La locura de los propósitos de año nuevo

¿Podré caminar todos los caminos al mismo tiempo?


Bueno, antes de nada: ¡Feliz año nuevo!...

... ¿O ya lo habías celebrado antes? Algunas personas quizá lo hayan celebrado en Samhain; otras, como yo, durante el solsticio de invierno. Quizá haya quien se espere a fechas cercanas a la Candelaria cuando, a mediados de febrero, inicie el año del Perro de Tierra según el calendario astrológico chino.

Sea cual sea la fecha elegida, cada inicio de ciclo es un momento "bisagra", es decir, de cambio de etapa. Como tal, nos invita a hacer revisión y balance de todo lo acontecido en el ciclo anterior para extraer de ahí todo el aprendizaje y sabiduría posibles, alegrarnos por lo bueno y dejar marchar todo lo vivido con gratitud.

Finalmente, miramos hacia adelante, hacia lo nuevo aún por llegar. Es aquí cuando solemos proponernos mejorar nuestras vidas y/o mejorar quiénes somos como personas. Surgen metas, objetivos, varios "quiero-hacer-aquello". —Podría ser buena idea explicar en otro artículo el problema que veo en vivir "por objetivos"—. Años atrás incluso redacté un artículo sobre cómo plantearse un propósito u objetivo y qué estrategias o pasos se pueden seguir para tratar de lograrlo —Me resisto a poner el link aquí porque lo acabo de revisar y me avergüenza el alto índice de gordofobia que hay en él; quien quiera que lo busque.

A menudo nos animamos, nos envalentonamos, nos embarcamos en el difícil viaje de lograr todos o casi todos los propósitos a la vez. Por cierto, ¿cuán larga es tu lista de propósitos para este año?

Yo he decidido que mi único propósito es tener pocos propósitos y tomarme la vida con calma. Supongo que conoces la expresión "Quien mucho abarca poco aprieta". Tomé la determinación de romper una rueda que ahora te contaré y con la que quizá te identifiques.

En las etapas de mi vida en que estoy bien, me vienen ideas creativas, actividades que quiero realizar, hábitos que quiero cambiar o adquirir y proyectos que quiero empezar. Como emocionalmente en esas etapas estoy fuerte, emprendo la mayoría de cosas que quería hacer.

Hacer tanto de golpe me supone un estrés muy fuerte, me desgasta rápido como una mala batería de móvil. Paso de la euforia a la ansiedad. Empiezo a tener problemas para seguir el ritmo que me había marcado y eso me lleva a la frustración y a enfadarme conmigo.

Luego se produce en mí un «breakdown», me hundo anímicamente y me paralizo. Me veo obligado a frenar toda actividad para evitar un desastre mayor, con el consecuente incremento de frustración y el nacimiento de la culpa por no haber logrado nada de lo que me había propuesto. Al final del proceso termino desorientado, vacío, sin tener claro mi rumbo en la vida o qué quiero hacer y sin que nada me realice o me llene.

En ese trayecto simplemente perdí mi centro y me alejé de mí al volcarme en la actividad. Tras un período más o menos largo me recupero, vuelvo a conectar conmigo y vuelven a surgir cosas que quiero emprender. El ciclo se repite.

La etapa de caída se puede alargar y complicar si intervienen otros factores tales como pérdidas. Eso me pasó en la segunda mitad del 2016 y a principios del 2017. Por ese motivo, además de dedicarme a superar las pérdidas, tomé dos decisiones muy importantes: decidí observar ese ciclo repetitivo y a su vez respetar mis sentimientos y mis necesidades en todo momento con total aceptación incondicional, incluso aunque alguien eso no lo entienda y suponga conflicto. Mi salud psicoemocional fue mi prioridad número uno. Tan contento estoy con el resultado de ello que seguirá siendo mi prioridad este año también.

Tomar conciencia del ciclo de propósitos, mis subidas y caídas y los factores que intervienen en cada etapa me ayudó a comprender dónde me equivocaba, qué condicionantes inconscientes tenía incorporados como si fuera una programación, cuáles tenía en forma de "normativas" o reglas que serían motivo de juicio y exigencia, cómo permanecer en mi centro el mayor tiempo posible... y además, sin habérmelo propuesto, ha resultado que he logrado hábitos nuevos más saludables —hacía años que forzaba tenerlos y no lograba fijarlos y ahora de manera natural surgen al "cambiar el chip"—, y he logrado estar en sintonía con mi brújula interior e incrementar progresivamente mi nivel de bienestar interno.

