o varias y criado entre todo el grupo.
Estos ejemplos que he puesto funcionan mejor cuando hay empatía, y la empatía —que la podemos sentir hacia cualquier ser— aumenta cuando hay un vínculo emocional. Eventualmente la empatía permite compartir entre individuos el sufrimiento que uno siente y eso puede llevar al otro a experimentar compasión y tratar de aliviar el sufrimiento de su compañero, quizá incluso a lograrle su supervivencia; podemos imaginar el caso de cuidar y tratar a un individuo enfermo hasta sanarse, de manera que al no morir puede transmitir sus genes a la siguiente generación y así la especie en su conjunto sobrevive [*1].
Quizá por ese motivo todavía experimentamos una especie de “efecto manada” que consiste en que nos sentimos más desamparados cuando nos salimos de lo socialmente establecido como “normativo”, motivo por el cual sentimos una resistencia inicial a hacer algo o ser alguien no estipulado como normativo, sea dentro del grupo familiar o del amplio grupo sociocultural. Ojo, porque es sano y necesario cuestionar lo normativo —muchas veces es limitante, prejuicioso y opresor.
Si algo quiero que se entienda es que estamos “cableados” para vincularnos. Hasta tal punto es tan importante el vínculo que una pequeña red de vínculos sanos puede mejorar y regenerar la salud mental de una persona y aumentar su capacidad de resiliencia. En términos globales tiene un impacto en la calidad de vida [*2].
El primer vínculo que establecemos es con la madre. Se hizo un estudio sobre la necesidad de que los bebés prematuros, en vez de incubadoras, usen el pecho de la madre. Se encontró que las incubadoras pueden causar inestabilidad emocional y en la salud a los bebés, mientras que el cuerpo de la madre está diseñado para calentar, alimentar y proteger al recién nacido, así como ofrecerle todas las sensaciones necesarias para activar circuitos neuronales sanos en su cerebro y lograr cambios epigenéticos para asegurar la salud a largo plazo [*3]. En otro estudio se encontró que el contacto piel con piel produce ciclos normales de sueño y un estado de calma del sistema nervioso autónomo, mientras que la simple separación de un metro entre madre y bebé es suficiente para generar en éste ansiedad y estrés extremos con gran actividad del SNA [*4].
Esta vinculación es poderosa en su impacto psicológico porque es necesaria: la supervivencia del bebé depende de ella. Así se establece que vínculo equivale a seguridad y supervivencia, mientras que separación es riesgo de muerte y por eso genera estrés. Éste sería, por tanto, el primer apego que desarrollamos. Y aquí se produce la paradoja del apego:
Un apego sano en la infancia suele derivar en adultos emocionalmente más sanos, con más autoestima... y más desapegados.
El apego infantil a la madre genera un estado de calma, de seguridad y de confianza que se irá haciendo extensivo a otras personas y a otros aspectos de la vida según se va creciendo, pues a medida que se sondea lo desconocido desde la zona de seguridad y de confort físico y emocional del apego infantil se va incorporando lo desconocido a lo conocido, ganando confianza en la vida y en sí mismo, hasta que finalmente deja de necesitar con los años la seguridad emocional de los padres y de otras personas: se bastará a sí mismo.
Cuando hablo de bastarse a sí mismo no me refiero a que desaparezcan los vínculos sino a que estos ya no estarán empañados de apego. Los vínculos emocionales forman parte de la vida humana y son necesarios mientras sean sanos. Seguirán estando y podrán ser muy íntimos e intensos, y un gran apoyo, eso no cambia. Lo que cambia es que no necesitaremos basar nuestra seguridad en ellos.
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| «Tus manos parecen echas a medida de las mías... Quizá podamos apoyarnos mútuamente». |
Veamos el ejemplo contrario. Desde hace aproximadamente unos 50 años hay la moda y la manía en occidente de separar madre y bebé por ejemplo en los famosos entrenamientos de sueño —en España conocemos el método Estivill—, con la idea de que desde el principio el bebé “aprenderá” a ser independiente. Pero 50 años no pueden combatir la programación biológica de milenios. El resultado real no es que se vuelva una persona independiente desde la infancia, sino que el bebé lo que aprende es solo a callar porque no acudirá nadie cuando él llore y crece interiorizando esa desprotección, esa inseguridad. Es un bebé aterrado, estresado y solitario. El tipo de vínculo que establezca con otras personas será más problemático y con más probabilidad de observar apegos patológicos o bien aversión al vínculo emocional íntimo.
En la referencia [*4] que puse se menciona un poco esto, pero casi todo lo que se sabe hoy sobre el apego infantil está basado en los estudios del psiquiatra John Bowlby, que formuló la teoría del apego allá por los años 60, y el trabajo de la psicóloga Mary Ainsworth [*5]. El apego infantil ha sido clasificado desde entonces en dos tipos: el seguro y el inseguro. Para que se entienda fácil, el apego infantil seguro es aquél en que el niño o niña se siente a salvo y está a gusto en presencia de los padres —ése es el apego “ideal” del que hablaba en la paradoja del apego, el que conduce a adultos más sanos mental y emocionalmente—, mientras que el inseguro es justo lo contrario, está con intranquilidad y no confía en el vínculo.