No puedo evitar ser igualmente un poco ciclotímico pero respeto cada momento mío y le doy la bienvenida. A día de hoy puedo decir que soy una persona bastante feliz, me pongo al menos un notable de nota.

He deseado y aún deseo participar de muchas "luchas" que considero necesarias, así como de muchos proyectos y actividades que me atraen, pero he aprendido a ser prudente y a digerir y dejar reposar cada nuevo deseo-objetivo. Al final, ese anhelo que sea más persistente, el que sobreviva, será el que llevaré a cabo —es una buena estrategia para frenar la impulsividad—. Aplico el mismo principio para decidir qué ideas se convertirán en historias que quiero contar; me lo enseñó Israel Alonso, el editor jefe de la Editorial Cerbero.

Dicho esto, estoy procurando no hacer más de una o dos cosas a la vez. Es mucho mejor hacer poco y hacerlo poco a poco; así, es más fácil mantener el esfuerzo en el tiempo y la consecución de lo que se quería, ¡y sin derrumbe psicoemocional!

Si realmente eres una persona "todoterreno" que logra todo lo que se propone, genial. Pero si eres un poquito más como yo, te invito a que este año te sea más relajado, sin dejar de hacer ni de avanzar pero con mucha mesura y dedicando tiempo y espacio a estar contigo. La energía de este año justamente va en esa dirección, así como al cultivo de la paz y de la salud (entre otras cosas).

Que no te atrape la locura de los propósitos de año nuevo. Que siempre estés en sintonía con tu brújula interior y con la serenidad que hay en ti.

Ten una buena entrada de año.

Comentarios

  1. ¡Hola!

    Me parece una forma muy sana de plantearse el cambio de ciclo. Yo reconozco que cuando empieza un año me planteo muchos propósitos (de lectura y escritura la mayoría) y es raro el año que cumplo alguno (no digamos ya todos). Sin embargo, esto no me agobia ni me hace sentir mal. Soy mas de verlo de la siguiente forma: si no me hubiese apuntado a este reto de escritura en lugar de dos relatos habría escrito cero. Así que aunque no logre los objetivos propuestos, sí que consigo algo y acabo satisfecha.

    Saludos :)

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    1. ¡Hola! Gracias por el comentario ^^

      Yo solía ser de los que se proponía, al empezar el año, establecer una rutina diaria o semanal de múltiples actividades que incluían: hacer ejercicio, escribir, cantar, tocar el piano, aprender idiomas, preparar proyectos sociales, participar de entidades sin ánimo de lucro, trabajar de algo para tener ingresos, refrescar antiguos conocimientos, iniciar cursos de cosas que quiero enseñar, etc. En mis etapas "buenas" hay muchas cosas que quiero hacer y las quiero todas a la vez, y me falta tiempo. Encima soy una persona muy exigente conmigo misme.

      Hay maneras sanas de plantear y priorizar objetivos, por supuesto. Pero he tenido que aprender por la fuerza a moderarme cada vez más y a entender por qué me pasan ciertas cosas que me pasan. Al final lo que cuento es mi experiencia personal, que puede servir o no a otras personas. Creo que, mientras alguien sea capaz de actuar sin alejarse de su centro, todo estará bien.

      Es un placer leerte por aquí, ¡un abrazo fuerte!

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  2. Que bueno tío! lo estaba leyendo y me estaba leyendo!! Me pasa exactamente lo mismo...
    tomo buena nota de tu enfoque final para ver si avanzo un poco mejor en esto.
    Acepto con gusto tu invitacion a "que este año te sea más relajado, sin dejar de hacer ni de avanzar pero con mucha mesura y dedicando tiempo y espacio a estar contigo".

    Suena bien y siento que es lo que toca!
    Gracias por tu texto,
    Un fuerte abrazo y mis mejores deseos de paz para tí!!
    Javier

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    1. Muchísimas gracias por comentar :) Me alegra que la publicación pueda serte útil. Deseo que vivas un feliz año. ¡Un abrazo!

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