Del apego infantil inseguro se vio que había dos tipos, a los que actualmente se está debatiendo añadir un tercero: el evitativo, en el cual parece mostrar indiferencia e ignorar a los padres, como si prefiriera no sentir nada hacia ellos —no es que esté tranquilo porque está contento y se sienta a salvo sino que percibe que sus padres son como gente extraña y los trata igual que a los desconocidos—; el resistente o ambivalente, en el que manifiesta ansiedad constante esté con sus padres o sin ellos y hay un sentimiento de contrariedad de a la vez reclamar a los padres y rechazarlos; el tercero, incorporado por Main y Solomon (1986, 1990) es el desorganizado o desorientado, que implica un comportamiento errático difícil de describir muy inestable y contradictorio que parece no seguir ninguna lógica —parece ser más frecuente en niños víctimas de maltrato, como respuesta al temor y a lo impredecible del adulto maltratador.
A pesar de que el apego infantil configura las relaciones posteriores, se sabe también que éste puede cambiar. Una relación sostenida en el tiempo que provea de las condiciones necesarias de seguridad emocional puede tornar en un niño o niña un apego inseguro a uno seguro; incluso en la edad adulta esto es posible por ejemplo a través de una relación sana de amistad, aunque requiere más tiempo y más constancia que con alguien de corta edad. Esto explica los casos de niños y niñas que crecen felices tras una adopción, tengan un padre o madre, dos madres, dos padres, o la configuración familiar que sea; lo importante es establecer un apego de tipo seguro, lo que de manera más cotidiana decimos que “lo importante es que reciba amor”.
Después de ver todo esto mi reflexión es la siguiente: será que quizá el no-apego no se puede forzar porque deriva en apegos dependientes en la edad adulta a consecuencia de apegos inseguros, mientras que quizá si hubiéramos aprendido a establecer primero un apego sano podríamos luego tener vínculos sin dependencia. Quizá esa paradoja nos muestre el camino hacia la autonomía emocional. Huir del apego parece que no funciona, sino que solo lo fija y lo complica.
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| —Toc, toc. soy el Apegoraptor. ¿Querías huir? Je. Ven aquí, que nos lo vamos a pasar MUY bien... |
Quizá, en ese sentido, exigirme a mí misme total independencia emocional de la noche a la mañana (como explicaba en la parte 1) fue un error. Es un proceso en el cual conviene tener de punto de partida unos pocos vínculos fiables de apego seguro y, desde ahí, ir caminando progresivamente hacia la autonomía emocional. Y vuelvo a repetir: esa autonomía no significa desvincularse sino que los vínculos no nos esclavizan. Nuestra red de vínculos puede ampliarse o incluso puede cambiar con total libertad sin que nos suponga una crisis emocional.
A mí no me quedó más remedio que irlo haciendo sin ayuda porque la pequeña red que tenía se desmontó de golpe en pocos meses, pero no es lo suyo. Y consejo gratuito: si lo necesitas, si estás solo o sola (o sole) y no puedes más con la vida, busca ayuda. Preferiblemente ayuda profesional. Tratar de hacerlo todo uno mismo sin contar con nadie puede ser un error, especialmente cuando se trata del mundo psicoemocional y su salud.
Entonces y para concluir: apego seguro como camino al desapego sano, y vinculación emocional. Y dejo a parte el tema de la interdependencia, que también sería interesante de tratar porque va más o menos relacionado, pero que alargaría esto mucho.
Nos vemos en la tercera parte.
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*Referencias:
[1]Hay artículos académicos interesantes acerca de la empatía, la compasión y el altruismo. Por ejemplo “Empathy and compassion” (T Singer, OM Klimecki - Current Biology, 2014) y “The prehistory of compassion” (JJ Hublin; 2009).
[2]Artículo académico que recomiendo donde se habla de la relación entre apoyo social y salud mental: “La investigación sobre apoyo social en salud: situación actual y nuevos desafíos” (R Castro, L Campero, B Hernández; 1997).
[3]“Early skin-to-skin contact for mothers and their healthy newborn infants” (ER Moore, GC Anderson, N Bergman, T Dowswell; 2012).
[4]“Psychobiological Roots of Early Attachment” (MA Hofer; 2006).
[5]“Attachment and loss” (J Bowlby; 1969). “Infancy in Uganda: infant care and the growth of love” (MDS Ainsworth; 1967). “Patterns of attachment: a psychological study of the strange situation” (MDS Ainsworth, MC Blehar, E Waters, SN Wall; 1978).




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